El primer Proust

Prologando los escritos de juventud de Jane Austen, hasta entonces inéditos, el inmensurable Chesterton se preguntaba si tenemos derecho a hurgar en la papelera de un escritor de genio; y un tanto contradictoriamente, pues no otra cosa estaba haciendo él mismo, concluyó que no, porque -sostenía- la papelera de un escritor debe ser considerada tan sagrada como su tumba.

Con todas las alharacas de las que solo la industria editorial francesa es capaz, el pasado mes de octubre fue publicado, con el título «Le Mysterieux correspondant et autres nouvelles inédites» («El misterioso correspondiente y otros cuentos inéditos»), un conjunto breve de escritos inéditos de Marcel Proust, que datan de cuando tenía veinte años. Se trata de nueve textos cortos -alguno relato acabado, otros meros fragmentos- que, al parecer, estaban llamados a formar parte de su libro «Los placeres y los días», pero que finalmente el escritor descartó.

La edición, a cargo del profesor y reconocido especialista en Proust Luc Fraisse, es cuidadísima. La abre una extensa introducción en la que Fraisse sitúa los textos en el contexto de la vida y la obra de Proust y reflexiona sobre las razones que le llevaron a excluirlos; y la cierra un apéndice en el que examina la relevancia que, para la interpretación de la «Recherche», tienen otros documentos y manuscritos recientemente conocidos. Cada texto de Proust viene además precedido de una nota del editor que lo pone en relación con el resto de la obra proustiana, singularmente con la «Recherche». En número de páginas la aportación de Fraisse al volumen supera la del propio Proust.

Como era de esperar, más allá del acontecimiento editorial, la publicación de estos textos ha suscitado polémica. ¿Era necesaria y oportuna su publicación? ¿qué suponen estos breves textos en el conjunto de la monumental obra proustiana? ¿qué nos dicen de su autor qué no supiéramos? La crítica especializada y los lectores de Proust se hallan divididos. Quienes han promovido la publicación y, en primer lugar, el editor, defienden la decisión: son manuscritos de un autor mayor del s. XX y, aunque en estado de borrador («á l’état de brouillon»), contribuyen a conocer la gestación de la obra proustiana. En contra se ha manifestado nada menos que Jean-Yves Tadié, responsable de la edición de la «Recherche» para la Pléiade y autor de la definitiva biografía del escritor. Tadié ha escrito en «Le Monde» que se trata de textos cuyo interés literario es «muy débil».

Sin más títulos para terciar en el debate que el de ser lector asiduo de Proust y rendido admirador de esa obra magna de Literatura de todos los tiempos que es «En busca del tiempo perdido», me atrevería a decir que los textos publicados no añaden nada a la consideración literaria de Proust y que son, por tanto, perfectamente prescindibles para el lector de su obra. Nadie que no sea proustiano va a serlo como consecuencia de esta lectura, ni ningún proustiano va dejar de serlo tras ella. Hay tantas páginas admirables que leer y releer en la «Recherche» que detenerse en estos textos de juventud parece más una concesión al fetichismo proustiano, que desde luego lo hay, que una cabal elección.

Y, sin embargo, estos textos, que nada añaden a la gloria literaria de nuestro autor, nos dicen mucho de su vida y de su proceso de creación literaria. Por lo pronto, contribuyen a deshacer definitivamente esa romántica y absurda tesis según la cual la vida de Proust se dividiría en dos etapas: una de juventud disipada y ociosa, transcurrida de salón en salón, y otra madura en la que se recluye a cal y canto y escribe su gran obra. Una extendida visión -es, por ejemplo, la de Stefan Zweig en su amenísimo ensayo «La trágica vida de Marcel Proust»- que sus biógrafos ya se habían encargado de corregir, pero que estos textos tempranos definitivamente desmienten. El veinteañero Proust era ya un finísimo observador de la realidad circundante, que trabajosamente buscaba el medio de expresión que iba a serle propio. Estas páginas de juventud son «Proust antes que Proust», por parafrasear el inteligente ensayo que Bernard de Fallois ha dedicado al escritor en ciernes. Hay ya en estos textos personajes entrevistos, esbozos de pasajes de la «Recherche» -donde también hay «misteriosos correspondientes»-, hallazgos verbales -aquí por vez primera se habla del «sello de la autenticidad»- que cristalizarán allí y, sobre todo, un empeño creador que bulle.

Pero hay además en estos textos otro elemento que nos ilumina sobre el autor y sobre su obra y que, a juicio del editor, vendría a explicar su exclusión de «Los placeres y los días»: en ellos Proust aborda de manera explícita y reiterada la homosexualidad. Si en estas páginas puede hablarse de un hilo conductor, se trata ciertamente de éste. En el cuento llamado «El recuerdo de un capitán» asistimos al descubrimiento de una sexualidad que se ignora a sí misma. En «El misterioso correspondiente» es la identidad sexual ajena, la que al desvelarse constituye la trama del relato. El penúltimo texto, en fin, «El don de las hadas», relata el encuentro de varias hadas buenas junto a la cuna de quien ha nacido llamado a sufrir por exceso de sensibilidad y constituye todo un ejercicio de lucidez del joven Proust sobre su destino como hombre y escritor. Sobre el recién nacido se inclina el «hada de las delicadezas incomprendidas» y le anuncia el sufrimiento que acompañara al don que le hace. Le predice la incomprensión general frente a su hipersensibilidad: «Nadie sabrá consolarte ni amarte». Le predice la enfermedad, el enclaustramiento y la vejez prematura: «Tu cuerpo no resistirá los contragolpes a los impulsos y cosas de tu corazón». Pero también el genio creador que nacerá de ese sufrimiento fecundo: «La dureza, la estupidez, la indiferencia de los hombres y de las mujeres se convertirá para ti en fuente de diversión pues es profunda y variada. Y será como si en medio del bosque humano yo te hubiera descubierto los ojos y tú te detuvieras con una curiosidad jubilosa ante cada tronco, ante cada rama».

Francisco Pérez de los Cobos es catedrático de la Universidad Complutense.

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