El problema musulmán de Rusia

Las actividades de Rusia en Siria causan noches de insomnio a algunas personas en Washington. ¿Es necesario adivinar lo que motivó a los rusos? Existe una seria preocupación en Rusia por las amenazas del islam político, tales como el Estado Islámico y los movimientos guerrilleros. No tanto en el Cáucaso, pese a que la infiltración de este tipo de militantes se produce especialmente en Daguestán, sino que ahora es un peligro que afecta a toda Rusia. Dos cifras dadas hace una semana por el jefe de la inteligencia rusa lo dejan muy claro. No menos de 2.500 musulmanes rusos luchan con Estado Islámico. Y en segundo lugar: el 40% de los rusos musulmanes simpatizan hasta cierto punto con el islam político, lo que quiere decir que están comprometidos a participar en acciones violentas.

Esto ha supuesto una sorpresa incluso para los expertos porque existía la creencia de que los tártaros y los baskires, los principales grupos musulmanes fuera del Cáucaso, habían sido asimilados durante todos estos siglos. Kazán, el centro musulmán al este de Moscú con más de un millón de habitantes, es una ciudad completamente moderna Y aparte de Moscú, una de los más ricas. Los musulmanes son prominentes en la política: uno de los principales escritores nacionalistas rusos se llama Kara Murza –no es un nombre ruso en absoluto–. Había prominentes musulmanes no sólo en la política rusa y la economía (el ciudadano más rico de Rusia, Alisher Usmanov, es uno de ellos) sino que habían destacado en la ciencia y la cultura rusas. Aida Garifullina, oriunda de Kazán, es una de las mejores sopranos rusas y sin duda la más guapa. El año pasado logró una ovación de 30 minutos del público de Verona puesto en pie y los que la han visto cantar La Spagnola en YouTube entenderán por qué el Estado Islámico no aprueba el vestido no islámico que lleva.

Se trata de una larga e impresionante lista de logros, pero no todos los musulmanes rusos son como Garifullina. ¿Por qué la repentina preocupación sobre el islam en Rusia?

Tiene que ver sobre todo tal vez con el hecho de que aquí se ha producido una gran migración de musulmanes a Rusia desde el Cáucaso y aún más desde las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central. Moscú, con más de dos millones de musulmanes, es hoy la ciudad con más musulmanes en Europa. Hace unas semanas Putin inauguró una mezquita en Moscú con espacio para más de 10.000 fieles. Además, la tasa de natalidad musulmana es considerablemente más alta que la rusa. En diversas partes de Rusia el número de reclutas musulmanes convocados cada año al servicio militar alcanza el 30%. Hay un miedo a la toma de control musulmán y la xenofobia. Ha habido enfrentamientos entre inmigrantes musulmanes y rusos nativos, especialmente en el sur de Moscú, cerca de sus principales mercados.

Los musulmanes se quejan de que son discriminados en diversas formas. Es difícil decir si estas quejas están justificadas. Las encuestas han mostrado que a muchos rusos no les gusta el islam como religión pero no existen tales sentimientos respecto de los musulmanes individualmente. Sin embargo, muchos musulmanes de la parte central de Rusia se han radicalizado, en parte bajo la influencia de los imanes radicales que han aparecido en Rusia. Putin, en la ceremonia de inauguración de la gran mezquita moscovita, advirtió contra el peligro del islam político.

El islam ruso y también el del Cáucaso es sufí en su mayoría pero últimamente han aparecido nuevas corrientes con muchos adeptos, como la wahabí. Algunos de los imanes más moderados han sido agredidos e incluso asesinados. Esta tendencia a la radicalización parece haber llegado a la zona central del Volga incluyendo Kazán (que ya es medio musulmana y que en el pasado se creía que era inmune a esta influencia). Aparentemente, en la superficie, la situación parece estar todavía tranquila pero es cierto que existe una gran corriente subterránea. Da la impresión de que los servicios de inteligencia rusos, tan efectivos en otros aspectos, han perdido el control de la población musulmana. Esto también es aplicable al Cáucaso. Después de dos sangrientas guerras que duraron muchos años y causaron muchas víctimas, el Kremlin logró poner al frente de la situación a líderes en quien pudiera confiar. Pero si realmente se puede confiar en ellos es una cuestión aún abierta. Putin quiere que los rusos musulmanes sean felices y la apertura de la gran mezquita fue un paso en esta dirección. Pero tres mezquitas en una ciudad de más de dos millones de musulmanes, muchos de ellos practicantes, no son muchas y si se erigieran algunas más contarían con la oposición de varios sectores, entre ellos la Iglesia ortodoxa rusa. En breve el Kremlin hará frente a un problema importante y lo que estamos viendo ahora bien podría ser el comienzo de un conflicto mayor. Es un problema con implicaciones, como estamos viendo, no sólo en Rusia sino también en Oriente Medio.

Walter Laqueur, consejero del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos de Washington.

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