El proceso de Euskadi toca fondo

Por José Luis Zubizarreta, escritor (EL PERIÓDICO, 06/09/06):

Tras unos primeros meses trepidantes desde el punto de vista político y mediático, el proceso que se abrió con la declaración de alto el fuego permanente de ETA parece haber entrado en una fase de estancamiento. Como si, una vez que las partes han hecho públicas sus posturas, cada una de ellas se mantuviera a la espera del siguiente movimiento de la otra. Es muy probable, ade- más, que esta sensación de estancamiento se prolongue hasta finales del presente mes de septiembre, cuando el Gobierno informe a la opinión pública del estado de la cuestión tras sus anunciadas conversaciones oficiales con la banda.
La propia invisibilidad mediática del proceso, por más que este se nos hubiera anunciado sometido a la lógica de la discreción, crea inquietud. Resulta difícil de contener la impaciente curiosidad de una ciudadanía que tantas expectativas se había creado sobre un rápido desarrollo y un feliz desenlace. No es de extrañar, por tanto, que, a falta de noticias, la esperanza del primer momento se vaya transformando, poco a poco, en incredulidad. La gente, convencida, a fuerza de oírlo, de que lo que no sale en los medios no existe en la realidad, comienza a preguntarse si no habrá sido todo una fugaz serpiente de verano.
La incredulidad amenaza con convertirse en abierto descreimiento cuando se constata, como ha podido constatarse a lo largo del mes de agosto, que el lenguaje que ha empezado a utilizar una de las partes, en concreto, la izquierda aberzale, se ha endurecido hasta el extremo de resultar amenazante. El último comunicado de ETA, en el que la banda no excluye “responder” a lo que no es, a su entender, sino persistencia de la represión del Estado, viene a confirmar, en este sentido, la intransigencia que, tras meses de complacientes palabras, había empezado a mostrar Batasuna. Se ve, una vez más, que el brazo político de la izquierda aberzale, por más que trate de reivindicar su autonomía, solo actúa como el muñeco que pone cara y ojos al ventrílocuo que realmente habla.
La inquietud creada por este aparente estancamiento ha empezado a hacer mella en los partidos vascos. Pese a las palabras tranquilizadoras de los portavoces del Gobierno central, los miembros del tripartito de Euskadi no dejan de proponer medidas para dinamizar el proceso. Están convencidos de que solo el pedaleo incesante mantendrá en pie la bicicleta, sin importar demasiado cuál sea el sentido del movimiento que se adopte. Invitan, así, al Ejecutivo de Zapatero a dar pasos en una doble dirección: acercamiento de presos y flexibilización de la ley de partidos, mediante algún pacto que facilite la legalización de Batasuna, de manera que pueda constituirse cuanto antes la mesa de partidos.

NO PARECE,sin embargo, que estas medidas sean suficientes para desatascar el proceso. De hecho, la izquierda aberzale ni está poniendo el asunto de los presos en el centro del debate ni ve en la mencionada ley el principal obstáculo para su normalización. Es muy consciente Batasuna, a este último respecto, de que, hágase lo que se haga con la ley de partidos, su legalización tiene también que ver, y quizá sobre todo, con las iniciativas que los jueces puedan adoptar en el ámbito de lo penal. Al fin y al cabo, no fue apelando a esa todavía inexistente ley, sino precisamente al Código Penal, como el juez Garzón decidió suspender, en el verano del 2002, la actividad de la organización aberzale, y el juez Grande-Marlaska, prorrogar, en el 2007, esa suspensión por dos años más. Batasuna sabe que, con o sin ley de partidos, su paso a la legalidad depende, en esencia, de su propia disposición a explicitar, de una vez por todas, su ruptura estructural con la violencia y su compromiso exclusivo con los procedimientos democráticos.
Ahora bien, es probablemente en esta todavía no tomada decisión de la izquierda aberzale en su conjunto donde ha de buscarse la raíz del estancamiento en que el proceso parece hallarse. Si se analizan con detenimiento tanto las declaraciones de Batasuna como los comunicados de ETA, uno no puede no percatarse de cuál es el leitmotiv de todos ellos. La “desnaturalización del proceso” o su “vaciamiento de contenidos políticos” es el tema que los atraviesa de comienzo a fin. Nos encontramos, pues, con que, en opinión de la izquierda aberzale, el proceso no avanza porque el Gobierno se niega a “cumplir los compromisos adquiridos en los contactos previos”, es decir, según la versión de ETA, a “politizar” de tal modo el proceso que el abandono de la violencia resulte premiado, directa o indirectamente, con un precio político. De ahí su insistencia en la constitución inmediata de la mesa de partidos.

HABRÍA, por tanto, que concluir que el proceso, más que estancarse, ha tocado fondo. La izquierda aberzale se sabe enfrentada a la disyuntiva más relevante de su historia: volver a las andadas de la violencia, con las consecuencias que, a esta alturas, le son del todo conocidas, o embarcarse en la incertidumbre del juego político convencional, con la falta de garantías sobre el resultado que implica. El proceso ha llegado, pues, a los límites que el Estado no puede rebasar y pende solo de la opción que, en esta disyuntiva, tengan a bien adoptar ETA y Batasuna.