El proyecto más grande en 60 años

Europa es el más grande proyecto político y económico de la historia del mundo en los últimos 60 años. Haber nacido en estos años de paz ha supuesto una verdadera suerte. Europa, sobre todo en sus países fundadores, presenta características únicas. Es la cuna de la cultura. Tiene un alto nivel de democracia. Posee un Estado del bienestar y una protección social muy altos. Ofrece seguridad jurídica. Hay un nivel alto de seguridad personal. El clima es moderado y la naturaleza envidiable.

Las próximas elecciones europeas son muy importantes y sus resultados, determinantes para mejorar a nuestra Comunidad Europea. Necesitamos una Europa más unida y fuerte. Reforzar nuestra posición en el panorama mundial. El mundo se ha vuelto más complejo. Aunque se vislumbra una nueva conformación bipolar entre Estados Unidos y China, debemos tener también presentes el intervencionismo de Rusia, el Asia de coreanos y japoneses, la relevancia creciente de la India y la lucha para el control del Oriente Medio entre Irán, Turquía y Arabia Saudí. Europa puede ser determinante en el equilibrio de este nueva geopolítica mundial, a condición que refuerce su idea unificadora y su función internacional.

Europa no necesita fronteras entre sus miembros. Lo que precisa es defender y preservar su integridad y sus valores, al mismo que necesita defender la variedad de sus culturas. Europa tiene que encontrar la justa vía entre el rechazo a la inmigración y la inmigración sin controles y perspectivas. Europa tiene que abandonar estas dos posiciones demagógicas y contar con una política de inmigración clara en la tipología y en el número de personas que se pueden recibir, para que sea inclusiva e integradora y por lo tanto educativa/formativa y orientada a la inserción laboral.

Paralelamente a la recuperación de la clase media, Europa y los países que la componen tienen que hacer una doble maniobra: de una parte, simplificar la máquina estatal y reducir los costes de su Administración; de la otra promover unas políticas económico/fiscal más competitivas y expansivas, que ayuden a solventar los temas que están sobre la mesa de los Estados miembros. Por ejemplo, el debate de las pensiones, que requiere política seria de sentido común, extensión de la vida laboral, utilizar un sistema de cálculo contributivo (sin penalizar los derechos adquiridos) que haría más sostenible el sistema; facilitar a las empresas la revisión de los contratos laborales de los empleados de más edad, a fin de retenerlos por más tiempo, aprovechar sus experiencias y así ofrecerles la posibilidad de seguir activos y productivos.

La transformación tecnológica es un reto capital. Habrá que ayudar al desarrollo de los nuevos modelos de negocio que permiten los constantes avances (Europa solo representa el 10% de los Unicornios digitales, contra el 54% de Estados Unidos y el 23% de China). Debemos impulsar la formación y la educación orientadas a los nuevos trabajos que irán surgiendo de la disrupción tecnológica y ayudar a la creación de nuevas oportunidades laborales.

En política fiscal sería necesario reducir la carga de costes laborales a las empresas para promover el empleo, y en particular el empleo juvenil. Reducir también la altísima fiscalidad a las familias, empezando por las más numerosas, para reconvertir este consiguiente menor coste familiar en una inversión que les permita hacer una vida mejor y activar el círculo virtuoso de la economía.

En política internacional, para tener fuerza y credibilidad, Europa precisa una visión y una representación unitaria en las relaciones comerciales y las geopolíticas. Es evidente que una Europa unida tiene más fuerza para negociar con los otros grandes países (la situación del Brexit es un claro ejemplo de que la unidad fortalece Europa en la negociación con el Reino Unido). También es obvio que la unidad europea tiene mucha relevancia en la geopolítica, pero hace falta una defensa militar, una Inteligencia y una ciberseguridad común.

Mi personal experiencia ha sido enriquecedora. He tenido la suerte de poder vivir entre dos países de la UE como Italia y España aprendiendo una nueva cultura, aunque cercana, y un nuevo idioma. Mis hijos trabajan y han creado su familia, uno en Inglaterra y el otro en España. Disfrutamos de una familia multicultural que enriquece.

Los jóvenes, a través de la iniciativa Erasmus, han podido vivir experiencias nuevas, formativas, que han ampliado sus horizontes.

Movernos libremente, trabajar y vivir experiencia en los distintos países europeos es un valor al cual ahora ya no podríamos renunciar.

Los europeos tenemos que regenerar el entusiasmo por Europa, un gran proyecto que precisamente en su imperfección presenta la gran oportunidad de ser mejorado. Es un proyecto intergubernamental complejo, pero también casi milagroso, fruto de un gran esfuerzo y trabajo. No es suficiente la unión económica, aunque antes de la crisis ha sido una clara clave de éxito. Europa representa algo más. Encarna valores democráticos y sensibilidades que tienen que unirnos más a fondo, valores que derivan de nuestra rica historia cultural. Tiene que representar la síntesis de estos valores, que con orgullo ha de ser promovido fuera de sus fronteras. Los europeos tenemos que ser conscientes de lo que tenemos y de lo que, después de siglos de guerras terribles y divisiones, hemos generado en los últimos 60 años en términos de paz y de prosperidad.

Pero al mismo tiempo Europa y los europeos no podemos dormirnos en los laureles de nuestros indudables logros, porque las crisis y la evolución del entorno tienen que encontrarnos proactivos. Europa tiene que volver a ser una locomotora del mundo también en el siglo XXI. Ha generado la historia del mundo civilizado y tiene que tener la ambición de identificarse con ese rol también en el futuro.

Giuseppe Tringali es vicepresidnete del Internacional Avdisory Board del IE.

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