El PSOE o la excepcionalidad como norma

“Año nuevo, vida nueva” es un dicho que contempla buenos propósitos y la esperanza de nuevas oportunidades, como si el paréntesis de las celebraciones y el advenimiento de un nuevo año supusiera la superación de aquello que consideramos digno del olvido. Pero lo cierto es que, una vez superada la resaca, las cosas siguen como las dejamos y los buenos propósitos se estrellan frente a una insistente realidad.

La realidad que corresponde al PSOE es encontrarse en una situación excepcional dirigida por un órgano excepcional que no parece dispuesto a minimizar tal excepcionalidad, planteada como un periodo de arreglo temporal a riesgo de incurrir en la advertencia de Walter Benjamin de que “el estado de excepción (…) no es la excepción sino la regla”.

Sobre las razones o sinrazones que pueden explicar la demora en recuperar la normalidad radican buena parte de nuestros problemas a la hora de interpretar nuestra sociedad.

Acontecido el 15-M, la dirección del PSOE no supo entender que ocurría en el espacio progresista de nuestra sociedad y solo vio amenazas; hoy parece no entender qué pasa en el interior del propio PSOE y, nuevamente, solo ve amenazas. Amenazas sobre un sistema de democracia representativa cuyo vínculo de representación reside cada vez más en el ámbito de la presunción.

Parece que la superación de estas amenazas a un uso acostumbrado del ejercicio del poder se resuelve con un mayor control de dicho poder, cercenando y despreciando expresiones ajenas al círculo del poder y evitando la autonomía política de los representantes. Para este modelo, la democracia es una virtud pero una fuente de riesgos y para evitarlos no queda sino singularizar la democracia, definirla a “nuestro modo”. Sin embargo, el resultado de todo esto es la desconexión con el sentir de una ciudadanía exigente y, por tanto, una mayor quiebra del sistema de representación.

La ciudadanía de hoy no sólo quiere recibir beneficios del poder político, también quiere participar en las decisiones, esto es, exige más democracia. Quiere más protagonismo y menos tutelas, y exige legitimación democrática en todo poder.

Un partido fundamentalmente modernizador como el PSOE no puede ser resistente a estas exigencias, más bien debe ponerse a la vanguardia de la innovación política por su propio espíritu pero también para hacer frente a las tentaciones populistas que tanto tienen que ver con la frustración social.

El PSOE solo pondrá fin a la actividad orgánica especulativa cuando recupere su normalidad democrática y legitime sus expresiones de poder a través del sufragio mediante un procedimiento de competencia. Sin competencia y sin incertidumbre sobre el resultado de la misma no puede hablarse de ejercicio democrático.

Observo, sin embargo, mucho temor a la “osadía democrática” en muchos miembros destacados del PSOE. Un arreglo de poder interno entre referentes como dicen algunos -¿Y por cierto, quiénes deciden quiénes son los referentes que deben llegar al acuerdo?- a costa de la democracia no tendrá efectos electorales positivos. Cualquier solución en clave de reparto de poder interno será una mala solución que situaría a nuestro partido en un fin en sí mismo y no en un instrumento al servicio de la sociedad. Curioso remedio que aportan los que dicen priorizar el qué sobre el quién para no aportar ningún “qué” y preservar a “quién”. Estamos huérfanos de liderazgo y tenemos falta de proyecto, pero ambas cosas están asociadas indisolublemente. Un debate de liderazgos implica un debate sobre proyectos políticos, en cambio un debate sobre proyectos es un debate meramente teórico que queda normalmente fuera de la acción política.

Según Przeworski, la democracia es “un método pacífico para procesar conflictos; las instituciones políticas pueden resolver conflictos que pueden ser estructurados, regulados y contenidos”. No hay otra vía más eficaz para asegurar las conclusiones.

El Comité Federal del PSOE anunciado para el próximo día 14 debería asumir el dicho con el que comencé (“Año nuevo, vida nueva”) y poner fecha al congreso que tenemos pendiente, establecer un procedimiento garantista y convocar a toda la militancia a un nuevo tiempo.

José Luis Ábalos Meco es diputado nacional del PSOE y portavoz adjunto del grupo parlamentario socialista en el Congreso.

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