El purgatorio de la periferia

La inminente visita a Atenas de la canciller alemana, Angela Merkel, será mucho menos tensa que los otros viajes que hizo al país durante la larga crisis financiera de Europa. Es cierto que los griegos no tienen a Merkel en alta estima, pero la modesta recuperación económica de Europa contribuyó a distender un poco las relaciones entre Alemania y las economías europeas más maltrechas.

De hecho, Europa dejó de ser considerada un riesgo para la estabilidad financiera global. Las economías del núcleo de la eurozona muestran signos de recuperación, y las condiciones financieras en la excesivamente endeudada periferia también están mejorando. Pero no es posible asegurar que estos avances se mantengan en el tiempo, dadas la escasez de capital, la falta de demanda y la lentitud de las reformas en la periferia de la eurozona.

Las economías de la eurozona peor afectadas por la crisis económica global han sufrido una inmensa y persistente caída de la producción y el empleo. El ingreso real (ajustado por la inflación) per cápita en el conjunto de la eurozona se mantiene más o menos en los niveles de 2007; pero en Grecia e Italia, se hundió hasta los niveles registrados en 2000 y 1997, respectivamente.The PIIGS are not alright

Entretanto, el índice de desempleo general de la eurozona es 12%, e incluso mucho mayor en la periferia. En España, más del 25% de la fuerza laboral está desempleada, mientras que en Italia el índice de desempleo juvenil se mantiene en el 42%. En Grecia, donde el índice general trepó al 28%, no tiene empleo un 60% de los jóvenes. Recuperarse de semejante parálisis no será fácil; para lograrlo, se necesitará un rápido retorno a tasas de crecimiento altas y sostenibles.

Concentrémonos en el caso de Grecia, cuyo gobierno planea volver a los mercados de capitales en los próximos meses para financiar las necesidades crediticias del país a largo plazo, aun cuando para ello deba pagar intereses insostenibles. La disposición del gobierno a hacerlo es una señal clara de su deseo de sustraerse a la influencia de la “troika” conformada por el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo.

En los hechos, el PIB de Grecia se redujo casi un 25% desde 2008. Recuperar la capacidad perdida demandará grandes cantidades de capital, pero conseguir esa financiación en las condiciones actuales es poco probable, por cinco razones:

  • Las medidas de austeridad han provocado una caída continua de la inversión pública como porcentaje del PIB, que ya alcanzó un mínimo histórico. Las autoridades de la eurozona ya comprometieron importantes fondos de rescate y no parecen dispuestas a inyectar más capital.
  • Las fuentes locales de capital privado son limitadas; esto se debe a que los balances quedaron muy debilitados por la recesión y el virtual derrumbe de precios de los activos relacionado con aquella, además de un abrupto aumento de los impuestos (especialmente sobre las rentas altas y el capital).
  • El otorgamiento de crédito bancario se redujo drásticamente, debido a la efectiva cesación de pagos de los bancos griegos tras la imposición por parte de la troika de quitas a los acreedores soberanos y la nacionalización de los bancos del país. Además, los depósitos están en un mínimo histórico y la recesión provocó un incremento de préstamos incobrables, lo que empeora todavía más la posición de capital de los bancos griegos. (En la actualidad, las empresas de la periferia que toman préstamos bancarios pagan casi el doble de intereses que las del núcleo de la eurozona, mientras que para financiación a largo plazo la tasa de interés puede llegar a ser diez veces mayor.)
  • La insostenible deuda de Grecia desalienta la inversión privada extranjera. El compromiso del gobierno de reducir su endeudamiento (que en la actualidad supera el 170% del PIB) al 124% del PIB en 2020 depende de una hipótesis de superávits primarios, participación del sector privado y crecimiento del PIB que es irrealizable, por la oposición de Alemania a reestructurar la financiación pública que vino a sustituir a los préstamos privados en default. Si bien este año se acordará cierta flexibilización de las condiciones para el acceso al crédito (mediante la postergación de vencimientos y la reducción de tipos de interés), esta no será suficiente para calmar los temores de una nueva cesación de pagos.
  • Hay desconfianza entre los inversores extranjeros y los inversores griegos, y no se subsanará mientras la deuda siga siendo insostenible. Pero Alemania y los otros países del núcleo de la eurozona rechazan sistemáticamente cualquier propuesta que contemple la mutualización de deudas o la creación de una unión fiscal. Hay ideas como la emisión de eurobonos, la creación de un único ministerio europeo de finanzas o el aumento de capitalización de los fondos de rescate comunes europeos (el Mecanismo Europeo de Estabilidad y el Mecanismo Único de Resolución Bancaria) que ni siquiera están en discusión.

Además de insuficiencia de capital, Grecia padece escasez de demanda, debida a las estrictas medidas de austeridad que la troika sigue imponiendo al país. Si no se relajan estas medidas o no se las compensa con políticas más expansivas en el núcleo de la eurozona, la demanda seguirá deprimida y eso desalentará futuras inversiones.

Por último, el tiempo para hacer reformas se está agotando. Estos últimos años, en vez de confrontar a los intereses especiales que se oponen a las reformas (empresas con protección estatal, sindicatos del sector público y grupos de presión), Grecia distribuyó horizontalmente sus miserias económicas, mediante recortes del gasto público indiscriminados. La implementación de reformas tales como la privatización de las empresas públicas, la apertura de profesiones cerradas, la abolición de prácticas comerciales restrictivas y la reducción de tamaño del sector público ha sido sumamente lenta e ineficiente, y no logrará influir significativamente sobre las perspectivas de crecimiento.

Tal como están las cosas, es difícil que Grecia se recupere (y es probable que otras economías de la periferia tampoco logren afirmarse). Además de que las reformas y el capital son insuficientes, las grietas sociales resultantes de las medidas de austeridad aumentan el riesgo de una inestabilidad política potencialmente devastadora; riesgo que se agrava por la perspectiva de que en las próximas elecciones para el Parlamento Europeo prevalezcan en la periferia partidos populistas contrarios a la austeridad (y que en el núcleo de la eurozona ganen poder partidos contrarios al euro y a los paquetes de rescate para las economías en problemas).

Si volviera a haber una turbulencia financiera que preanunciara una nueva crisis de la eurozona, la sostenibilidad de la unión monetaria volvería a estar en duda. Para evitarlo, Grecia y las otras economías de la periferia de la eurozona deben poner límites a las políticas de austeridad, fortalecer la demanda, implementar reformas, aumentar el apoyo a la inversión y trabajar en pos de la creación de una unión fiscal. Por desgracia, es probable que estas herramientas para el logro de una eurozona cohesionada y próspera sigan sin ser usadas, hasta que se produzca, tal vez, la próxima crisis.

Yannos Papantoniou was Greece’s Economy and Finance Minister from 1994 to 2001. He is currently President of the Center for Progressive Policy Research, an independent think-tank. Traducción: Esteban Flamini.

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