¿El regreso de Karl Marx?

Cuando estoy en Londres me alojo en una casa cercana a un cementerio, a escasos cientos de metros de donde está enterrado Karl Marx. También descansan en el lugar Faraday y otras figuras de relieve. Había temporadas en que paseando por la calle no transcurría un minuto sin que unos jóvenes turistas me preguntaran por dónde se llegaba a la tumba de Marx. Acudían de todo el mundo. Sin embargo, no recuerdo que nadie me haya hecho tales preguntas durante los últimos veinte años, y he podido observar que la tumba de Marx era escasamente frecuentada. Se dejó de prestar atención a Marx, por lo que ha resultado gratificante comprobar que de la estela de la crisis de 2008-09 ha surgido un renovado interés por El capital.

Llega de Amsterdam la noticia de que ha llegado a término la publicación de las obras reunidas de Marx y Engels, The Marx-Engels-Gesamtausgabe (MEGA) Project. La historia de tal empeño resulta más fascinante que muchos relatos detectivescos.

Comenzó en Moscú en los años veinte del siglo XX, pero terciaron las purgas de Stalin y, aunque los trabajos de Marx ya no podían ser objeto de purga, a quienes los manejaban se les trató sin mucha consideración, parar decirlo de forma prudente.

Después de la guerra, la iniciativa pasó a suelo de la República Democrática Alemana (RDA), pero, cuando su régimen cayó, Amsterdam tomó el relevo. Ahora ha aparecido el último volumen, de 1.590 páginas y a un precio no proletario de 198 euros.

Al propio tiempo, se ha celebrado con nutrida asistencia una conferencia de marxistas teóricos que ha contado con la presencia de figuras prominentes en este campo: Slavoj Zizek, de Liubliana; Alain Badiou, de París; Toni Negri, de Roma. Zizek, que enseña asimismo en Londres, es el más popular; existe incluso el Internacional Journal of Zizek Studies, muy conveniente dado que en numerosas ocasiones no es fácil seguir las palabras del maestro ni saber si habla en serio o en broma. Se considera un provocador, y durante las últimas semanas sus seguidores han estado debatiendo lo que pudo querer decir cuando dijo que “Hitler no fue suficientemente radical”. Uno de los problemas en relación con destacados filósofos marxistas es que sus verdaderos intereses parecen centrarse en otros campos o disciplinas: Zizek, en el psicoanálisis; Badiou, en la religión (el opio del pueblo); Negri, en la globalización; Frederic Jameson, en literatura.

Pero la cosa no acaba aquí. Llegan noticias procedentes de Estados Unidos en el sentido de que en los campus estadounidenses se imparten más cursos y seminarios de introducción a El capital que nunca. Tampoco se trata de ningún bombazo, porque siempre ha habido más marxistas en las universidades estadounidenses que en la URSS, y apenas cabe sorprenderse de que el resurgimiento actual de Marx no haya alcanzado a Rusia en absoluto ni haya cátedras de estudios marxistas en Polonia, Hungría o los países bálticos. En Rusia hay un partido comunista, pero se trata de una formación derechista y nacionalista entre cuyos iconos no se cuenta el del judío Marx. En China tienen lugar los ensayos de la primera representación en Pekín de un musical a cargo del director He Nian basado en El capital.Contendrá numerosos números de baile, pero también (según informaciones no confirmadas) algunas melodías pegadizas que comienzan diciendo “¡Plusvalía, cómo te aborrezco!”, así como una variación de una famosa aria de Leporello en la que el sirviente enumera no las conquistas de su señor sino los bancos que posee (“míos en España son ya mil tres”).

En tiempos de una crisis de capitalismo de casino, de paro a gran escala, de escándalos de Wall Street y de creciente desigualdad en materia de ingresos en la mayoría de los países, la verdad es que un renovado interés y apoyo en favor del marxismo sólo habría sido la cosa más natural del mundo. Sin embargo, no se ha transformado en un factor político. Los populistas no han beneficiado a los marxistas; me refiero a personajes como Ahmadineyad y Chávez, que con igual facilidad pueden girar hacia la derecha o hacia la izquierda y que, desde luego, no son demócratas hasta la médula ni herederos de la Ilustración. El anticapitalismo, la antiglobalización y el marxismo no se sitúan en el mismo campo. Las razones son obvias, aunque sólo sea porque los resultados del marxismo aplicado no han constituido un éxito. Los economistas profesionales, como el Nobel estadounidense Paul Krugman, por más progresistas que sean (en el sentido estadounidense del término liberal),se molestan cuando otros, equivocadamente, les califican de socialistas, ya no digamos de marxistas. Los trabajadores manuales del mundo no se están uniendo y, de hecho, son menos numerosos cada año. La composición del proletariado en Occidente ha cambiado radicalmente y tiene algo más que perder que sus cadenas. Quizá los chinos disfruten con un musical que critica el capital explotador, pero en su política económica aplican un capitalismo planificado con notable aplomo y éxito.

Cabe afirmar que sería conveniente seguir estudiando a Marx, figura que, indudablemente, puede provocar admiración por diversas razones. Pero esperar encontrar en un libro escrito en 1867 las respuestas a los problemas globales del 2010 parece poco realista.

Walter Laqueur, director del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos de Washington Traducción: José María Puig de la Bellacasa.