El reto de Macron y Rivera: hacer que gane el centro

Franceses y especialmente españoles somos de asomarnos y escudriñar más allá de los Pirineos para buscar referentes, como quien se observa en el reflejo de un escaparate en busca de ideas para vestir. Por eso no son pocos los que vienen comparando al líder de Ciudadanos con el único candidato de envergadura en las presidenciales francesas cuya estrella está en alza: el exsocialista Emmanuel Macron.

Las comparaciones, aunque odiosas, son fáciles, y ambos políticos se prestan a este juego: hace sólo unos días Albert Rivera compartía en Twitter una entrevista ofrecida por su colega calificando de “interesante y esperanzador” la forma en que avanzaba en los sondeos el “reformista” Macron. Éste daba las gracias sin perder la ocasión de aludir al europeísmo que ambos comparten.

Pero Ciudadanos no ha sido el único depositario de sus elogios. También los ha habido para Podemos o para los italianos del Movimiento Cinco Estrellas, y para Mateo Renzi antes de su dimisión; para el socialdemócrata alemán Sigmar Gabriel e incluso para Merkel. No se trata pues para Macron de otra cosa que de recalcar dos cuestiones centrales de su mensaje: “nueva política” y europeísmo.

En cuanto a la primera, Rivera le saca diez años de ventaja (o de lastre) a ¡En Marcha! El movimiento de Macron se creó hace menos de un año. Esta diferencia es importante porque, si bien Ciudadanos se ha presentado en España como un partido de nuevo cuño, no debemos olvidar que en realidad nació un año antes que el maltrecho UPyD –en 2006–, y escaló posiciones lentamente, sobre todo en sus comienzos.

El relato de Ciudadanos como partido de la “nueva política” se ha dado por bueno por dos razones: el hecho de que hasta hace relativamente poco Rivera no era una figura reconocida fuera de Cataluña, y las formas empleadas por el partido, que sí pertenecen a una nueva manera de hacer política.

Pero no solo hay una diferencia cronológica entre ambos proyectos, sino de procedencia. El navío que timonea Macron es apenas un partido ad hoc, para su ambición de concurrir en las elecciones presidenciales francesas de abril y mayo de 2017, y no cultivado desde la raíz, como fue Ciudadanos.

Es aquí donde las diferencias se ahondan, puesto que por muy personalista que sea el Ciudadanos de Rivera, siempre ha contado con un esqueleto. En cambio, Macron no lo necesita porque él mismo viene de los círculos parisinos de Matignon y El Elíseo, y su nombre es ampliamente reconocido por la opinión pública francesa. Fue el aún presidente François Hollande –que le adoptó como su protegido político– quien catapultó al poder a este filósofo de formación y banquero de profesión.

Cuando tras dos años como ministro de Economía abandonó el barco a la deriva de Hollande, dejó como legado la popularmente llamada Ley Macron (Ley para el crecimiento y la actividad), que entre otras medidas supone la ampliación del número de domingos que los establecimientos pueden abrir sus puertas, y la posibilidad de privatizar los aeropuertos franceses.

El recuerdo de este abandono de los postulados más típicamente socialdemócratas podría causar un pinchazo de la burbuja Macron en los comicios respecto de lo que avanzan las encuestas, algo que ya le sucedió a Rivera por motivos distintos en las elecciones generales.

Ahora mismo la intención de voto para el candidato francés fluctúa en torno al 20%, en función de cómo de despejado se presente el centro político. Por ejemplo, la candidatura de Macron se resentiría si el próximo domingo el exprimer ministro Manuel Valls –continuista de las políticas de Hollande– tiene éxito en la segunda ronda de las primarias del Partido Socialista.

Las estimaciones son difíciles precisamente porque a los nuevos partidos de centro es muy difícil tomarles el pulso, ya que dependen de la coyuntura para convertirse en grandes receptores de voto o quedarse en partidos-bisagra. Si cuando Albert Rivera pretendía encontrar un hueco en el centro político no pudo apuntar más alto, fue porque un PP robusto impidió que Ciudadanos tomara aire, como unas costillas que oprimen los pulmones.

En cambio, la V República atraviesa por un buen momento para el centro. Fillon, a la cabeza del Partido Conservador, ha querido jugar en el terreno de Le Pen y ha avanzado hacia la extrema derecha. Por la izquierda, el estado de postración de un Partido Socialista que no superaría el 10% con cualquiera de los candidatos posibles deja enormes espacios en el centro para que el de Amiens se llene los pulmones de votos. Además de centrista, Macron podría tener una posición central.

Solo entonces podrían los postulados europeístas del exministro ponerse en marcha. Es digno detenerse porque, si bien el europeísmo de Ciudadanos en España no llama la atención –somos de manera reincidente uno de los países más europeístas en las encuestas– este no es el caso de la Francia de hoy. A pesar de haber tenido un rol central en la fundación de la UE, líderes del calibre de Le Pen llaman a replicar el brexit, y los ciudadanos se muestran sorprendidos por Macron, pues es el único de los grandes candidatos a las presidenciales que tiene Europa por estandarte.

Tanto Macron como Rivera hablan correctamente inglés, algo que entre los líderes de Francia y de España no es habitual. Ahora bien, a Europa poco le importa si Macron es el Rivera francés o Rivera es el Macron español, mientras sea Merkel la que lleve la batuta, aunque desde luego una hipotética victoria del fundador de ¡En Marcha! reajustaría el tablero.

Marcos Bartolomé ha cursado Periodismo y Relaciones Internacionales y es miembro de la dirección del medio de análisis internacional ‘El Orden Mundial en el siglo XXI’.

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