El reto periodístico de X. Cándano

Xuan Cándano, periodista, nacido en Asturias, hacia la costa –no es lo mismo la gente de interior, dada al embutido y la berza, más bronca, que la nacida junto al mar, más yodada–, comedor desganado, flaco, sidrero sin excesos, con tendencia al bable incluso cuando no toca, y 55 años tan recién cumplidos que apenas salía de la sala del Tribunal de Justicia donde debía demostrar su dignidad, que se le echó encima la onomástica.

Figura en mi carnet personal como acreedor histórico porque apenas empezada su carrera profesional le despidieron por mi culpa del primer periódico en el que escribía, tenía 23 años. Fue en la primavera de 1982, aún seguíamos en la transición y al PSOE de los 10 millones de votos absolutos le faltaban unos meses por llegar. Yo acababa de publicar Los españoles que dejaron de serlo. Euskadi 1937-1981 y Xuan Cándano me hizo una entrevista. El director, que luego sería un avanzado de la progresía asturiana, lo puso en la puta calle.

Xuan Cándano haría un libro precioso sobre un tema especialmente controvertido para vascos y asturianos, el pacto de Santoña, o lo que es lo mismo, la traición a la República que se intentó con escaso éxito entre los nacionalistas vascos y el ejército de Mussolini que había “liberado” en nombre de Franco diversas poblaciones del norte de España. El pacto de Santoña. 1937. La rendición del nacionalismo vasco al fascismo (2006).

Coincidiendo con el final del milenio se produjo un deterioro en los contenidos periodísticos españoles, que no en los beneficios empresariales, que se convertirían en otra curiosísima burbuja, de explicación estrictamente política, sobre la que casi todo está por escribir. La diferencia entre prensa de capital y de provincias se fue diluyendo de tal modo que debimos ir haciéndonos a la idea que todos éramos iguales, con similares límites.

(Para los que no están en el secreto. La prensa de provincias del franquismo, auténtico modelo cada vez más imitado en la actualidad, se distinguía porque toda provincia española que se preciara disponía de dos periódicos, uno dependiente de la Iglesia y otro del Movimiento Nacional. Sería difícil precisar cuál de las dos opciones era más ocultadora y desdeñosa con la realidad. Ahora bien, se diferenciaban en algo, eran distintos. Algo similar a la situación actual, donde las diferencias en los medios de comunicación son apenas perceptibles salvo para avezados de la información. En resumen, que a partir de una fecha indeterminada hemos pasado, todos y todas, como gustan de decir en la permanente campaña electoral que sufrimos, a convertirnos en periodistas locales, atentos a las parroquias.)

En las presuntuosas capitales españolas, que en realidad se reducen a dos –Madrid y Barcelona– tenemos un desconocimiento casi absoluto de los intentos temerarios de algunos dignísimos “periodistas de provincias”. Por ejemplo, el caso de Xuan Cándano y Atlántica XXII, un bimensual, nacido en 2009 y que de milagro en milagro ha alcanzado su número 32. ¡Y en Asturias!, un lugar donde basta decir que las dos ciudades más importantes –Oviedo y Gijón– cuentan con un solo periódico, y es sabido que el monopolio periodístico puede ser suculento para el negocio pero letal para la información.

Atlántica XXII trata de hacer un periodismo vivo con todas las dificultades propias de su modestia económica, pero deberían sentirse orgullosos porque sus números no dejan indiferente, y si no se lo creen, repasemos lo ocurrido la pasada semana. Me desplacé a Oviedo para verlo, porque hay cosas que si no se ven no se creen, y si no se creen no se pueden escribir. En el número de septiembre de 2013 la revista había dedicado la portada de su número 28 a una institución que en Asturias –y en casi toda España– constituye cada día con mayor anhelo lo más similar a una organización mafiosa, la UGT, antiguamente conocida como Unión General de Trabajadores. La portada del número no dejaba lugar a dudas y precisaba el carácter de asociación inclinada al chanchullo: “UGT Sociedad Anónima, un Sindicato Empresarial”. Con el título genérico de “UGT-Asturias: negocios, mentiras y cintas de audio”, se relataba aquello que Vito Corleone dejó dicho para el bronce: “no es nada personal, sólo son negocios”.

Hay autonomías en España bajo control del Partido Popular, o comarcas enteras de Catalunya donde sin Convergència i Unió no hay salvación. Pero existen algunas, como Asturias, donde fuera de pequeños comederos para que abreve el PP, el dominio absoluto lo tiene el PSOE, y en el caso asturiano con el aditamento de UGT, organización privilegia en los presupuestos, las prebendas y las irregularidades, gracias más que a la tradición sindicalista asturiana –de longa data– a las peripecias personales de un padrino de inquietante trayectoria y que responde al nombre de Fernández Villa.

No se reta a los herederos del padrino en vano. Exactamente ocho días después de la aparición del reportaje denunciador de UGT en Atlántica XXII, y caso insólito en la historia de un sindicato, los directivos de UGT que copan la televisión en Asturias, ya sea la estatal o la autonómica, castigaron al autor del informe, Xuan Cándano, con 20 días de empleo y sueldo en su condición de periodista de tropa en TVE-Asturias. Apelaron a una antigua productora, abandonada hace 18 años pero no borrada del registro. Lo gracioso de la historia, si es que tiene alguna gracia, es que la relación de militantes del PSOE o de UGT o simpatizantes de la cazuela que tienen productoras y trabajan a pleno rendimiento resulta abrumadora e impune.

Pero eso era lo de menos, lo llamativo es que un sindicato supuestamente creado para defender a los trabajadores denunciaba a otro trabajador y alentaba una sanción contra él. Como la desfachatez era excesiva se inventaron otra digna de letrados afectos a los muelles de Nueva York: que habían recibido una denuncia anónima en el móvil de uno de los directivos de la TVE.

He tenido el privilegio de asistir al juicio en Oviedo de Xuan Cándano contra la mafia mancomunada de UGT y TVE en Asturias. Un espectáculo contemplar a dos abogados dentro de toda sospecha, representantes de UGT, inefables no sólo por su incompetencia absoluta para el foro, sino porque además uno de ellos, Marcelino Suárez Baró, antiguo gerente del honorable cuerpo de Bomberos, pisó la sala de justicia como acusado por agresión y desacato a los agentes que le pillaron borracho perdido y a los que amenazó por sus contactos con las autoridades socialistas asturianas.

Del abogado Marcelino me quedo con ese momento crucial en el que para descalificar a un testigo, lee un texto escrito por él y aparecido en Facebook y solidario con Xuan Cándano: “Aprovecho para mostrar el profundo asco que me dan los miserables comemierdas de la UGT que lo denunciaron sin motivo”. Y ahí el ilustre letrado don Marcelino, algo echado en carnes, se paró a comprobar el efecto que causaba en el señor juez Barril. Pero nadie tuvo los reflejos para, con la venia de su señoría, exigirle al letrado que continuara con el texto, para no sacar las frases de su contexto. Porque seguía así: “Y la repugnancia que siento hacia quienes desde la dirección del sindicato de Asturias y de Madrid consintieron, propiciaron y apoyaron esta tropelía. Hoy Pablo Iglesias moriría de vergüenza”.

Veinte días de empleo y sueldo por meterse con “la familia” resulta una advertencia. La próxima, si les sale bien esta, le echarán. Excuso decir que la prensa asturiana afecta al virus del monopolio y atenta al poder autonómico no dio noticia del asunto. La de fuera, menos; que por no dar, no lo hace ni con los suyos. Todos somos periodistas de provincias, y lo más terrible es que a muchos les hace enorme ilusión. Una cosa es el independentismo y otra ser independientes. ¿Qué hay mejor que estar protegido por el gobierno al que adulas? Es una compensación por los servicios prestados.

Gregorio Morán

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