El Rey, símbolo de la democracia

Desde mañana, Madrid se convierte en la capital mundial del Derecho con ocasión de la celebración del Congreso Mundial del Derecho, o World Law Congress. En este singular marco se va a reconocer y homenajear a la España libre y democrática, retomada con la Constitución de 1978, en la persona del primero de los españoles, Su Majestad el Rey.

El Congreso Mundial del Derecho, un acto bienal promovido por la Asociación Mundial de Juristas, reunirá en el Teatro Real a delegaciones de juristas de más de setenta países -bajo el lema «Constitución, democracia y libertad. El Estado de Derecho, como garante de la Libertad»- para ofrecer una perspectiva esclarecedora sobre los grandes asuntos que preocupan a la humanidad y sobre los que el mundo del Derecho y la Justicia deben responder, capaces de anticipar y liderar con rigor y seriedad las transformaciones, retos y oportunidades de nuestra sociedad, a través de la defensa del Estado constitucional o democracia constitucional como el único modelo político comprobado, que, pese a sus disfunciones y ocasionales crisis, garantiza la libertad y los derechos fundamentales de los ciudadanos.

La WJA, fundada en Estados Unidos en 1963, a partir del concepto original acuñado por sir Winston Churchill de «contribuir firmemente desde la sociedad civil a fortalecer el Estado de Derecho», es un foro abierto donde abogados, jueces, profesores y profesionales del Derecho trabajan y cooperan para reforzar y expandir el imperio de la ley.

Fue precisamente en la reunión del consejo mundial de la WJA, celebrada en Múnich el 4 de mayo de 2018, donde se estimó que los cuarenta años de la Constitución de 1978 merecían un reconocimiento expreso y simbólico por parte de la comunidad jurídica mundial y, en su virtud, se acordó la celebración de su siguiente congreso bienal en Madrid. En esta ocasión, además de la centralidad y significación habitual de los temas de discusión, la WJA ha querido reconocer dicha obra magna de todos los españoles (transición a la democracia, Constitución de 1978 y consolidación de la convivencia en libertad, democracia y paz desde entonces) mediante la entrega a Su Majestad el Rey del premio Mundial de la Paz y la Libertad.

Que no se trata de un premio cualquiera lo confirma Javier Solana, copresidente del congreso, cuando afirma y explica que el premio Mundial de la Paz y la Libertad «no es un reconocimiento menor, puesto que la WJA sólo ha concedido tres premios similares desde su fundación, otorgados a René Cassin (reconocido por su labor en la redacción de la Declaración Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas), a Winston Churchill y a Nelson Mandela. Al fin y al cabo, son tres galardones a una vida y un premio a una esperanza».

Como trazara con mano maestra mi llorado Pedro de Vega -parafraseando el elogio de Emilio García Gómez a Miguel Asín-, la democracia constitucional cimenta su estructura en dos pilares fundamentales. Por un lado, el principio político democrático, en virtud del cual corresponde la titularidad indiscutible de la soberanía al pueblo (línea de pensamiento de Nicolás de Cusa, Marsilio de Padua, Altusio, Grocio, Puffendorf, Wolff, Burlamaqui, Vattel, Locke, Rousseau…) y, por otro lado, el principio jurídico de supremacía constitucional, según el cual la Constitución (a la postre, el Derecho) es la lex superior que obliga por igual a gobernantes y gobernados (Bracton, Fortescue, Mariana, Buchanan, Montesquieu, Marshall, Krabbe, Kelsen…). En este discurso correcto de los maestros del Derecho Constitucional, el profesor Aragón Reyes, director del Congreso Mundial del Derecho, ha manifestado recientemente que «lo que buscamos es defender el Estado constitucional de Derecho. Es decir, la democracia constitucional. Creemos que el Derecho tiene que ser aplicado para que la libertad se conserve y se mantenga la democracia».

La recién estrenada democracia española fue ya presentada ante el mundo jurídico internacional en el congreso bienal de la WJA de Madrid en 1979, que presidió Don Juan Carlos. No por obvio, resulta menos oportuno recordar en toda hora y ocasión que el reinado de Juan Carlos I (1975-2014) es absolutamente esencial para entender la gran transformación de la España de entonces, que lideró ayudado sin duda por personas excepcionales, hasta la aprobación de la Constitución de 1978 y su posterior desarrollo hasta la entrega del testigo de la primera magistratura del Estado a su hijo, Felipe VI.

Por todo ello, la WJA distingue el inquebrantable compromiso de la inmensa mayoría de los españoles con el Estado constitucional, es decir, con la democracia y el Estado de Derecho -que, no se olvide, constituye un binomio inescindible para la existencia real y efectiva de la libertad- a través de su invitado especial, Su Majestad el Rey, a quien «su defensa de las instituciones democráticas y su inquebrantable compromiso con el Estado de Derecho, las libertades y el orden constitucional» y su destacado protagonismo como líder en la defensa de la democracia y la libertad lo han convertido en sus pocos, intensos y brillantes años de reinado -y, por él, a España- en un referente para las democracias del mundo y, en especial, para las naciones hermanas de Iberoamérica y Europa.

Daniel Berzosa López es profesor de Derecho Constitucional y miembro del Comité Organizador del World Law Congress 2019.

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