El romance de Europa con el renminbi

Los chinos están perdiendo confianza en su moneda. Frente a un crecimiento económico tambaleante, el Banco Popular de China ha incrementado sus esfuerzos por devolverle estabilidad al renminbi, apelando a sus vastas reservas extranjeras para respaldar su tipo de cambio y frenar el flujo de fondos que se van del país. El gobernador del PBOC, Zhou Xiaochuan, ha dicho en varias oportunidades que no hay motivos para una depreciación continua, pero pocos en el país parecen estar escuchando. Sólo en el último trimestre de 2015, la salida de capital llegó a 367.000 millones de dólares.

Y, sin embargo, la caída de la confianza al interior de China no ha impedido que Occidente -y Europa en particular- redoblaran su compromiso con la moneda. Cuando el Fondo Monetario Internacional anunció en diciembre que el renminbi se sumaría al dólar estadounidense, la libra británica, el euro y el yen japonés en la canasta de monedas que sustenta su unidad de cuenta, la canasta de Derechos Especiales de Giro (DEG), la decisión fue claramente política.

Son pocos los que dirían que el renminbi cumple con los criterios del FMI para ser incluido en la canasta de monedas de DEG. No es de libre convertibilidad y el acceso a la moneda es limitado dentro y fuera de China. Algunas sucursales extranjeras de bancos chinos ofrecen cuentas de depósito denominadas en renminbi e inversores calificados pueden comprar instrumentos de deuda asociados a la moneda en China continental. Pero el volumen es restringido.

Sin duda, el renminbi tiene un buen desempeño en las estadísticas vinculadas al comercio. Según la red financiera SWIFT, es la segunda moneda más utilizada en el financiamiento de operaciones comerciales, habiendo superado al euro, y se ubica en quinto lugar en términos de pagos internacionales. Esas cifras, sin embargo, están infladas por las transacciones con Hong Kong, que representan aproximadamente el 70% de los pagos comerciales internacionales estipulados en renminbi. Cada vez se emiten menos contratos en renminbi; el dólar sigue siendo el rey en materia de facturación, mientras que el euro ocupa un distante segundo puesto. Inclusive el porcentaje correspondiente al yen japonés y a la libra británica, aunque muy pequeños, todavía siguen siendo más altos que los del renminbi.

La decisión del FMI de sumar la moneda china a la canasta de DEG le debe mucho a la decisión de parte de Estados Unidos de ceder ante Europa. Estados Unidos ha sostenido durante años que el renminbi debería ser incluido en los DEG sólo si China abría su cuenta de capital, dejaba que su moneda flotara libremente y tenía un banco central más independiente. Nada de esto sucedió.

Ahora bien, después de que China creó el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura con el respaldo de Europa, Estados Unidos aceptó dejar de lado sus objeciones. Después de todo, la canasta de DEG juega un papel menor en las finanzas globales y se consideró que admitir al renminbi era pagar un precio pequeño por mantener a China dentro del marco de las instituciones de Bretton Woods.

La inversión de Europa en el renminbi, sin embargo, va más allá de un simbolismo político. Los líderes del continente han respaldado fuertemente la internacionalización del renminbi y los esfuerzos de funcionarios conscientes de las reformas como Zhou. La inclusión de la moneda en los DEG, es de esperar, alentará a China a liberalizar aún más su cuenta de capital.

Los gobiernos y los bancos centrales europeos también están operando activamente para que el renminbi se convierta en una moneda de reserva viable, a fin de aumentar el comercio con China. El ministro de Finanzas británico, George Osborne, dejó en claro que le gustaría que la City de Londres fuera el mercado offshore más importante para el comercio y los servicios estipulados en renminbi. No fue casualidad que durante la visita de Estado del presidente Xi Jinping al Reino Unido en octubre de 2015, China eligiera a Londres para emitir su primera deuda soberana en renminbi en el exterior.

El resto de Europa comparte el mismo entusiasmo. Hoy, en el continente se lleva a cabo la mayor cantidad de compensaciones bancarias en renminbi. Han surgido centros de operaciones en renminbi offshore en Fráncfort, París, Milán, Luxemburgo, Praga y Zúrich, y la mayoría de los bancos centrales de Europa han agregado la moneda de China a sus carteras -o están considerando hacerlo-. En octubre de 2013, el PBOC y el Banco Central Europeo firmaron un acuerdo bilateral de swap de monedas por 45.000 millones de euros (50.000 millones de dólares), el mayor para China fuera de Asia.

Al apoyar al renminbi como una moneda de reserva, Europa espera ofrecerles un respaldo a los liberalizadores dentro de China y darle la acogida al país al grupo medular de potencias mundiales que deciden los asuntos monetarios globales. Desafortunadamente, lo está haciendo en un momento en que el renminbi sufre un ataque especulativo y los propios chinos están perdiendo la confianza. Los esfuerzos de Europa podrían resultar exitosos; pero a menos que China haga que su moneda sea aún más accesible y abra más su mercado, casi con certeza fracasarán.

Nicola Casarini is Research Head for Asia at the Istituto Affari Internazionali in Rome.
Miguel Otero-Iglesias is Senior Analyst for the International Political Economy at the Elcano Royal Institute in Madrid.

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