El Sahara: 30 años de los Acuerdos Tripartitos de Madrid

Batalla contra el colonialismo. Por Larabás Malainín, presidente de los ulemas del Sáhara ocupado por Marruecos (EL PAÍS, 13/11/05):

En 1957, cuando Mohamed V volvió a Marruecos tras su exilio forzado por Francia, todas las tribus del Sáhara celebraron un gran congreso en el desierto, en el que decidieron enviar una delegación a Rabat, de la que yo fui uno de los miembros más jóvenes. En Rabat rendimos pleitesía al rey y al príncipe heredero, que más tarde accedería al trono como Hassan II. Ellos nos dieron instrucciones para formar un movimiento con dos alas, una política y otra militar, que debía acelerar la recuperación de Ifni y las provincias del sur.

A causa de nuestra participación en aquel movimiento fuimos encarcelados y torturados en El Aaiún, en Dajla y en Fuerteventura. Los españoles reunieron en esa isla canaria a todos los presos saharauis y de Sidi Ifni. La nuestra era, pues, una batalla única contra el colonialismo español, desde Ifni hasta La Güera.

Finalmente, España se vio obligada a ceder a Marruecos Ifni, Tarfaya y Tantán. Años más tarde, en 1969, liberó Sidi Ifni. Quedaron en sus manos las provincias del sur, que sólo fueron recuperadas por Marruecos en 1975, gracias a la Marcha Verde. Yo participé en ella, llevando el Corán en una mano y la bandera de Marruecos en la otra. Fue una marcha política que ofrecía paz a España y traía el desarrollo económico de las provincias del sur.

Cuando se fue del Sáhara, España dejó mucha pobreza y analfabetismo. Marruecos levantó escuelas, hospitales, carreteras, puertos, aeropuertos y viviendas, y creó puestos de trabajo. Luego sucedió algo que no esperábamos. Argelia nos declaró en 1963 una guerra injusta. Años después, reclutó a un grupo de hijos de Marruecos y nos declaró otra guerra que no tiene ninguna legalidad.

Su Majestad Hassan II, que en gloria esté, trató este último asunto con mucha prudencia. Reconoció que los que estaban en Tinduf eran hijos de Marruecos y, en un discurso pronunciado en 1988, les ofreció la clemencia de que pudieran volver a su patria. Un grupo de polisarios volvió, y yo les felicito por haberlo hecho.

La mayoría de los saharauis estamos viviendo en Marruecos. Y la comunidad internacional debe respetar nuestra voluntad. El Sáhara es marroquí desde que el mundo es mundo.

Algún día seremos libres. Por Brahim Gali, fundador y primer secretario general del Frente Polisario (13/11/05):

En 1975, y tras varias rondas de negociaciones con los saharauis, el Gobierno de Carlos Arias Navarro se comprometió a descolonizar pacíficamente el Sáhara por medio de un referéndum de autodeterminación conforme a la doctrina de la ONU. Militares de alto rango y políticos se habían entrevistado con miembros relevantes de nuestro pueblo para garantizarles que España jamás nos entregaría a Marruecos, a pesar de las amenazas de Hassan II. La visita que una misión de la ONU realizó al Sáhara aquel verano concluyó que los saharauis no querían ser marroquíes ni mauritanos, y que la inmensa mayoría respaldaba las reivindicaciones del Frente Polisario.

Pero a finales de octubre, días antes de que la marcha negra traspasara la zona noroeste de la frontera, España abandonó varios puestos militares en el noreste, en cumplimiento de un plan secreto acordado con Marruecos y Mauritania. Marruecos inició la invasión militar el 31 de octubre en la zona de Echedería. Desde allí, el Ejército invasor avanzó hacia Hausa y Farsía. Mientras unos kilómetros al oeste se representaba la gran comedia mediática de la marcha verde, el Ejército marroquí ya había empezado a aplastar a los saharauis a sangre y fuego. Pronto llegaría a la ciudad santa de Smara.

Mientras la mayoría de los hombres jóvenes se sumaba espontáneamente a nuestras filas, las mujeres, los niños y los ancianos iniciaban una marcha desesperada de cientos de kilómetros hacia la Hamada argelina.

Algunas mujeres tuvieron que dar a luz en pleno desierto, mientras caían las primeras bombas de napalm y fósforo blanco sobre los civiles en las localidades de Um Dreiga, Amgala y Tifariti, matando, como en Um Dreiga, a miles de personas.

En febrero hará 30 años que fundamos la República Árabe Saharaui Democrática, que ha sido reconocida por más de 30 Estados. Algún día no muy lejano los saharauis seremos libres y viviremos en paz. Entretanto, España sigue teniendo una gran responsabilidad en este proceso de descolonización inconcluso. Y, a pesar de la profunda decepción que nos causó hace 30 años, seguimos esperando mucho de ella.

Sin ganas, pero con disciplina. Por Miguel Íñiguez, general del Ejército. Fue jefe de Operaciones del Estado Mayor del Sáhara entre 1971 y 1975 (EL PAÍS, 13/11/05):

Los 30 años desde nuestra salida del Sáhara nos permiten analizar con un mayor sosiego y con un sentido más crítico y de menor crispación hechos y circunstancias de aquella época.

Los cruentos sucesos de Hata-Rambla de junio de 1970 entre jóvenes saharauis partidarios del moderado líder independentista Bassiri y la policía territorial reforzada por una unidad legionaria abrió un profundo foso entre aquellos jóvenes y la Administración española.

Este hecho de carácter político-gubernativo tuvo su repercusión en el mando militar al considerar que dicho foso pudiera devenir, en un futuro próximo, en acciones irregulares de tipo militar de carácter subversivo-guerrillero. Por ello, a partir de mediados de 1971, la instrucción táctica y la estrategia militar se orientan de forma decidida hacia la lucha armada contraguerrillera. Cambia la instrucción individual y colectiva. Se agilizan y aligeran a la vez las unidades.

Los cuadros de mando se mueven por el desierto como pez en el agua. Se borra de su mente la visión que tenían del desierto “como el infierno de la logística”.

Se llevan a cabo ejercicios espectaculares con unidades cuyas bases de partida están a cientos de kilómetros para confluir, al cabo de varios días, en zonas a 400 kilómetros de sus bases y realizar, a continuación y con éxito, operaciones de cerco y barrido.

Creció la autoestima personal de todos los efectivos, su sentido de la responsabilidad, su moral.

La irrupción del Polisario en mayo de 1973 en el pozo de Janquel-Quesat -todo un símbolo para el movimiento de liberación que representa- que viene acompañada de una serie de acciones de infiltración, de hostigamiento e incluso de pequeños encuentros armados con patrullas de la Policía Territorial y de Tropas Nómadas y otras unidades militares no crearon -desde un punto de vista operativo militar- graves problemas.

Lo demuestra un hecho singular: su actividad guerrillera que llevó a cabo durante el periodo 1973-1975 se saldó, afortunadamente, con pocas bajas, pero, en cualquier caso -caso inédito en la historia militar-, con menor incidencia en el bando regular.

En 1974 la posible intervención de Marruecos no varió esencialmente la preparación de las unidades, pero sí el despliegue, que se vio reforzado con unidades diversas procedentes de la Península y las islas Canarias.

Su adaptación en un corto espacio de tiempo al desierto y su servidumbre permitieron los éxitos locales -ni un solo fracaso- frente a diversas infiltraciones de patrullas marroquíes que fueron localizadas, cercadas, y tomados todos sus miembros prisioneros.

Con este bagaje moral y operativo se establecieron planes de defensa considerando posible que La Marcha Verde fuese el enmascaramiento de un ataque del Ejército marroquí.

España decidió entonces abandonar el territorio. “La Operación Golondrina”, como se denominó el plan de repliegue, dio su visto bueno con muy buena nota cuando se hizo efectiva.

Muchos compañeros se sintieron frustrados. Este sentimiento colectivo de frustración lo recoge, mejor que ninguna otra forma de expresión, una afortunada y escueta frase cuando se procedió a dar cumplimiento a la orden recibida: se acató sin alegrías, pero se obedeció con la mayor disciplina.