El ‘Sandy’ y las elecciones

Mientras escribo estas líneas el lunes por la tarde echo una mirada por la ventana de vez en cuando y veo que todo está muy tranquilo. Los árboles de Rock Creek Park, en Washington, apenas se mueven. Es la calma antes de la tormenta. Sin embargo, la tormenta no es política, no tiene nada que ver con las elecciones, sino que el huracán Sandy es un hecho de la naturaleza; se trata de la tormenta tropical más violenta, según afirman los meteorólogos, desde hace varias generaciones. Los meteorólogos se han equivocado a veces, pero la gente no quiere correr riesgos. “Es mejor prevenir que curar”, dice el refrán. Tras las recomendaciones de rigor, los residentes se han abastecido de agua, comida enlatada y pilas y están atentos a la televisión, con la salvedad de que sintonizan el canal del tiempo.

Tanto demócratas como republicanos han recaudado cientos de millones de dólares, destinados básicamente a financiar programas políticos especiales para influir en los votantes que aún no han adoptado una decisión sobre el sentido de su voto. Y, ahora, para decepción de las sedes principales de los partidos, la gente estaba pendiente de la televisión para observar la evolución del Sandy y atender a los avisos de cierre del transporte público en las escuelas en Nueva York y Washington. Tal vez ha sido una equivocación invertir tantos recursos en el último asalto de este dilatado combate electoral pues muchos ciudadanos, más que nunca, ya ha votado con anterioridad. La práctica del voto anticipado es legal en todos menos en dieciocho estados en Estados Unidos.

Según los sondeos de opinión, Romney va en cabeza por un 0,9%. Sin embargo, hay un margen de error de un 3% y es posible que estos sondeos, como considera mucha gente, no sean muy precisos. Una de las razones es que no incluyen a la población latina porque su dominio del inglés no es muy bueno y los encuestadores tienen dificultades para entenderse con ellos. Otra razón es que los que tienen teléfonos móviles se hallan representados excesivamente en los sondeos.

Además, el sistema de votación estadounidense es indirecto. Los votantes no votan al presidente, sino a unos pocos cientos de electores que a su vez le elegirán. Un candidato puede resultar ganador aunque su cuota de voto popular sea inferior a la de su contrincante. Ha ocurrido anteriormente en varias ocasiones y puede ocurrir de nuevo. Sea cual sea el resultado de las presidenciales, parece bastante probable que los demócratas conserven la mayoría en el Senado y los republicanos en la Cámara de Representantes. Lo que significa que ambos partidos habrán de cooperar entre sí y llegar a compromisos.

¿Cómo cabe explicar que Obama no vaya en cabeza por un claro margen? Al fin y al cabo, Romney no constituye un competidor muy sólido, no destaca por sus cualidades oratorias y ha cometido diversos fallos a lo largo de su campaña. Se dan varias respuestas a la pregunta, sobre todo la de que el mensaje de Romney era más sencillo y encontró notable apoyo de la gente; entre tales respuestas cabe mencionar, por ejemplo, la de que hay demasiada intervención estatal, que resulta demasiado cara y debería restringirse. En segundo lugar, la de que la situación económica no es buena y Obama tiene la culpa. Cierto, el paro ha disminuido, pero no mucho y el PNB aumenta a razón de un 2%: no está mal, pero tampoco es mucho.

He pensado durante mucho tiempo que la razón radicaba, simplemente, en que en una época de crisis económica el estado de ánimo de la gente se vuelve contra el partido en el poder. No obstante, podría ser que las razones fueran más complicadas. Alemania ha respondido bastante bien al desafío planteado; mejor, en todo caso, que la mayoría de restantes países europeos, aunque este factor no incrementa según los indicios la popularidad del partido en el Gobierno. Se han dado tendencias similares en otros países. El factor racial no fue importante en las elecciones del 2008. Sin embargo, esta vez el 60% de la población trabajadora blanca votará por Romney que, realmente, no representa sus intereses, mientras que el 90% de la población negra y dos terceras partes de la población latina votarán por Obama.

Este conjunto de factores casi imposibilita pronosticar los resultados. En muchos estados se sabe seguro cuál será el resultado, pero en otros es totalmente impredecible. En el sur de Florida, los demócratas son mucho más fuertes pero en la parte norte del estado se imponen los republicanos. La situación en Wisconsin es similar. Numerosos expertos afirman que el estado de Ohio es crucial; ningún republicano llegó a la presidencia sin ganar en Ohio. Sin embargo, nuevamente hay que decir que el resultado de Ohio depende de los resultados en cinco o seis pequeños condados. ¿Quién ha oído hablar del condado de Tuscarawas salvo los 90.000 residentes que viven en él? Es un término indio y puede significar “ciudad antigua”, pero también “boca abierta”. Tiene una población en parte industrial, en parte agrícola; no muy rica ni muy pobre. Y ha optado por el ganador en las últimas cinco elecciones. No es fortuito que los dos partidos hayan concentrado sus esfuerzos en un puñado de condados como Tuscawaras. En última instancia, el resultado dependerá probablemente de qué partido es más eficiente para llevar a la gente a los lugares –normalmente escuelas– donde tiene lugar la votación. Aunque el Sandy puede dificultar la operación.

Walter Laqueur, asesor del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos de Washington Traducción: José María Puig de la Bellacasa.

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