El Senado tuvo pruebas contundentes de la culpabilidad de Trump. Fue absuelto por 43 republicanos

En esta imagen de un video del Senado de Estados Unidos, se puede ver la votación final total de 57 a 43 para absolver al expresidente estadounidense Donald Trump por incitación a la insurrección, el 13 de febrero de 2021. (Televisión del Senado via AP) (AP)
En esta imagen de un video del Senado de Estados Unidos, se puede ver la votación final total de 57 a 43 para absolver al expresidente estadounidense Donald Trump por incitación a la insurrección, el 13 de febrero de 2021. (Televisión del Senado via AP) (AP)

En la película de 1987Los intocables, Eliot Ness, interpretado por Kevin Costner, descubre a última hora pruebas de que Al Capone (Robert De Niro) había sobornado al jurado de su juicio por evasión de impuestos. Cuando Ness presenta la evidencia al juez, el jurado corrupto es destituido y Capone se ve obligado a declararse culpable. Al final, se hizo justicia.

Imaginemos que a pesar de eso, el juez hubiera ignorado las pruebas y el jurado corrupto hubiera absuelto al jefe mafioso. Eso es, en esencia, lo que ocurrió en el juicio político del expresidente estadounidense Donald Trump el sábado 13 de febrero, cuando el Senado se quedó a 10 votos de la mayoría de dos tercios requerida para declararlo culpable, porque 43 republicanos votaron a favor de la absolución.

En este caso, la prueba incriminatoria de última hora fue una declaración de la representante Jaime Herrera Beutler (republicana por Washington) destacada por CNN el viernes 12 por la noche. Herrera Beutler afirma que el líder de la minoría de la Cámara, Kevin McCarthy (republicano por California), le contó que durante el ataque al Capitolio llamó por teléfono a Trump, suplicándole que detuviera a la turba. ¿La reacción de Trump? “Bueno Kevin, supongo que estas personas están más molestas por las elecciones que tú”.

Esta es una prueba condenatoria —y completamente creíble— de la culpabilidad de Trump en no solo incitar el ataque sino en no intentar detenerlo. Es un golpe directo a la debilidad más grande en la defensa por lo general patética de Trump. Sus abogados al menos tenían algunas cosas que decir en defensa de las acciones de Trump antes del ataque. Sus argumentos pueden haber sido poco convincentes y engañosos, pero al menos tenían argumentos: dijeron que Trump no tenía la intención de que sus partidarios atacaran de forma violenta al Capitolio cuando les dijo que “lucharán mucho más fuerte”; solo quería que lucharan dentro de los límites legales y canales políticos.

Pero los abogados de Trump literalmente no tuvieron nada que decir sobre las acciones de Trump después de que comenzó el ataque. En su argumento de cierre, el gestor principal del juicio, Jamie B. Raskin (demócrata por Maryland), le preguntó a los abogados defensores: ¿Por qué Trump no les dijo a sus seguidores que detuvieran el ataque apenas se enteró de lo que sucedía? ¿Por qué no hizo nada durante al menos dos horas? ¿Por qué Trump no condenó las acciones de los insurrectos? Los abogados defensores no tuvieron una respuesta. Los abogados de Trump culparon a los gestores del juicio político de la Cámara de Representantes por no dar ninguna información sobre sus acciones, cuando se supone que los abogados debían haberle pedido esa información a su propio cliente.

Es evidente la razón por la que los abogados de Trump no pudieron defender su conducta después de que comenzó el ataque. Sus acciones fueron indefendibles e imperdonables. El presidente claramente estaba apoyando a la turba, al menos al principio. La conversación entre McCarthy y Trump lo confirma. También está confirmado el hecho de que, incluso después de que el entonces vicepresidente, Mike Pence, tuviera que ser evacuado de la cámara del Senado a las 2:13 p.m., Trump seguía atizando a la turba, que ya estaba dentro del Capitolio, con un tuit que criticó a su vicepresidente (los fiscales del juicio reprodujeron un video de los insurrectos coreando “colguemos a Mike Pence”).

El abogado de Trump, Michael van der Veen, dijo el viernes que “en ningún momento el presidente fue informado de que el vicepresidente corría algún peligro”. Eso es claramente falso. El senador Tommy Tuberville (republicano por Alabama) informó que Trump lo llamó alrededor de las 2:26 p.m. para pedirle que retrasara la certificación del voto electoral. Tuberville afirma que le dijo al presidente que Pence había sido sacado del lugar de forma apresurada y que todo el Senado estaba siendo evacuado. Sin embargo, Trump siguió sin hacer prácticamente nada para intentar frenar a los insurrectos. Incluso después de que sucedieran todos los horrores de ese día, Trump afirmó que “amaba” a la turba, a cuyos miembros calificó de “muy especiales”.

El senador Lindsey O. Graham (republicano por Carolina del Sur), el mayor lamebotas de Trump, intentó sembrar dudas sobre la nueva evidencia al tuitear: “La fuente de estas historias son los medios liberales con una agenda”. Nop. La fuente de estas historias son colegas republicanos de Graham. Imaginemos lo dañino que hubiera sido para la defensa de Trump si Herrera Beutler y Tuberville hubieran testificado bajo juramento bajo la mirada de todo el mundo, acompañados, idealmente, por McCarthy, el exjefe de Gabinete de la Casa Blanca de Trump, Mark Meadows, y otros con conocimiento directo de las acciones de Trump durante ese fatídico día.

Los abogados de Trump estaban tan ansiosos el sábado por evitar testigos, que acordaron estipular que el testimonio de Herrera Beutler había sido informado con precisión por CNN (mientras al mismo tiempo afirmaban falsamente que McCarthy había negado el testimonio de Herrera). La sorpresa es que los demócratas hayan aceptado la oferta del equipo de Trump incluso después de que el Senado había votado para escuchar a los testigos. No habría sido difícil registrar la declaración de Herrera Beutler y otros testigos mientras el Senado continuaba con otros asuntos. Es lo que hizo el Senado en 1999 cuando escuchó a tres testigos durante el juicio político del expresidente Bill Clinton.

Es cierto que ninguna cantidad de testimonios habría cambiado la mayoría de los votos republicanos, porque la mayoría de los senadores del Partido Republicano le tiene demasiado miedo a Trump como para condenarlo. Solo siete se atrevieron a votar a favor de la condena, y es más de lo esperado. Pero al menos un juicio con testigos reales habría dejado un registro más completo y preciso de la perversión de Trump para el público y la posteridad. Cuando la democracia estadounidense ha sufrido un ataque sin precedentes por parte de un presidente estadounidense, le corresponde al Senado al menos pretender que le importa.

Es decepcionante que los demócratas se hayan negado a forzar una ventilación más completa de los hechos. Pero incluso sin haber escuchado a testigos, los gestores del juicio político de la Cámara de Representantes presentaron pruebas contundentes de la culpabilidad de Trump. A 86% de los senadores republicanos simplemente no les importó. Tuvieron enfrente la pistola aún humeante y dijeron: “¿Cuál pistola? ¿Cuál humo?”.

Max Boot, a Post columnist, is the Jeane J. Kirkpatrick senior fellow for national security studies at the Council on Foreign Relations and a global affairs analyst for CNN. He is the author of “The Road Not Taken: Edward Lansdale and the American Tragedy in Vietnam," a finalist for the 2019 Pulitzer Prize in biography.

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