El sentido posesorio de la derecha

Juan José Martínez Zato ha sido vocal del CGPJ y Teniente Fiscal del Tribunal Supremo (EL PAÍS, 01/06/06):

Difícil es comprender la postura del Partido Popular por lo que a los nuevos Estatutos de Cataluña y Andalucía se refiere. Al conocerse en efecto el texto del proyecto de Estatuto andaluz, antes de iniciarse los debates en su Parlamento, comenzaron a surgir voces desde la derecha rechazando de plano el mismo, bajo la argumentación, entre otras cosas, de ser un Estatuto de segunda cuando Andalucía merecía uno de primera. Para ese partido, además, ambos Estatutos, rompen a España. Casi nada.

Más abandonando lo que podría considerarse un simple juego de palabras, es lo cierto que el Estatuto andaluz, su proyecto, en lo que al autogobierno de esta comunidad autónoma se refiere, muy similar es al catalán. Tal vez las dos cuestiones más polémicas, como acreditados constitucionalistas han puesto de relieve -el hecho de proclamarse Andalucía una realidad nacional dentro de España en su preámbulo, podrá o no compartirse, sin plantear problema alguno de constitucionalidad o al menos no se me alcanza-, sean la del “blindaje” en las competencias y la gestión en torno al Gualdaquivir. Tranquilos hemos de estar pues, como sucedió con el Estatut. En la comisión constitucional se buscarán con seguridad fórmulas que harán desaparecer las dudas, si realmente se tienen, sin que otras comunidades puedan sentirse agraviadas.

Pero los populares continúan afirmando, frente a los grupos parlamentarios restantes, como si nada entendieran éstos, que España se quiebra, se disgrega, se rompe. En suma, que la patria se deshace, discurso que recuerda al utilizado por la derecha en 1.936. Sólo con actitudes así se rompe y se divide.

No se llega a afirmar, como Calvo Sotelo hiciera, que es preferible una España roja a una España rota, pero el sentimiento anticatalanista en ciertos sectores, fomentado por las posturas, ha de creerse que imprudentes y no dolosas, sostenidas por algunos políticos de la derecha -recordando en ocasiones a la ultraderecha, nunca al centro-, que dio lugar y todavía lo está dando a la no adquisición de productos catalanes por muchos de sus seguidores, no procede ni del tripartito, ni del Gobierno central. Viene de quien viene.

Manuel Azaña, extraordinario político y brillante aunque entristecido presidente de la República por los tristes momentos históricos que a todos los españoles les costó vivir gracias a los golpistas, sin duda por las afirmaciones reiteradas, machaconas y pelmas de la derecha sobre su concepción de la patria, decía que él no era patriota en un discurso pronunciado en Barcelona en 1930, porque ese vocablo, decía, que significó en el XIX revolución y libertad, ha venido a corromperse y manosearse por gente que expresa la intransigencia, la intolerancia y la cerrazón mental. Él, que gran patriota fue.

Pide la derecha, en efecto, al presidente del Gobierno que en las materias comentadas actúe con patriotismo, dando con ello a entender que, hasta el momento, no es para ellos un buen patriota.

Está la derecha de este país manipulando lo que puede en todos los terrenos. Lo hace en las Cámaras con formas groseras que repugnan a la inmensa mayoría de los ciudadanos. Manipula a las víctimas del terrorismo ó, para ser más exactos, a los dirigentes que actúan siguiendo sus dictados con desprecio hacia el resto. Manipula todo lo que puede al órgano de gobierno del poder judicial. Manipula lo que puede a los jueces, sin conseguir siempre su objetivo, para que resuelvan conforme a sus planteamientos en el proceso de paz que sus primeros pasos dando está. Lo propio hace con la Iglesia en cuanto tiene ocasión para ello, manifestándose a veces con algún cardenal y una decena de obispos conjuntamente en unión y comunión en un espectáculo realmente esperpéntico.

En un momento de nuestra historia, largo, muy largo, los aristócratas, poder económico, Ejército e Iglesia, era todo ello derecha. Pero hoy en día, guste o no a la actual derecha, por fortuna, la calle, el Ejército, las instituciones, la bandera, Andalucía, España, la patria en fin, no es suya. Es decir, no en exclusiva, pues todo ello es de todos los españoles.

La derecha ha de demostrar en estos momentos, ante el reto histórico que el Estatuto de Andalucía supone, el espíritu de grandeza que necesario es en tal menester, dejándose de inexistentes rupturas que sólo en su mente están, tratando de consensuar el texto con el resto de las fuerzas políticas en el Congreso. Ha de saber renunciar a ese sentido posesorio que siempre ha tenido sobre bienes, personas e instituciones, la verdad y la razón.

Cataluña y Andalucía tienen siempre gran importancia para ganar las elecciones generales. Analice la derecha si va por el buen camino -admitiendo siempre que perfecto derecho tiene a defender lo que defiende, faltaría más en una democracia- y explique bien por qué en cuanto a la financiación lo que se niega para Andalucía bien parece para Baleares y tenga siempre en cuenta que el pueblo andaluz es muy sabio como a lo largo de los siglos ha demostrado. Es generoso, sí, pero no ingenuo.