El socialismo «buenista»

Nada de lo que sucede en el PSOE debe extrañarnos. Ese presuntuoso imperialismo del bien llamado «buenismo» que convierte el sentimiento en estrategia, apuesta por la tolerancia extrema, entiende el diálogo como terapia. Del rojo al rosa. Derechos a granel. Un populismo sonriente y gaseoso, una pasión del ánimo, una concepción grosera de la permisibilidad. Una izquierda que reeduca en los valores de la corrección política progresista. La política como spot para alcanzar y conservar el poder. La improvisación y la ocurrencia. El desconocimiento. La impostura y la frivolidad. Bandazos a la carta. La imagen. Gobierno bonito. Gobierno anuncio. Escasas convicciones. Dinámica frentista. La desvertebración de la nación vía agregado plurinacional.

Un socialismo «buenista» que coquetea con la utopía de la armonía perdida, con la subcultura New Age que cree en la capacidad de convicción e irradiación de la Nueva Era, con el síndrome de 1968 que espera la expansión del campo de lo posible, con una sociedad en que se imponga el deseo o la ilusión, con una humanidad comunitarista que implemente la colaboración mutualista, con una concepción del mundo que percibe el liberalismo como manifestación del «malismo». Un socialismo «buenista» que se autoerige en el sujeto ético por excelencia.

Nada de lo que sucede en el PSOE debe extrañarnos, decía. El PSOE se ha ido transformando en un movimiento «buenista».

Ya en 2001 (Ciudadanía, Libertad y Socialismo así como Un partido para la España del siglo XXI) se aprecia el hilo «buenista»: «idea moral», «enriquecer el interior de la democracia», «democracia progresista y solidaria», «libertad real», «pasión cívica», «nuevo estilo de hacer política», «los poderes», «realización personal». Esa amalgama «buenista» que amasa y funde el discurso flácido y emocional, el afán utópico, la ingenuidad, la superioridad moral, el sentimiento, el optimismo antropológico, la autoayuda, el antiliberalismo, el populismo. Y la sonrisa.

El hilo «buenista» del PSOE continúa con la Ponencia de la Conferencia Política (2013), que contiene una Documentación Complementaria que se presenta ante ustedes con el eslogan «Ganarse el futuro». Una «reflexión serena y abierta» que denota la atmósfera flácida y gaseosa del «buenismo» tardozapaterista: «la utopía permite avanzar», la «legitimidad en origen» frente a la «legitimidad de todos los días» que se obtiene gracias a la «participación permanente» y «la consulta» que buscan «mucha más democracia y mucha mejor representación». A ello, hay que añadir una descalificación de las políticas neoliberales y una apuesta por el Estado pastor que nos conducirá a un modelo de convivencia justo en que las personas podrán desarrollar su «proyecto vital y de ciudadanía».

El rechazo de la meritocracia educativa y los «criterios de competitividad» que «no responde en nada a mejorar la capacidad de la educación, sino a la deliberada voluntad de crear las condiciones para su degradación y posterior privatización». Más: «la evaluación no es un mecanismo de selección». Adiós a la cultura del esfuerzo. Y hay que «recuperar la asignatura de Educación para la Ciudadanía». Sí: «se estudiará el mundo desde los valores de las mujeres». La dictablanda feminista.

Una concepción de la igualdad entre sexos que aboga por la discriminación positiva. O eso o la quiebra del bienestar y el desarrollo: «Aplazar el impulso en este terreno [la discriminación positiva] equivale a retroceder, porque no pueden aplazarse los objetivos para un igualdad real y efectiva, sin arriesgarse a retrocesos que nos costarán décadas volver a recuperar y que ponen en peligro el bienestar social y el desarrollo democrático y económico de las próximas generaciones». La filosofía «femino-buenista» del miedo.

La discriminación positiva o el grado omega del optimismo «buenista» que –suma y sigue– cree que las iniciativas empresariales, la representación, la cultura científica o el liderazgo surgen por decreto: «Promover programas específicos de apoyo especializado para la creación y consolidación de iniciativas empresariales de mujeres. Introducir en nuestra legislación la obligatoriedad de las cuotas de representación de las mujeres en los consejos de administración de las empresas y también en los comités de empresa… reformar las instituciones científicas, cambiar las empresas, y en definitiva cambiar la cultura y las prácticas de la ciencia, la investigación y la innovación. Y también tener más mujeres en puestos de liderazgo para impulsar el cambio cultural e institucional y atraer y ayudar a otras mujeres. De igual forma, políticas como la cultural deben garantizar la igualdad de género en todos los ámbitos culturales y reconocer el liderazgo de las mujeres en la creación artística». El populismo feminista contra el mercado, la metodología científica y la meritocracia femenina.

El hilo «buenista» llega a la Organización Territorial del Estado. En 2013 (Hacia una estructura federal del Estado y Un nuevo pacto territorial: la España de todos), el PSOE advierte que se debe «perfeccionar el modelo» para hacer frente a las «pulsiones neocentralistas» y la «ruptura nacionalista». La propuesta: «el modelo federal, cooperativo y pluralista». Veamos. ¿Se pueden equiparar la «pulsión neocentralista» y la «ruptura nacionalista»? ¿Auspiciar las «diversas aspiraciones nacionales que conviven en España»? ¿Reivindicar los «derechos históricos del Estatuto de Cataluña»? ¿Hay que «incluir competencias derivadas de las singularidades propias de las nacionalidades históricas»? ¿Reforzar el poder autonómico de las comunidades con lengua propia «en las políticas de ordenación, defensa y promoción de su lengua propia»? ¿Y el castellano? ¿Los «diferentes procesos en todos y cada uno de los órdenes jurisdiccionales, deben culminar en los Tribunales Superiores de Justicia de cada Comunidad Autónoma y no en el Tribunal Supremo»? ¿Se imaginan dónde y cómo estaríamos hoy?

La memoria histórica, claro está. ¿Reforma integral de la Ley de Memoria Histórica de 2007? ¿Comisión de la Verdad? ¿Ahora? ¿Qué verdad? ¿Qué criterio? ¿Qué objetivo? ¿Rehenes de la memoria subjetiva? ¿Retrocainismo? ¿Antifranquismo diferido? ¿Arañar votos a Podemos? ¿Maniobra de distracción o cortina de humo? ¿Todos los demás son franquistas menos nosotros? ¿Pasar a la historia por una anécdota? David Rieff: «La salvaguarda de la memoria histórica ha devenido una obligación moral de nuestra época. Pero, a veces los recuerdos cometen grandes injusticias con el presente». Y Jorge Luis Borges: «El olvido es la única venganza y el único perdón».

¿Quién dice que Pedro Sánchez no tiene programa? El «buenismo» socialista, o el bonapartismo «buenista», es su programa. Una propuesta involutiva que cuestiona el derecho a la libre educación, que feminiza por decreto todo lo que está a su alcance, que impulsa la depuración selectiva de la historia, que olvida lo prosaico. One World One Family. Más gasto. Más impuestos. Más cargos públicos.

Una mercadotecnia –teoría, práctica, táctica, estrategia y marketing– cuyo objeto es el poder. Y para ello, todo vale: acentuar el perfil movimientista y populista del PSOE, modernizar la imagen –perrita, gafas de sol y viajes– del líder, instalar una pantalla publicitaria en La Moncloa. Mucho Twitter y poco discurso. Angelismo. Frentismo. Contemporizar con quien convenga. Avivar el conflicto con la derecha liberal y rebajar la tensión con el secesionismo. Capitalizar lo que han hecho otros. O no hacer nada aparentando que sí se hace. O dejar las cosas a medias. Sin complejos. Todo por el poder. España bien vale unos gestos. Y después de Franco, ¿qué?

Miquel Porta Perales, escritor.

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