El suicidio de De Juana

Por Andrés Montero Gómez, presidente de la Sociedad Española de Psicología de la Violencia (EL CORREO DIGITAL, 17/11/06):

Ignacio De Juana quiere suicidarse. José Bono ha asegurado que podría haberlo decidido antes de asesinar a veinticinco personas. Si el terrorista etarra hubiera tomado antes la decisión de abandonar el planeta Tierra, el dolor no se habría convertido en el rostro de esa veintena amplia de familias que él destrozó. Si los asesinos a lo largo y ancho del planeta eligieran la violencia hacia sí mismos antes que la violencia hacia los demás, lo sentiríamos mucho por ellos, pero aceptaríamos algo más sus decisiones de muerte. Si un asesino en potencia desaparece por voluntad propia antes de hacer el mal, está haciendo algo de bien.

De Juana Chaos quiere suicidarse lentamente después de haber hecho mucho mal a otros seres humanos. Ha asesinado con decidida intención y premeditación. Por supuesto, en su mente gravitan constantemente ideas políticas con las que ha racionalizado su conducta asesina. Ignacio de Juana se dice a sí mismo que es un soldado en un conflicto y que ahora está preso por el enemigo. Así le es más sencillo llevar en su conciencia el peso del mal que ha ocasionado. Algunos opinan que Ignacio de Juana Chaos es un psicópata porque quería brindar con champán por el asesinato de seres humanos en Sevilla, cometido por terroristas de ETA. Desde aquí les sugeriría que no se apresuraran con las etiquetas. A veces la realidad psicológica del mal es mucho más trágica que las etiquetas con las que tratamos de presentarlo como una anormalidad. Es menos doloroso para nosotros, los ciudadanos que convivimos con nuestros pequeños y grandes roces, atribuir una conducta tan aberrante como el asesinato sistemático de seres humanos a una anormalidad patológica. Sin embargo, en la mayoría de los casos de asesinos por conveniencia, ya fueran los nazis que gaseaban a judíos, los serbios que violaban a mujeres en masa o los etarras que nos han arrancado ochocientas vidas, son personas normales que han fabricado razones para imponer violentamente su voluntad a los otros.

La mayoría de los terroristas son personas que han decidido que su razón, que sus ideas, pesan más que la vida de otros. Ignacio de Juana Chaos decidió, intencionada y meditadamente, que la democracia política a la que ahora pretende querer dedicarse con sus artículos de opinión está por debajo de su voluntad y de la voluntad del resto de etarras. Los terroristas son personas que piensan que sus ideas, las que sean, están por encima de la vida de otras personas y que tienen legitimidad para arrancar vidas y brindar con champán por ello. Ya sé que no parecen muy normales, pero la historia está llena de personajes que creyeron que podían imponer su voluntad a los demás por medio de la fuerza. Ignacio es uno de ellos.

Esta vez, Ignacio de Juana ha decidido que su huelga de hambre llegue hasta el final. De Juana es un preso, está cumpliendo la condena que le corresponde por sus asesinatos. Nuestro sistema de convivencia basado en la ley dispone las condiciones para suspender los derechos de determinados ciudadanos que amenazan al colectivo. Es lo que le ocurre a Ignacio de Juana, que ya tiene suspendidos algunos de sus derechos y al que se le suspenderá alguno más, porque nos está amenazando de nuevo. El derecho a alimentarse como quiera, dentro de las condiciones restringidas de la prisión, se le va a acabar en cuanto su vida corra peligro. Ayer mismo, la Audiencia Nacional autorizó los controles médicos para preservar su salud, incluida la asistencia hospitalaria. Y hay dos motivos para ello. El primero, que tiene algunos cuestionamientos éticos y jurídicos, está relacionado con la obligación de los poderes públicos de salvaguardar la vida en casos en los que perciben una situación de riesgo, todavía más si esa vida está bajo la responsabilidad de las instituciones públicas penitenciarias. El segundo, es que el intento de suicidio progresivo de De Juana es nuevo instrumento etarra de amenaza a nuestra convivencia.

En efecto, De Juana pretende instrumentalizar el proceso de desactivación de ETA manipulándolo. Ignacio de Juana es un elemento coactivo de ETA en la negociación con el Gobierno español. El mundo de ETA tiene una variedad de resortes para introducir presión en la ruta hacia su desaparición. Tenemos que acostumbrarnos a que ETA observa cada suceso de la realidad política, judicial o policial con sus propios códigos. Los códigos de ETA son aquéllos que le han servido para mantener treinta años de asesinatos. De manera que no nos tiene que sorprender que los etarras consideren que cada paso del Estado de Derecho es equivalente a un paso de ETA, que la apertura de una causa judicial se corresponde con el robo de unas armas o que una condena amerita un rebrote de la kale borroka. Aunque nos disgusten, los rechacemos y nos parezcan intolerables, son derivaciones habituales en el proceso de desactivación de un grupo terrorista. La huelga de hambre de De Juana es otro ingrediente más en la coctelera de presión que ETA tiene prevista para coaccionar al Estado en la negociación.

De Juana tiene doble valor estratégico para ETA. De entrada, sirve para amenazar al Gobierno con acciones de violencia concatenadas hacia el incremento de la tensión, activando la kale borroka para protestar, en apariencia, por la evolución de las causas judiciales. Pero sobre todo a ETA le sirve de revulsivo interno. José Antonio Urrutikoetxea y Otegi son conscientes de que la maquinaria de ETA no puede estar detenida tanto tiempo antes de finiquitar su identidad, porque está concebida para la acción terrorista. También lo son de que no pueden traspasar ciertos límites, porque el fin del terrorismo les interesa sobre todo a ellos, después de haber agotado el ciclo de la violencia y con el futuro político de las nacionalidades abierto. De modo que ETA tiene que mover sus fichas con medida. Y lo ha hecho en dos de sus frentes más sensibles para plantear problemas internos: las nuevas generaciones abertzales y el colectivo de presos.

Las nuevas generaciones abertzales han crecido socializadas y adoctrinadas endogámicamente en la creencia de que estaban luchando contra algo. Ahora es difícil decirles que esperen su turno en las listas de Batasuna para ser concejales noveles de un ayuntamiento. ETA necesita recanalizar todo ese totalitarismo larvado en cerebros adolescentes. Es un proceso complicado que, estoy seguro, resolverán. El otro vector interno de vulnerabilidad en ETA son los presos. Otegi y ‘Josu Ternera’, y los mismos presos menos atolondrados, saben que es el único ingrediente de la negociación técnica por donde van a obtener concesiones. Sin embargo, será muy lento y más sencillo para ‘Ternera’ en la clandestinidad que para Ignacio de Juana con una nueva condena de doce años a sumar. Por lo tanto, a Ignacio de Juana y a los presos, ETA los ha convertido un rato en protagonistas, activando la kale borroka de paso. Una amenaza al Estado que el Gobierno debe saber poner en contexto con sentido, otorgarle el significado adecuado en un proceso a medio plazo que será difícil.

De momento, los socialistas están haciendo buen uso de mensajes de firmeza a través de los medios de comunicación. Toda negociación con un grupo terrorista en una democracia trasparente tiene dos escaparates que tratan de vender al consumidor el producto más atractivo. Aquí tenemos dos, con los escaparatistas de ETA vistiendo a sus maniquíes de violencia controlada y con los del Estado vistiendo a los suyos con estrategias de comunicación, de momento acertadas. Tras los escaparates está la trastienda, donde se negocia. A De Juana le pondrán en tercer grado al final de la próxima legislatura porque se le ha roto un riñón en sus huelgas de hambre. Es un precio que pagaremos.