El sumo y la Yakuza

Quizás ningún otro deporte se lleve a cabo tan religiosamente como la lucha de sumo. Antes de un combate, los árbitros (que además son sacerdotes sintoístas) purifican las algas marinas, la saly el sake. Los luchadores lavan sus rostros, bocas y axilas antes de ingresar al dohyo (cuadrilátero), en cuyas arenas sagradas no pueden entrar hombres con zapatos ni mujeres. Antes del comienzo de un combate, los dos contrincantes levantan las manos para mostrar que no ocultan armas en los pliegues de su cinturón con aspecto de taparrabos.

Los dirigentes de la Asociación Japonesa de Sumo (AJS), luchadores retirados que rigen el deporte, se ven a sí mismos menos como administradores que como guardianes de una tradición sacra. Promueven a luchadores a los niveles más altos no sólo por su mérito bruto, sino según cuánta hinkaku (dignidad) piensan que poseen.

Esa dignidad se está desvaneciendo. Las acusaciones de combates arreglados, consumo de drogas, orgías y vínculos con mafiosos entre las principales estrellas de sumo han enfurecido al público japonés. De hecho, los círculos de sumo se enfrentan a una creciente pérdida de reputación pública que hace que muchos japoneses se pregunten si el país, tras 20 años de estancamiento, es realmente capaz de purificarse.

Respaldado por una airada opinión pública, el Departamento de Policía Metropolitano de Tokio practicó registros en cerca de 30 puntos, incluido un establo, o centro de entrenamiento, de sumo.

La acción fue un esfuerzo por obtener evidencias materiales sobre el nexo entre las luchas de sumo y la Yakuza, los grupos criminales japoneses cuyos antecedentes se remontan al siglo XVI.

La investigación continúa y la Policía Metropolitana de Tokio todavía no ha enviado a nadie a los fiscales públicos. Sin embargo, la amplia e incesante cobertura de la investigación por parte de los medios de comunicación sugiere que la policía ha proporcionado – y posiblemente incluso filtrado-información de la investigación a los periodistas, un medio común pero legalmente dudoso de ganar apoyo público.

Las apuestas son ilegales en Japón, con excepción de ciertas formas limitadas de apuestas públicas como las carreras de caballos, las carreras de ciclismo y las loterías. Por lo general, la policía japonesa hace la vista gorda ante las apuestas públicas que no amenazan la paz y el orden públicos. De hecho, existe una larga tradición de policías jubilados que ocupan lucrativos puestos en la Pachinko,la industria de facto de apuestas y, en menor medida, en los sectores de apuestas públicas. Estos vínculos plantean dudas sobre el objetivo real de la policía japonesa, un mastodonte burocrático, en su investigación del mundo del sumo.

El sumo evolucionó a lo largo de varios siglos como una forma de entretenimiento público en que los luchadores, entrenadores y promotores dependían de las bandas criminales locales para asegurarse instalaciones y un público, incluida la venta de entradas. Se supone que esta estrecha relación se disolvió cuando se modernizó el círculo tradicional de sumo y se convirtió en la actual Asociación Japonesa de Sumo. Sin embargo, parte importante de los ingresos de la AJS, si no la mayor parte de ellos, todavía procede de la venta de entradas, a pesar de las grandes sumas que paga la televisión pública japonesa (NHK) por los derechos de transmisión.

El sumo, como espectáculo tradicional, no puede sobrevivir sin protectores respetables. No obstante, los más ricos de Japón, como empresarios, médicos y abogados, hoy están menos dispuestos o tienen menor capacidad financiera para seguir protegiéndolo, especialmente desde el colapso de la burbuja de activos japoneses a principios de los años noventa.

En lugar de ello, los respetables protectores han ido cediendo paso gradualmente a una nueva y turbia clase de japoneses adinerados, que ha ido creciendo gracias a la usura y otros negocios oscuros. Como resultado, algunos establos de sumo se han vinculado de una u otra manera a gente que maneja compañías de fachada de organizaciones de la Yakuza.

La fuerte influencia de la Yakuza sobre el mundo del sumo es importante, porque su manera tradicional de vida se está desmoronando. En la década de 1950, los ministross industriales japoneses algunas veces recurrieron a elementos nacionalistas de la Yakuza para aplastar a sindicatos y socialistas.

Así, las bandas criminales pudieron revestirse de las virtudes japonesas de la hombría y la lealtad… y expiaban sus errores cortándose uno de los dedos de la mano.

Sin embargo, la economía japonesa, que apenas se ha mantenido a flote durante demasiados años, ha afectado a los ingresos de actividades tradicionales que requerían fuerza bruta, como las apuestas, la prostitución y los préstamos a interés de usura. Por ejemplo, la “depredación inmobiliaria” – la práctica de presionar a los propietarios de terrenos para que los vendan, tras lo cual el gángster puede obtener enormes utilidades-ya no es tan lucrativa como en el pasado, porque los precios de los terrenos se han mantenido en los mismos niveles por años.

Para compensar la situación, los grupos de la Yakuza entraron de lleno al fraude financiero, la manipulación de acciones y el cibercrimen, dando origen a una nueva generación de “nerds mafiosos” más interesados en los negocios que en la extorsión. Por ejemplo, Yamaguchi-Gumi, la mayor organización yakuza de Japón, posee cerca de 36.000 miembros y asociados, que representan poco menos de la mitad del total de gángsters de la Yakuza del país, y se estima que obtienen cerca de dos mil millones de yenes (18.000 millones de euros) al año.

La organización cuenta con cientos de entidades filiales en toda la nación.

Como en el caso de la mafia estadounidense, el celo policial ha puesto en prisión a varios jefes de la Yakuza. El sexto padrino de Yamaguchi-Gumi está en la cárcel hasta el 2011. Una vez que sea liberado, se espera que busque dar un gran impulso de revitalización a la organización a través de sus actividades ilegales tradicionales y nuevas. Algunos analistas sospechan que el círculo del sumo ha proporcionado algunos de los mejores asientos para ver los combates a jefes de la Yakuza. Como se transmiten por televisión, pudieron de este modo enviar señales al padrino de que le siguen siendo leales.

Así, es probable que el año próximo presenciemos un enfrentamiento entre la policía y el Yamaguchi-Gumi, y puede que el escándalo de las apuestas de sumo no sea más que su preludio.

Masahiro Matsumura, profesor de Política internacional en Momoyama Gakuin Daigaku (Universidad de Saint Andrews), Osaka. Copyright: Project Syndicate, 2010. Traducción: David Meléndez Tormen.