El Sur puede

La victoria de Syriza en Grecia marca un antes y un después en las políticas de la Unión Europea. El pueblo griego se ha pronunciado contra las políticas de austeridad que han destruido su economía y provocado un sufrimiento generalizado para permitir a la Europa del Norte contentar a su electorado y minimizar las pérdidas de sus bancos. Los griegos han dicho basta por dignidad antes que por cualquier otro cálculo. Y por eso no van a retroceder. Para acabar con la Merkel-dictadura vale incluso aliarse con la derecha nacionalista.

¿Qué pueden hacer Merkel y sus acólitos? ¿Cortar la financiación a Grecia? ¿Provocar una quiebra de su economía que motivaría un ataque masivo de los mercados financieros contra el euro? ¿Un euro del que depende la economía alemana tanto como las economías del Sur? ¿Expulsar a Grecia del sistema? De hecho ni siquiera existe un mecanismo legal para expulsar a nadie del euro o de la Unión Europea. Es más, Grecia puede bloquear medidas del Consejo de Ministros de la Unión Europea si fuera necesario. Syriza está en posición de fuerza en esta necesaria negociación. Merkel se la tendrá que envainar. No condonarán la deuda pero la convertirán en largos y cómodos plazos mientras extienden la línea de crédito por un tiempo limitado. Es todo lo que pide Syriza. Que le dejen reactivar su economía, generar crecimiento y poder pagar la deuda a plazos sin estrangular al país. Eso necesita Europa en su conjunto.

La crisis se ha agravado por tozudez, incompetencia de gestión económica y prioridad a la defensa de los intereses financieros sobre las condiciones de vida de los ciudadanos. Compárese con Estados Unidos, que sí ha salido de la crisis. Estabilización financiera para empezar, a condición de que los bancos devolvieran el dinero. Expansión del gasto público, creación de un sistema de salud (en lugar de recortarlo) e impulso a la investigación y la innovación, motores de la reactivación mediante emprendimiento. Ahora, Estados Unidos lidera el mundo desarrollado en crecimiento y su nivel de paro es del 5%. Lo que eran verdades económicas inamovibles se revelan burdos argumentos para aherrojar la Europa del Sur en función de los intereses del Norte, con la cooperación de los dirigentes políticos meridionales. Ese escenario se pone ahora en cuestión, como lo puso el 15-M, matriz del cambio. De ahí el pánico que se percibe en el Partido Popular y en el PSOE, ambos coincidentes en celebrar el bipartidismo cerrando filas contra el “populismo” de Podemos.

Tendrían que ser prudentes en enterrar a Podemos antes de matarlo. Porque hoy, con los datos en la mano, Podemos es el primer partido de España (y de Catalunya) en intención de voto para las elecciones legislativas del 2015. Según el sondeo de Metroscopia para El País del 18 de enero, el porcentaje de Podemos en intención directa de voto era del 28,2% frente al 23,5% del PSOE y el 19,2% del PP. Puede decirse que se trata de un dato puntual, pero más significativa es la tendencia de intención de voto en el largo plazo. En este sentido, le recomiendo, respetado lector, consultar el estudio publicado en Wikipedia (http//en.wikipedia. org/wiki/Opinion polling for the Spanish general election 2015) en donde se combinan las diferentes encuestas de múltiples fuentes y se elabora un gráfico compuesto que marca la evolución del voto o intención del voto desde las generales de noviembre del 2011 hasta diciembre del 2014.

Se observa una caída vertiginosa del PP, una caída sustancial del PSOE y un ascenso sin precedentes en la política europea de Podemos hasta situarse como primer partido en intención de voto. Claro que pueden pasar muchas cosas hasta noviembre (incluida una campaña virulenta y mendaz contra Podemos, de Arriola y sus mesnadas). Y también es cierto, como se esfuerzan en repetir PP y PSOE, que España no es Grecia. ¡Faltaría más! Entre otras cosas porque la gran mayoría de Syriza se ve favorecida por una ley inicua que hizo el bipartidismo para perpetuarse en el poder y que ahora se volvió contra sus autores: la prima de 50 diputados al partido ganador. Afortunadamente eso no sucede en España, aunque la ley también es inicua por la ley D’Hondt combinada con circunscripciones electorales a medida de la derecha.

Pero aun así, el reparto de escaños proyectado a partir de los sondeos actuales daría en torno al 115/118 al PP, 101/104 a Podemos y 77/80 al PSOE. Puede haber modificaciones. Pero lo que no parece que pueda cambiar es que ninguno de los tres partidos estaría en condiciones de gobernar, aunque el PP rascara de UPyD o Ciutadans, Podemos de Izquierda Unida o los nacionalistas catalanes y vascos entraran en alguna combinación que no podría ser con el PP. El pronóstico obvio sería el de una gran coalición PP/PSOE para defender el bipartidismo que ambos consideran esencial. De hecho es lo que quiere Mariano Rajoy. Pero el ejemplo del Pasok aterroriza al PSOE, que sabe que podría ser su fin. Aunque Susana Díaz sería más acomodaticia que Pedro Sánchez, porque siempre le quedará Sevilla. ¿Y por qué no, entonces, una gran coalición pero al revés, o sea, Podemos con el PSOE? ¿Aceptaría el PSOE ser compañero de viaje de quienes quieren destruir “la casta”? De no ser así, ¿nuevas elecciones?

Pero hay otro escenario: una primera desbandada del bipartidismo en las municipales y autonómicas y una victoria soberanista en Catalunya que acabe de desmadrar al bipartidismo centralista. Y mientras, la crisis sigue (25% de paro indica que no se ha superado), la Unión Europea paralizada y la ilusión de la gente de que tal vez se pueda salir de la austeridad y explorar un nuevo rumbo. Tiempos interesantes, también tiempos borrascosos. ¿Tiempos de esperanza?

Manuel Castells

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