El Talmud y la deuda griega

Hay dos formas de mirar la majestuosamente insostenible montaña de deuda soberana de Grecia. Hay, en primer lugar, una perspectiva pragmática y de corto plazo que se centra en asegurar algún tipo de reestructuración ordenada (posiblemente también para otros estados europeos vulnerables) sin detener el funcionamiento de la zona euro. Y, hay una perspectiva “moral”, que se centra en la naturaleza de la deuda y en las consecuencias económicas a largo plazo en caso de que no se la honre.

Ninguna perspectiva está equivocada; por el contrario, el problema es cómo conciliarlas. De hecho, no conciliarlas, parece explicar por qué la respuesta oficial a la crisis de la deuda griega ha sido tan inadecuada.

En estas circunstancias, el Talmud, el antiquísimo libro de comentarios jurídicos judíos – y una de las fuentes más antiguas del pensamiento humano sobre moral y actividad económica  – podría ser el depositario de la clave. Un pasaje frecuentemente citado proporciona una perspectiva fresca, sin que sea precisamente nueva, sobre la deuda de Grecia y la mejor manera de abordarla.

El pasaje se refiere a las ventas, divorcios y ofrendas y especifica que estos actos son legalmente válidos sólo si una persona los realiza voluntariamente. No obstante, en determinadas circunstancias, los tribunales pueden obligar a una persona hasta que la misma diga, en los hechos, que sí está dispuesta a ello.

El versículo dice, literalmente: “Nosotros (el tribunal) forzamos hasta que él diga que quiere hacerlo por voluntad propia.” Así que, “en los divorcios (si el hombre se niega a concederlo), nosotros ejercemos fuerza sobre él hasta que él diga ‘Quiero hacerlo voluntariamente’”. Del mismo modo, si un tribunal obliga a una persona a vender su propiedad, la venta es válida porque se considera que se ha llevado a cabo de forma voluntaria.

La comprensión de esta aparente contradicción arroja luz sobre la controversia en torno a la interrogante acerca de la participación de los tenedores privados de bonos en el paquete de rescate griego. Se argumenta que, para evitar una moratoria, los acreedores privados deben ponerse de acuerdo para asumir parte de los costos del rescate. Pero, ¿cómo imponer una pérdida financiera a los tenedores de bonos, sin que sea clasificada por las agencias de calificación crediticia como una moratoria? La respuesta predominante es que se tiene que coaccionar a los tenedores de bonos para que acepten dar su consentimiento de manera “voluntaria”.

Se podría descartar este conflicto como mera retórica. Sin embargo, mediante el uso de la lógica talmúdica, también se puede demostrar que existen mecanismos que pueden – y deben – ser utilizados para ejercer presión sobre las partes en aras de obtener resultados voluntarios que sean superiores.

Hay dos interpretaciones predominantes del pasaje talmúdico. Una sostiene que la coacción puede cambiar las formas de pensar. Cuando un tribunal obliga a una persona hasta que se rinde y dice que quiere seguir las órdenes, sus acciones para cumplirlas pueden considerarse como voluntarias, porque, en última instancia, ha tomado la decisión consciente de dar su consentimiento.

Si bien es técnicamente correcta, es una interpretación despiadada, ya que este tipo de comportamiento “voluntario” está destinado a dejar resentimientos tras de sí.

Una interpretación más benigna, basada en el principio de la acción colectiva, percibe que el tribunal tiene un papel decisivo en el logro de un equilibrio de bienestar superior. Las personas saben fundamentalmente lo que es bueno para ellas y para la sociedad, pero a menudo son reacias a actuar en consecuencia, por temor, vergüenza, o, muy a menudo, por la creencia de que sus acciones no serán útiles si otros no siguen sus pasos.

El tribunal, según este punto de vista, ofrece el mecanismo de coordinación, eliminando a los oportunistas (free riders) y obliga a todas las partes a un resultado que deja a todos en una mejor posición. Por lo tanto, las decisiones individuales, aunque extraídas bajo presión, se convierten, al evaluar el resultado, en realmente voluntarias.

Visto desde esta perspectiva, los esquemas unilaterales, como por ejemplo la propuesta original alemana (que obligaba a extender  voluntariamente por varios años los vencimientos de la deuda griega) sólo son voluntarios si se los considera según la interpretación despiadada. En iniciativas de este tipo, se obtienen consentimiento a regañadientes y la presión podría provocar respuestas abruptas. Las agencias de calificación están en lo cierto cuando las consideran como una moratoria “selectiva” que está destinada a ser contagiosa – y, con el tiempo, a convertirse en una reestructuración generalizada de la deuda.

La alternativa es buscar una salida cooperativa, en consonancia con la interpretación benigna de “forma voluntaria forzada” Esto puede lograrse mediante la adopción de algunas características del modelo utilizado en Europa del Este, conocido como la “Iniciativa de Viena”.

Algunas de las propuestas contemporáneas para hacer frente a la deuda griega “de forma voluntaria” pasan, de alguna manera, por esta dirección. Sin embargo, la iniciativa no es suficiente, ya que, básicamente, los tres pilares del modelo Viena no se encuentran presentes.

El primer pilar de dicho modelo es la participación simultánea de todas las partes – los soberanos tenedores de bonos y sus gobiernos, el Banco Central Europeo, y las organizaciones internacionales – en el diseño del plan desde el principio. El segundo ingrediente son los incentivos adecuados para participar, incluyendo la financiación directa de los gobiernos de los tenedores de bonos, mediante la utilización de los recursos que en la actualidad financian la transferencia de la deuda griega de manos privadas a públicas. El tercer componente es el ejercicio de persuasión sobre los tenedores de bonos para lograr la máxima participación, obtener compromisos previos vinculantes, y eliminar a los oportunistas.

Debido a que este plan implicaría pérdidas para los tenedores de bonos, se necesita un nivel considerable de respaldo oficial y presión de pares. No obstante, ganar tiempo para una salida más ordenada, mitigar el contagio, y reducir el tamaño de una eventual rebaja de la deuda, realmente, se suman para lograr un resultado superior.

Por lo tanto, bajo este modelo – y a pesar de la presión inicial  –  el comportamiento de los tenedores de bonos podría considerarse verdaderamente voluntario. Y, mientras que las agencias de calificación crediticia aún podrían considerar un desenlace tipo Viena como una moratoria, los sabios consejos talmúdicos nos muestra por qué es necesaria una clasificación más reflexiva.

Mario I. Blejer, ex presidente del Banco Central de la Argentina y Director del Banco de Inglaterra. Traducido del inglés por Rocío L. Barrientos.

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