El tercer milagro español y los incrédulos de Bruselas

En la capital de la UE quieren que España detalle partida por partida en qué va a gastar los dineros que le han concedido antes de dar vía libre a los primeros 27.000 millones en la Primavera de 2021. Al Consejo, a la Comisión y al Parlamento comunitario les preocupa que Sánchez y sus dos principales ministras de los dineros hagan oídos sordos a sus peticiones mientras los dirigentes políticos de todos los colores no cesan de atacarse y alejan cualquier posibilidad de trabajar en común para salir de la crisis.

Desde Moncloa les hablan del “tercer milagro” económico español, pero lo que descubren cada día es que nuestros políticos son incapaces de ponerse de acuerdo en las mínimas medidas para combatir la pandemia; que España se parece cada vez más a un “Estado fallido”, titulares de la prensa alemana y suiza por medio; y que el calendario de reformas y ajustes en nuestra economía que le impusieron al presidente no aparece por ninguna parte. La envidia se cuela por todas las costuras y la ira social se incrementa con cada confinamiento.

Las grandes cifras de los Presupuestos Generales del Estado para 2021, con ese techo de gasto de 196.097 millones de euros y los 140.000 millones de ayudas europeas como base indispensable para que las cuentas le cuadren al Gobierno, están listas para mandarlas a Bruselas. Junto a las cifras y sin nombrarlas aparecen como muy necesarias tres virtudes esenciales desde hace siglos: fe, esperanza y caridad.

Las ministras Calviño y Montero, que han dejado a un lado sus diferencias ideológicas y de partido para sumar voluntades de cara a convencer a Europa de las intenciones de España, han informado de los números y se han olvidado de los caminos para llegar a esa meta del 2023. Es en ese punto en el que las desconfianzas europeas de los 27 países hacen acto de presencia, pese a que en la Europa cristiana las tres palabras claves acompañan la teoría económica desde tiempo inmemorial.

Al escuchar a las ministras me viene a la memoria el nombre de Francisco Bustelo. Antes de convertirse en rector de la Universidad Complutense le tuve como profesor de Historia Económica en la Facultad que cerraba el área de la Complu y en la que terminaban todas las protestas contra el franquismo de los universitarios de finales de los años sesenta y comienzos de los setenta del siglo pasado.

El 'milagro' que Sánchez quiere que se prolongue durante seis años es el que se resisten a aceptar en Bruselas

Socialista y familia de todos los Bustelo que han pasado por la política y primo del expresidente Leopoldo Calvo Sotelo, más radical en su visión de España que Felipe González o Carlos Solchaga, don Francisco, marxista convencido, era consciente de que junto a las cifras y la lucha de clases aparecían una y otra vez las tres palabras que el cristianismo considera las tres principales virtudes que deben estar presentes en la vida de las personas y la sociedad: la fe, la esperanza y la caridad.

Sin la fe a espuertas que se necesita y van a necesitar la mayoría de nuestros diputados para creer que se van a cumplir, es imposible que los PGE se aprueben en el Congreso, se aprueben en la Comisión Europea, obtengan el visto bueno del Banco Central y de los Parlamentos de los 27 países miembros, desde los frugales a los ultra conservadores , permitan que los primeros 27.000 millones de ayudas lleguen a España en 2021. Es lo que nos están pidiendo mientras Sánchez y sus ministras insisten en que tendrán que esperar, en un acto de fe, a que España recupere el PIB de 2019.

La esperanza tiene utilidades múltiples. Sirve para pensar que la pandemia del coronavirus no terminará por destrozar al sector financiero, que es el gran temor del actual gobernador del Banco de España, y que la recuperación de la economía será posible en tiempo récord. Sin ella, contener el paro por debajo del 20% será una ilusión, y los 196.097 millones de gasto público que se contemplan se quedarán cortos y la deuda pública será muy superior a ese 118% del PIB que contempla este primer borrador que va a llevar el Gobierno de Sánchez a Bruselas pensando que no nos van a obligar a más concesiones y más controles.

Dicen los que no la necesitan que la caridad bien entendida empieza por uno mismo, incluso por encima de la prudencia y la templanza. En estos tiempos es la parte esencial del nuevo “milagro español” que plantean Pedro Sánchez y sus ministras, con ese crecimiento de nuestra economía por encima del 9% en 2021, y manteniendo unos gastos sociales que chocan con las condiciones de control fiscal, deuda pública y reformas estructurales que nos fijaron en Europa en el minuto uno de darnos los mil veces repetidos 140.000 millones durante los próximos tres años.

Este milagro que el presidente Sánchez quiere que se prolongue durante seis años -dando por hecho que ganará una o dos elecciones generales por medio y unos comicios autonómicos y municipales- es el que se resisten a aceptar en Bruselas, en Frankfurt y en el resto de las capitales de la Unión Europea. Ya sabemos que contra la caridad está la envidia, algo que parece sobrar en España y en Europa; que cuando la paciencia se agota suele aparecer la ira, un síntoma inequívoco de que se están haciendo mal las cosas; y que la falta de humildad siempre termina por descubrir la mayor o menor soberbia que siempre existe entre los gobernantes.

Raúl Heras es periodista.

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