El tigre y la jaula

«La propaganda puede atentar contra el sentido común sólo allí donde el sentido común ha dejado de tener validez» (Hanna Arendt, «Los orígenes del totalitarismo»)

EL biólogo Edward O. Wilson tiene escrito que «la lucha grupo contra grupo fue desde el inicio una fuerza motriz que nos ha hecho lo que somos hoy». Y añade: «la gente se siente obligada a pertenecer a grupos y, una vez incorporada a ellos, los considera superiores a los demás grupos». En cualquier caso, estos instintos tribales son enemigos de la civilización, que tiene la obligación de reprimirlos. Lo dejó escrito Sigmund Freud: «La cultura es represión».

Acabada la II Guerra (1945), surgió en Europa un gran acuerdo democrático que, primero, creó las condiciones para que naciera el estado de bienestar y, a la vez, emprendió la tarea de crear unas instituciones europeas que impidieran el rebrote de los nacionalismos. Y en ello estábamos hasta que se vino abajo el sistema soviético y poco después llegó la crisis… Y otra vez volvieron a resucitar los populismos, incluidos los nacionalistas. Todos antieuropeos, contrarios a la democracia representativa y partidarios de plebiscitos y referendos.

Cuentan que, durante la II Guerra, un periodista preguntó a Winston Churchill qué tales eran sus relaciones personales con el general De Gaulle, refugiado por entonces en Londres, y el premier respondió: «Todo hombre lleva sobre los hombros una cruz y a mí me ha tocado la de Lorena».

A los españoles nadie nos ha cargado con la cruz de Lorena, pero nos ha caído encima una bandera estrellada que imita a la de Cuba y que fue inventada por un nacionalista catalán a principios del siglo XX. El inventor firmaba sus escritos como Vicyme (de «Viva Cataluña y muera España»)… y vicyme ha estado presente en nuestras vidas desde que en 1980 Pujol llegó a la presidencia de la Generalidad, y allí siguió hasta 2003. El interregno de los tripartitos (la izquierda llegaba por primera vez al gobierno de la Generalitat) empeoró más las cosas a causa de aquella maldita ocurrencia (Zapatero y Maragall) del nuevo Estatuto, que, además, ha servido –con la crisis económica– de pretexto para montar el circo actual.

A partir de 2010 los nacionalistas impulsaron un «proceso» desde el poder de la Generalitat y de las corporaciones locales, renegando del pluralismo político y utilizando el poder institucional para imponer una ideología de obligada aceptación. Sometiendo así a todos los ciudadanos de Cataluña a un régimen donde derechos, como usar la lengua común, son perseguidos.

A juicio de Arcadi Espada, la forma básica del adoctrinamiento ha sido, sobre todo, pasiva, haciendo invisible a más de la mitad de los catalanes.

Los efectos políticos y sociales a la vista están:

1. División de la sociedad y hasta de las familias. Lo cual tendrá, si lo tiene, un largo y difícil arreglo.

2. Sacaron al tigre de la jaula, es decir, pusieron la política en la calle creyendo ser los únicos capaces de movilizar a la gente.

3. En un par de días (6 y 7 de septiembre de 2017) derogaron por sí y ante sí la Constitución y el Estatuto. Luego convocaron un referéndum ilegal y acabaron proclamando la República Independiente de Cataluña.

4. Como elemental y obligada respuesta, el Senado ordenó aplicar el artículo 155 de la Constitución y a su amparo el Gobierno convocó elecciones autonómicas (21-XII-2017).

Se ha dicho que el resultado de las elecciones ha dejado las cosas como estaban. Que lo digan los separatistas es lógico, pero que los demás nos lo creamos es un grave error, porque «la historia» no se va a repetir. ¿Por qué?.

En primer lugar, porque la aplicación del 155 apenas ha tenido respuesta ni entre los funcionarios ni dentro de la sociedad, y bien puede decirse que ha representado una gran derrota del independentismo. Además, la Justicia sigue su curso, lento pero inexorable, y hará pagar a los responsables políticos por los graves delitos que tan alegremente han cometido. Esas sentencias que tarde o temprano pondrán, muy probablemente, fuera de juego a una élite política que ha hecho un daño terrible ideológica, política y económicamente a la sociedad catalana.

Por otro lado y por primera vez, un partido no nacionalista ha ganado (en votos y en escaños) las elecciones autonómicas, y los separatistas, que esta vez se presentaron en tres listas, no podrán librarse fácilmente de la ruptura personal (entre Junqueras en la cárcel y Puigdemont haciendo el ridículo en Bruselas) y política (unos quieren dar marcha atrás y otros pretenden seguir subidos en el tigre).

Por lo tanto, no es soñar el pensar que más temprano que tarde aparecerán nuevos líderes nacionalistas dispuestos a recuperar el seny que los del procés echaron a perder.

Joaquín Leguina, expresidente de la Comunidad de Madrid.

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