El trío de Asia cumple cuatro años

Como muchas regiones del mundo, el Asia nordoriental afronta varias amenazas políticas graves a la hora de crear una estructura viable de paz, pero, en vista del poder en ascenso de China, semejante estructura regional resulta tanto más necesaria para que la actual falta de confianza no acabe en antagonismo militar.

Las relaciones entre las tres mayores potencias de la región –China, Corea del Sur y el Japón– están cargadas de disputas territoriales y amargos legados históricos del colonialismo japonés. Naturalmente, la interdependencia económica se ha intensificado a lo largo de los tres últimos decenios, pero el nacionalismo sigue siendo un instrumento útil para la movilización política… y la manipulación para fines internos y diplomáticos.

Además, aunque la Guerra Fría acabó hace dos decenios, Corea del Sur y China siguen siendo naciones divididas. Además, el desarrollo por parte de Corea del Norte de armas nucleares, su fragilidad económica y su incertidumbre sobre su futuro mismo como Estado son motivos de profunda ansiedad entre sus vecinos.

Sin embargo y pese a todos esos obstáculos, hay señales de que está surgiendo un impulso en pro de una mayor cooperación regional para superarlos. La reciente cumbre trilateral de China, Corea del Sur y el Japón es la cuarta reunión de esa clase que se celebra, además de los contactos que se producen en las reuniones internacionales, como, por ejemplo, las cumbres de la ASEAN.

Sin embargo y lamentablemente, los dirigentes de China, de Corea del Sur y del Japón aún no han logrado avance importante alguno sobre las cuestiones de seguridad más delicadas que los dividen, pero esa falta de éxito rápido no significa que esas gestiones sean fútiles. De hecho, cualquier avance en la clase de confianza necesaria para resolver esas enconadas disputas en materia de seguridad requerirá que los tres países establezcan sus reuniones anuales como un sólido organismo multilateral por derecho propio, que aborde las cuestiones más importantes en litigio y prepare un futuro regional mejor.

Por ejemplo, en la primera cumbre trilateral, celebrada en mayo de 2008, cuando la crisis económica mundial estaba cobrando impulso, las tres potencias concertaron acuerdos sobre canje de divisas. En la segunda cumbre, de mayo de 2009, los tres Jefes de Estado acordaron iniciar un estudio de viabilidad sobre un acuerdo trilateral de libre cambio. Si se puede hacer realidad dicho acuerdo, su importancia política y económica podría equivaler a la de la creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero de 1952, que fue el primer paso para el proceso de integración de Europa.

En la cumbre trilateral del año pasado, los dirigentes avanzaron aún más, al acordar la creación de una Secretaría de Cooperación Trilateral en Seúl para institucionalizar la cooperación entre los tres gobiernos. También aprobaron un proyecto de cooperación para los diez próximos años.

Entre las cuestiones examinadas en la cumbre celebrada el año pasado en Tokio, destacan algunas. En primer lugar, el Primer Ministro Japonés, Naoto Kan, el Presidente de Corea del Sur, Lee Myung-bak, y el Primer Ministro chino, Wen Jiabao, acordaron fortalecer la cooperación mutua en materia de seguridad nuclear y actividades de socorro en casos de desastre, lo que refleja el interés de los tres Eatados por cooperar de la forma más eficaz para prevenir y afrontar una crisis nuclear como la del desastre de Fukushima.

También prometieron cooperar en materia de desarrollo de la energía renovable, mejora de la eficiencia energética y desnuclearización de Corea del Norte. Además, acordaron acelerar el estudio de viabilidad con miras a un acuerdo de libre comercio. Corea del Sur y China ya han concluido un estudio de viabilidad sobre un acuerdo bilateral de libre comercio y probablemente iniciarán pronto las negociaciones oficiales.

En la declaración conjunta de la cumbre y las observaciones de los tres Jefes de Estado en la conferencia de prensa tras la conclusión de la cumbre, se ve la clara intención de China de mejorar las relaciones bilaterales con el Japón prometiendo cooperación relativa al asunto de las importaciones procedentes del Japón que podrían estar contaminadas con radiación de Fukushima. Semejante buena voluntad política es esencial para la estabilidad regional, en particular dado el deterioro de las relaciones chino-japonesas a raíz del enfrentamiento ocurrido el año pasado por la detención de un pescador chino por el servicio de guardacostas del Japón.

La actitud cooperativa de China en relación con las importaciones procedentes del Japón fue una respuesta a las constantes gestiones de Kan para calmar la preocupación internacional por la inocuidad de los productos agrícolas del Japón. Indudablemente, Kan abriga la esperanza de que el éxito al convencer a los socios comerciales para que levanten sus prohibiciones de dichos productos aumente su apoyo político interno, excepcionalmente débil.

Entretanto, Lee procuró poner encima de la mesa la cuestión de la campaña de Corea del Norte en materia de armas nucleares. Así, solicitó compromisos de China y del Japón sobre desnuclearización y cumplimiento del acuerdo de 2005 sobre Corea del Norte alcanzado en las conversaciones a seis bandas (en las que participaron los Estados Unidos, China, Rusia, el Japón, Corea del Norte y Corea del Sur).

Aunque la historia del diálogo trilateral entre China, el Japón y Corea del Sur es corta, constituye un nuevo y constructivo empeño en pro de la cooperación regional. Esa clase de planteamiento pragmático y funcional, en caso de que se fortalezca, promete dar impulso a la cooperación sobre cuestiones de seguridad más delicadas.

Al menos hasta ahora, las relaciones en materia de seguridad entre Corea del Sur y el Japón, ambos aliados de los EE.UU., y China han revestido un mayor o menor carácter de enfrentamiento. El fortalecimiento de las relaciones entre esos dos países con China aumentaría la posibilidad de crear un nuevo orden pacífico para el Asia nordoriental. De hecho, las medidas encaminadas a la creación de un clima de auténtica cooperación trilateral son la única forma eficaz de mejorar la seguridad regional.

Por Yoon Young-kwan, ministro de Asuntos Exteriores de Corea del Sur en el período 2003-2004, y actualmente profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional de Seúl. Traducido del inglés por Carlos Manzano.

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