El Ulster ya vuela

Por Irene Boada, periodista y filóloga (EL PERIÓDICO, 08/05/07):

“Gran Bretaña no tiene ningún interés egoísta, estratégico o económico en Irlanda del Norte”, declaró en 1990 el ministro británico para el Ulster, el conservador Peter Brooke. Este fue un aspecto clave que hizo que el Sinn Féin, el brazo político del IRA, se entregara a la vía dialogada y que el grupo terrorista dejara, poco a poco, de matar o agredir. A partir de hoy este partido, estrechamente vinculado a la violencia durante décadas, formará Gobierno, un Gobierno que ha estado paralizado cinco años a causa, precisamente, de las actividades de espionaje de algunos de sus dirigentes. Y lo hará ni más ni menos que con los unionistas radicales de Ian Paisley. Hoy se celebrará a lo grande el final de un proceso que no ha sido fácil.
Precisamente, el derecho de autodeterminación marca una gran diferencia entre la situación irlandesa y la española en relación con el País Vasco, ya que el Gobierno español nunca ha hecho una declaración parecida a la que hizo el Gobierno de John Major ni parece que tenga intención de hacerla próximamente. Pero el Gobierno británico aún fue más allá. Recientemente, en el diario inglés The Guardian, otro ministro para el Ulster, en este caso el laborista Peter Mandelson, aseguraba que Tony Blair ha estado siempre dispuesto a hacer tantas concesiones al Sinn Féin como fuera necesario para no parar el proceso de paz.

LO HIZO PESE a saber que estaba sacrificando el destino de los partidos moderados norirlandeses que tanto habían contribuido al Acuerdo. Por ejemplo, Blair presionó duramente al primer ministro nor- irlandés, David Trimble, líder de los unionistas moderados, para que formara Gobierno con el Sinn Féin antes de que el IRA diera algún paso hacia el desarme, incluso después de los atentados de Nueva York. El sacrificio de los unionistas moderados puso en bandeja la victoria posterior de Paisley, que solo ha aceptado gobernar con el Sinn Féin cuando ha tenido bien segura la victoria. Otro sacrificado fue John Hume, Nobel de la Paz como Trimble, que renunció a preservar el programa moderado de su partido para poder ir allanando el camino.
Los ilusionantes progresos irlandeses que están dando frutos estos días contrastan con el estancamiento vasco. Pero el compromiso en las islas ha sido intenso, y el sacrificio, permanente por todas las partes. Británicos e irlandeses han demostrado de sobras su determinación política, y han hecho todo lo posible para convencer a los violentos de que se pasen a la política. Tanto el Gobierno laborista de Blair como la oposición conservadora han estado siempre unidos y han evitado el tentador uso electoralista de la situación. Además, el lenguaje y la diplomacia, fundamentales siempre, pero especialmente en situaciones de conflicto, ha sido respetuoso, constructivo y amable a pesar de las numerosas dificultades, con asesinatos incluidos, que iban surgiendo.
Diversos aspectos han sido la clave de su éxito. En primer lugar, ha sido un proceso inclusivo. Desde la cárcel, los terroristas fueron consultados periódicamente durante todo el proceso y, entre los años 1998 y 2000, salieron de la cárcel 433 terroristas (193 lealistas y 229 republicanos). Por otra parte, la firma del Acuerdo de Paz significó el final formal de la violencia, pero no su desaparición total. Nadie puede negar que los principales protagonistas –el Gobierno británico, el irlandés, Estados Unidos y la Unión Europea– tuvieron una paciencia infinita con el IRA para conseguir sacar a la organización terrorista de la trampa-gueto en la que ella misma se había metido. Su capacidad violenta ya había quedado disminuida a finales de los 80 por el Ejército británico, pero, de todos modos, los republicanos ya se iban dando cuenta de que con la violencia nunca logra- rían sus fines. En cambio, se dieron cuenta de los frutos que podían obtener en la esfera política. Si se presentaban como valientes luchadores por la paz y contra la intransigencia de los británicos y unionistas, aunque, lógicamente, sería difícil que muchos tragaran, tal vez les iría bien. Y, de hecho, desde 1998 el éxito del Sinn Féin en las urnas no ha parado de crecer.

NEGOCIAR no es rendirse. Ser capaz de perdonar no quiere decir estar de acuerdo con los violentos, ni tampoco perder credibilidad democrática. Mientras tanto, la ambigüedad puede ayudar. Mientras Paisley dice a sus votantes que el Acuerdo asegura más que nunca la unión con Gran Bretaña, el mensaje de Martin McGuinness es que ha empezado la marcha atrás hacia la Irlanda unida. Pero la realidad es que todos los partidos norirlandeses pueden continuar persiguiendo sus aspiraciones políticas por medios pacíficos, y que, a partir de hoy, trabajarán juntos. Lo harán en un soberbio edificio de Stormont, presidido por la estatua de Edward Carson, un unionista visionario que en 1921, justo antes de que la República de Irlanda se independizara, ya advirtió inútilmente de que los poderes centrales acostumbran a menospreciar a las minorías: “Dijimos que no podíamos confiar en que un Parlamento irlandés en Dublín hiciera justicia con la minoría protestante. Desde Stormont digo que espero que no nos puedan hacer esta recriminación a nosotros. Desde el prinicipio, mostrémosles que la minoría católica de Irlanda del Norte no tiene que temer jamás a la mayoría protestante”.