El valor de una China global

SHANGHÁI – En el curso de casi 40 años de reforma económica, China ha cosechado frutos extraordinarios a partir de su apertura al mundo. La integración a la economía global –aunque un elemento secundario del histórico giro más amplio del país hacia el mecanismo de mercado- ha permitido que millones de ciudadanos de China salieran de la pobreza, transformando al mismo tiempo a China en la economía más grande del mundo en términos de paridad de poder adquisitivo. Y el potencial de semejante compromiso no se va a agotar por ahora, según muestra nuestra nueva investigación.

Por ejemplo, mientras que China domina el 11% del comercio de mercancías global, representa solamente el 6% del comercio global en servicios. Es más, si bien los bancos, los títulos y los mercados de bonos de China están entre los tres principales del mundo en cuanto a tamaño, las entidades extranjeras representan menos del 6% de su valor. Y si bien China tiene 110 compañías en el Global Fortune 500, menos de una quinta parte de su ingreso se obtiene en el exterior, comparado con el 44% en el caso de las firmas del S&P 500.

Inclusive antes de las tensiones comerciales de hoy, la relación entre China y el mundo ya venía cambiando. La relativa exposición de China al resto del mundo –en términos de comercio, tecnología y capital- alcanzó un pico en 2007, y ha venido declinando desde entonces, produciendo una caída general de 2000 a 2017. Esto refleja en parte el creciente énfasis de la economía en el consumo interno –una tendencia que se aceleró después de que la crisis financiera global redujera marcadamente la demanda extranjera de exportaciones de China.

El valor de una China global

Sin embargo, en el mismo período, la exposición del resto del mundo a China aumentó, destacando la creciente importancia del país como mercado, abastecedor y proveedor de capital. Esta divergencia probablemente refleje la dinámica desequilibrada que alimenta las tensiones comerciales con Estados Unidos. La simple escala del impacto de China también puede ser un factor. Los vínculos económicos más estrechos con el mundo han alimentado el crecimiento de China, en tanto el país aprendió buenas prácticas de los jugadores globales y ofreció productos competitivos en términos de costos. Pero también ha habido pérdidas, principalmente de empleos industriales tanto en China como en las economías avanzadas.

En cualquier caso, China y el mundo enfrentan cuestiones importantes en la trayectoria de su compromiso mutuo. En juego, según nuestra simulación, puede haber unos 22-37 billones de dólares en valor económico –o 15-26% del PIB mundial- en 2040. Cabe observar que estas estimaciones son el resultado de una simulación basada en un conjunto específico de condiciones y suposiciones, y no deben ser tomadas como pronósticos. Por ejemplo, para los escenarios, hemos hecho suposiciones sobre cómo diversos factores podrían afectar la productividad total de los factores. Nuestro análisis es sensible al grado de liberalización que se produciría en el sector de servicios chino, a los incrementos en la productividad del capital como resultado de una mayor globalización financiera y a mejoras de la productividad a partir de la transferencia de tecnología. La simulación se centra en el impacto a largo plazo. No intentamos predecir el resultado de los debates actuales sobre comercio y aranceles.

Con menos predicciones que posibilidades, nuestra simulación ofrece una perspectiva sobre las implicancias de las opciones para China y el mundo en cinco áreas clave.

1.      Crecimiento como destino de importación: China puede retirarse del comercio internacional y el mundo puede no reformar el sistema de comercio multilateral, causando una caída de los flujos comerciales globales totales. A la inversa, China podría avanzar, consolidándose como un destino importante para las exportaciones de las economías emergentes y avanzadas. El valor total en juego, según nuestra simulación, es de 3-6 billones de dólares entre hoy y 2040.

2.      Liberalización de los servicios: China puede mantener las restricciones actuales en su sector de servicios, que crean una brecha de productividad frente a las economías desarrolladas, o podría hacer retroceder estas restricciones, atrayendo más actores extranjeros e impulsando así el crecimiento del sector y la competitividad global. Aquí, podría haber en juego 3-5 billones de dólares.

3.      Globalización de los mercados financieros: China y el mundo pueden integrar sus mercados financieros, ampliando así la opción de los inversores y mejorando la distribución de capital, o pueden mantener el status quo, corriendo el riesgo de una mayor volatilidad y un bajo crecimiento de la productividad. Estimamos que 5-8 billones de dólares de valor podrían estar en juego.

4.      Colaboración en bienes públicos globales: Los desafíos globales, como el cambio climático y el suministro de bienes públicos adecuados, tales como infraestructura, dependen de que China y el mundo colaboren. Una mayor o menor colaboración podría poner en peligro unos 3-6 billones de dólares de valor, y potencialmente mucho más, ya que se espera que el impacto del cambio climático sea mucho mayor después de 2040.

5.      Flujos de tecnología e innovación: Mayores flujos de tecnología (y conocimiento) entre China y el resto del mundo respaldarían el desarrollo de soluciones competitivas y de mejora de la productividad a nivel global; menores flujos minarían la productividad global. El mundo también puede decidir cómo facilitar más o menos flujos de tecnologías que son cada vez más objeto de controles de seguridad. Según nuestra simulación, podrían estar en juego 8-12 billones de dólares, dependiendo de hasta qué punto los flujos de tecnología generen innovación y crecimiento de la productividad.

Es importante observar que estas opciones no se refieren exclusivamente a China; el mundo también tiene decisiones por tomar. Por ejemplo, al trabajar juntos para reformar el sistema de comercio global de maneras que fortalezcan la resolución de disputas e impulsen la inclusión, los países pueden garantizar que los beneficios de un mayor comercio chino (y otros) se compartan ampliamente.

Es más, si China toma medidas para globalizar aún más su sector financiero, el resto del mundo debe abrirse a la inversión china. Y, por supuesto, todos los países deberían desempeñar un rol en el suministro de bienes públicos globales. En cuanto al cambio climático, en particular, deben comprometerse a alcanzar hitos específicos en línea con sus capacidades y contribuciones al problema. Finalmente, los países deben asegurar que sus políticas comerciales y de inversión conduzcan a una transferencia continua de tecnología y conocimiento.

Todavía hay mucho por ganar con la integración continua de China al sistema global. El interrogante es si los líderes mundiales harán lo que hay que hacer para generar ese resultado. Todas las partes hoy deberían tomar aliento e intentar descifrar dónde y cómo favorecer aún más la integración, y cómo lidiar con los aspectos más complejos y contenciosos de ese desafío.

Jeongmin Seong is a senior fellow at the McKinsey Global Institute in Shanghai.
Jonathan Woetzel is a McKinsey senior partner, a director of the McKinsey Global Institute, and co-author of No Ordinary Disruption: The Four Global Forces Breaking All the Trends.

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