El valor del turismo

Con alarmante perplejidad leemos que el ministro de Consumo dice que el turismo es un sector de bajo valor añadido con una actividad estacional y precaria, un claro desprecio al sector que, individualmente considerado, más aporta a la generación de riqueza en España. Dicho además por un economista invita a pensar, en el mejor de los casos, que la asignatura de Estructura Económica de España, donde se estudia la importancia y peso de cada sector en la economía española, debió pasarla raspada.

De acuerdo al INE, el turismo supone un 12,3% de la economía española, cerca de 150.000 millones de euros en 2019, ningún otro sector aporta tanto valor a la riqueza nacional. El pasado año fue el último de la larga serie de crecimiento del sector iniciada en 2012, especialmente intenso a partir de 2013, con el inicio de la recuperación de la confianza en la economía española; entonces el peso del turismo en nuestra economía era dos puntos inferior a lo que es hoy.

El valor del turismoDe acuerdo al informe bianual que elabora el World Economic Forum, que mide la competitividad turística de cada país, en 2011 España ocupó el puesto número ocho, en 2013 el cuatro y desde entonces, en los informes de 2015, 2017 y 2019 somos el número uno mundial. El informe se hace en base a más de noventa indicadores relacionados con catorce pilares fundamentales que influyen en la competitividad turística de cualquier país y que van desde el entorno para hacer negocios hasta los recursos naturales y culturales disponibles, pasando por la seguridad, sistema de salud, recursos humanos y mercado laboral, grado de digitalización, prioridad política del sector, nivel de precios, sostenibilidad ambiental o infraestructuras. A día de hoy no sabemos el puesto que el ranking mundial de competitividad turística nos otorgará en 2021, pero me temo lo peor. Lo que sí sabemos es que hoy, según el ranking de la aseguradora alemana DKW, de entre 33 naciones del continente europeo, España ocupa el último lugar en cuanto a seguridad tras la gestión del Covid-19. La inepta, cuando no negligente, gestión nacional de la pandemia más la miopía política a la hora de prever -o al menos plagiar, que a estos efectos es permisible- lo que en otros países asiáticos o europeos se hacía en cuanto al pertrecho de elementos imprescindibles para la lucha contra el virus, ha derivado no solo en récord mundial de muertes por millón de habitantes, sino también en la economía con mayor destrucción de empleo y caída de la actividad de la eurozona.

El impacto en nuestra economía es una tragedia, en el turismo, sencillamente una hecatombe. Este sector no produce bienes que se almacenan hoy para venderse mañana; al contrario, produce y vende servicios no almacenables de manera que la noche de hotel que no vendes, no tiene segunda oportunidad, ni las mesas de restaurantes, ni los asientos de los aviones, ni los coches de alquiler, ni las excursiones, ni un largo etcétera de todos los servicios que integran el sector turístico.

Por si fuera poco, hace unos días el Gobierno se despacha con el anuncio de poner en cuarentena a los turistas que vengan a España. O sea que a los alemanes -cuya gestión de la pandemia les ha llevado a índices de contagios y muertes muy inferiores a España con el doble de población- les decimos que si vienen, les obligaremos a estar todas sus vacaciones metidos en la habitación de su hotel y a los catorce días, vuelta a casa. El sinsentido de tantas iniciativas -por cierto inspiradas en su mayoría desde Podemos-, al margen del matonismo con el que son formuladas cuando proceden del amo de la plantación, no puede explicarse solo en la estupidez pues esta, incluso en personajes como el propio vicepresidente del Gobierno, tienen un límite. Es probable, por ello, que nos estemos perdiendo algo y que lo que parece simple necedad, en el fondo, no sea más que parte del tantas veces anunciado objetivo Podemita de aniquilar el régimen político democrático derivado de nuestra ejemplar Transición política para sustituirlo por su tantas veces aplaudido y admirado modelo chavista; y para ello, ya se sabe, cuanto peor, mejor.

Atacar de la manera que se ha hecho al primer sector de la economía española quizás no sea fruto de la torpeza, ni siquiera de la ignorancia y acaso forme parte de una estrategia de mas largo alcance para instaurar al sur de Europa una dictadura de claro corte y matiz comunista; algunos tics, aprovechando el estado de alarma, ya estamos viendo en el día a día. Sin embargo, las encuestas, incluidas las del CIS, dicen que la mayoría de los votantes y militantes del PSOE rechazan el cambio de régimen por el que suspiran estos neocomunistas que hoy gobiernan en España. El propio presidente del Gobierno («si Iglesias estuviera en el Gobierno no podría dormir») estoy seguro de que rechaza tal involución. Cuestión diferente es que tenga que aguantar los desmanes y bravuconadas de su socio por ser este, precisamente, quien le mantiene en La Moncloa.

El PSOE es un partido del que ideológicamente me separan muchas cosas, pero no las suficientes como para dejar de reconocer que en estos cuarenta años de democracia ha hecho cosas importantes para España. Un partido en el que conozco, he tratado y trabajado como funcionario de la administración con personas suficientes como para evitar la tentación de generalizar pues sería una injusta enmienda a la totalidad. Sin embargo pienso que en esta hora difícil para España, el PSOE no ha tenido suerte con su secretario general, infortunio que igualmente sufrimos los españoles teniéndole como presidente. Ya que su socio no lo hace, al menos alguien de su partido debería explicarle el valor del turismo.

José Manuel Soria fue ministro de Industria, Energía y Turismo (2011-2016).

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