El vaso medio vacío

Tras varios años de un clima generalizado de bonanza económica, presidido por el crecimiento de los beneficios empresariales y su reflejo en las revalorizaciones de las cotizaciones bursátiles, aparece un dato preocupante: la inflación.

El incremento de los precios es debido a varios factores: a) el gran crecimiento económico experimentado en las economías de los países emergentes ha invertido su rol de exportadores de materias primas a demandantes de las mismas, lo que ha provocado un incremento en los precios, sobre todo de productos agrícolas; b) el petróleo ha mantenido su tendencia alcista por factores más geopolíticos que económicos.

Los bancos centrales, por otro lado, para evitar la desestabilización económica, tomaron en su día medidas monetarias de incremento de los tipos de interés (en EEUU el 5%, y en Europa, el 4%). Estas medidas, ortodoxas desde un punto de vista de política monetaria, han resultado ser desestabilizadoras, y han causado la aparición de un fenómeno no previsto inicialmente: el incremento de la morosidad hipotecaria --se ha situado en un 8% desde un 4% histórico-- en EEUU y la consecuente recesión en el sector inmobiliario.

Es sorprendente, como mínimo, que un incremento de cuatro puntos porcentuales de la morosidad norteamericana haya desencadenado toda una crisis del sistema. En un contexto, como el actual, de globalización del sistema bancario y de una alta sofisticación financiera de los distintos métodos de cobertura de riesgos, se han producido unas pérdidas muy elevadas, todavía sin cuantificar en su totalidad, en las cuentas de explotación de las principales entidades bancarias mundiales. Esta incertidumbre respecto a las posibles provisiones, aún no reflejadas en los balances de las entidades, ha generado un clima de desconfianza entre estas, lo que ha derivado en una falta de liquidez en el sistema financiero global, como consecuencia de la restricción del crédito interbancario.

Los efectos de la crisis hipotecaria norteamericana (hipotecas subprime), antes comentados, si ocasionaran todavía más descalabros en los beneficios de la entidades financieras, provocarían un incremento en la tasa de paro, con el consiguiente descenso del consumo, que a su vez podría desencadenar fuertes rebajas de los resultados empresariales, y ocasionar una ralentización del crecimiento económico e incluso un periodo de recesión. Es decir un efecto dominó de caída de toda la economía.

Pero no todo es tan negativo: a) la economía alemana sorprende creando empleo, exportando en altos niveles (máximo histórico de superávit comercial) y con un ajuste del sector público que, por primera vez desde 1969, cierra sus cuentas con superávit, además de experimentar un ahorro constante de su población, que no solo aumenta su renta, sino que reduce su gasto; y b) las previsiones de crecimiento de las principales economías para el 2008 siguen siendo positivas, y estabilizan los incrementos de años anteriores.

¿Qué pasó el 21 de enero en los mercados? Igual que en la economía mundial, las bolsas de valores han reflejado, durante mucho tiempo, revalorizaciones constantes, sustentadas por crecimientos continuados de los beneficios empresariales y por la confianza que los inversores demostraban tener en el mercado.

Los nubarrones aparecidos en las distintas economías mundiales han alertado a los inversores de que: a) la crisis de liquidez del sistema financiero se está transformando en una restricción de crédito tanto empresarial como personal, con el consiguiente efecto en la reducción del consumo; b) las previsiones de los crecimientos de los beneficios empresariales empiezan a mostrar síntomas de agotamiento, por lo que los principales valores cotizados ya no presentan grandes expectativas de revalorización; c) se está poniendo de manifiesto con claridad un descenso en el índice de confianza de los inversores, que abandonan el mercado de valores y se refugian en inversiones de menor riesgo.

La decisión del presidente de EEUU de aplicar, además de medidas de política monetaria, modificaciones sustantivas en materia de política fiscal, han provocado un efecto tormenta en los mercados, ya que presuponen que estas medidas son debidas a un entorno económico mucho peor del hasta ahora pronosticado.

Igual que las personas, el mercado tiene una psicología propia, por lo que no es tan fácil predecir qué consecuencias tendrá una noticia: es decir, si se va a interpretar positivamente y se verá la botella medio llena, o, por contra, tan solo se verá medio vacía. La noticia, conocida el fin de semana, de la adopción de ágiles medidas macroeconómicas en EEUU ha sido terriblemente mal acogida por los mercados, que han interpretado esa agilidad en el sentido de que la economía norteamericana (un tercio del mundo) está mucho peor de lo que opinaba el mercado.

Recuerden que en bolsa cotizan las expectativas y no las noticias, y estas no son muy halagüeñas en estos momentos.

Carme Hortalà, Directora de la agencia de valores G.V.C.