El verdadero objetivo del EI

Este no es un buen momento para las revistas en Estados Unidos. Algunas de las más antiguas y famosas han desaparecido en los últimos años. Una que ha sobrevivido y parece hacerlo relativamente bien es la revista Atlantic. Apareció por primera vez antes de que Abraham Lincoln se convirtiera en presidente, es decir, hace mucho tiempo. Aún se lee, y un muy largo artículo que publicó a principios del 2015 se está discutiendo acaloradamente hoy en día: “¿Qué Estado Islámico quieren realmente?”.

Este tema sigue siendo de interés a pesar de que los expertos militares creen que los mejores días de este grupo terrorista pertenecen al pasado. Han perdido territorio y pueden perder más, y algunos de sus líderes fueron asesinados. No aprendieron la vieja lección de que cuando un movimiento terrorista empieza a “liberar el territorio” se vuelve vulnerable, ofreciendo un blanco a sus enemigos, y queda expuesto a la represalia masiva. Un grupo terrorista puede ocultarse fácilmente, pero una vez que se establece abiertamente como una especie de Estado con bases permanentes, una burocracia y un ejército, la situación cambia.

El artículo de Atlantic aborda si las personas que quieren establecer un nuevo imperio musulmán y mientras tanto se dedican a cortar gargantas y quemar viva a la gente se creen lo que dicen, o si sus verdaderos objetivos son diferentes. Entre los participantes en este debate hay pocos profesionales expertos en el pensamiento religioso islámico. Estos suelen ser gente muy cautelosa y reticente a participar en los debates que son más a menudo emocionales (y políticos) que académicos y desapasionados. Una excepción notable es Bernard Haykel, profesor en la Universidad de Princeton, tenido como la principal autoridad occidental en materia de teología (o ideología) del EI. Pero Haykel es un libanés de origen cristiano y por tanto pocos musulmanes compartirán el diagnóstico de un extraño.

La cuestión básica es la siguiente: ¿la teología del EI, como se indica en sus innumerables panfletos, discursos, entrevistas y en internet, verdaderamente refleja el islam o es sólo una versión sectaria radical del islam? Esta pregunta no tiene respuesta. En el islam no hay una autoridad espiritual suprema reconocida por todos (o incluso sólo por la gran mayoría de creyentes). Pueden ponerse de acuerdo en algunas cuestiones como el hach, la peregrinación a La Meca, pero estar en desacuerdo en muchos otros. Uno de los principales problemas es la demanda del EI de restaurar el Califato, que terminó en 1924 con la caída del imperio otomano.

Hace muchos años, san Agustín dijo: “Roma locuta, causa finita est” (Roma ha hablado, se acabó la discusión). Pero el islam no tiene Vaticano y ningún Papa. Abu Bakr al Bagdadi se nombró a sí mismo califa, pero según la ley y la tradición islámica el califa debe ser nombrado por Alá o elegido por un grupo de líderes representativos. En teoría no debería haber sólo un califa, a menudo había varios. Los ahmadía, una secta musulmana de India, tenían su propio califa, por poner un ejemplo, e incluso en Nigeria tenían un califa suyo. En Egipto, el jefe de Al-Azhar, la universidad islámica, fue reconocido como el líder espiritual de los musulmanes (pero no necesariamente por los Hermanos Musulmanes y otros radicales) y sólo rara vez por los musulmanes fuera de Egipto. Al Bagdadi, el autonombrado jefe del EI, estudió la ley islámica en la capital iraquí, pero no es en absoluto aceptado como autoridad líder por otros musulmanes. Lo mismo ocurre con los líderes espirituales de los talibanes, juzgados a los ojos de los juristas musulmanes como advenedizos. En resumen, las comunidades musulmanas están hoy profundamente divididas y la reclamación por Al Bagdadi de ser la única voz auténtica del islam se limita a la región en la que prevalece el poder de fuego del EI. El Estado Islámico nació en Iraq y sus líderes eran exoficiales del ejército de Sadam Husein. Algunos pueden haberse convertido en extremistas religiosos en los últimos años, pero hay muchas razones para creer que la barbarie del EI se deriva al menos tanto del carácter del régimen de Sadam como de cualquier otra tradición. El artículo de Atlantic argumentó que no era correcto desestimar la reclamación del EI como “no islámica” sólo porque las viejas autoridades establecidas no estaban tras él. Bien podría ser que ambas partes en este debate estén en lo cierto: que tanto los extremistas religiosos como los escépticos seculares están representados en el liderazgo del EI. Esta, a fin de cuentas, no es una cuestión religiosa, sino un problema de influencia política y militar. Interpretar al EI se está convirtiendo en una nueva verdadera industria en algunos países occidentales. Pero no todos los que proporcionan explicaciones e interpretaciones están muy bien informados. Muchos no saben árabe y dependen de traductores. A largo plazo se debe preferir una valoración realista.

Walter Laqueur

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