El virus: Rajoy es culpable

Hay divergencias sobre cómo el Gobierno ha encarado la pandemia del coronavirus. Se critica que tardó en ponerse las pilas y que animar las manifestaciones de miles de personas en pleno brote del virus fue una temeridad. Ahora, se dice, ya está conectado.

Pero veamos las reacciones que se habrían producido si el pepero Rajoy hubiera estado en la presidencia. Supongamos que nuestro país viniera arrastrando una pertinaz sequía de diez meses y los agricultores de Murcia y Almería hubiesen montado para estos días, ya con el virus extendido en China e Italia, unas manifestaciones multitudinarias, con rogativas a sus santos patronos para impetrar la ayuda de la providencia. La iniciativa levantina había prendido en varias autonomías y se anunciaban actos similares en Madrid y una veintena de capitales.

Rajoy había aparecido relativamente pronto en la tele donde sin hablar de la manifestación subrayó con escasas concreciones que el Gobierno hará «lo que haga falta». Le cayó la mundial: fue ridiculizado por el latiguillo y la izquierda arremetió contra el Gobierno con tintes más apocalípticos que cuando brotó el ébola. Si allí se hablaba, con un solo afectado, de «desgobierno e incompetencia» del Gobierno de Rajoy, ahora el embate era brutal. Pedro Sánchez, en la oposición, tildaba de responsabilidad criminal el permitir la concentración de miles de personas en diversas ciudades con el virus extendiéndose, de crimen grosero contra los derechos humanos de los españoles y de la insensibilidad crónica de la derecha. Dirigentes de Podemos criticaban a los meapilas que sacaban hipócritamente sus santos a la calle «con prácticas casposas y decimonónicas poniendo en peligro la vida de mucha gente mientras el calzonazos de Rajoy leía en el Marca el triunfo del Atlético de Madrid». El país no era clemente: un sesudo editorial censuraba la improvisación y tardanza del Gobierno y se las arreglaba milagrosamente para mencionar la guerra de Irak, las íntimas conexiones del PP con la trama Gürtel y hasta el escándalo de los trajes de Camps. Curiosamente, algo antes, al criticar a los autores de los ERE, olvidaba mencionar al Partido Socialista.

La Sexta, de su parte, sacaba imágenes de la manifestación de Madrid, en la que participaron dos ministras y un ministro, el PP una vez más estaba dividido sobre la conveniencia de salir a la calle por la sequía con un cierto ribete religioso porque le podían tachar de franquista. En el reportaje aparecían las ministras con unos guantes impecables y un locutor deslizó que llevaban camisetas aislantes que no habían proporcionado a los asistentes. La misma televisión aprovechaba para mostrar un reportaje sobre una pareja de sesenta años que podía ser desahuciada por impago, lo que revestía especial crueldad por ser personas vulnerables ante el virus. Acababa dando estadísticas espeluznantes sobre los desahucios de Rajoy con mención de una propuesta de ley de una lideresa de Podemos que pedía la interrupción de todos los desahucios y que en caso de impago de unos inquilinos de cierta edad, de los que se sabía que habían hecho un lujoso safari el mes anterior y habían regalado un Mercedes a su hijo, el propietario, no el inquilino, tendría que probar con documentos fehacientes -foto del inquilino con el hipopótamo abatido, documento de pago del Mercedes- la incongruencia.

Las redes sociales echaban fuego. Varios digitales hablaban de especulación con las mascarillas realizadas por fabricantes sin escrúpulos favorecidos por el Gobierno, de que Rajoy, después de fumarse un puro la primera semana, había prohibido los viajes a Italia y las excursiones del Imserso tan pronto como terminaron las manifestaciones de la beatas de la sequía, sólo horas más tarde, lo que era una muestra del cinismo galopante de la derecha, e incluso iba a forzar la clausura de las Fallas porque Valencia estaba gobernada por los progresistas.

La prohibición por Trump de los vuelos europeos a Estados Unidos producía cólera. Una vez más, clamó una destacada socialista, «Trump quiere ponernos de rodillas». Eso pasa porque en Europa hay unos dirigentes débiles y Rajoy es incapaz de encabezar un movimiento en la Unión Europea para que Trump no se hiciera el matón con el aceite de oliva y ahora con los viajes. «Hacen falta que lleguen al poder personas como Sánchez para hablarle de tu a tu y cantarle las cuarenta».

Inocencio F. Arias es embajador.

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