El voto de la ONU sobre Palestina

Mañana viernes 23 de septiembre la Asamblea General de las Naciones Unidas se pronunciará sobre la admisión de Palestina. Esta votación, muy esperada, es desde hace varias semanas, incluso desde hace meses, objeto de una intensa batalla diplomática. Pese a ello, la decisión no tendrá ningún efecto concreto inmediato.

En primer lugar, porque la decisión última le corresponde al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y Estados Unidos ya ha anunciado que allí ejercerá su derecho de veto. Además, sea cual sea la decisión de la votación, la situación concreta no variará: los territorios palestinos seguirán estando ocupados por el ejército israelí.

Pero aunque el voto no tendrá ninguna significación sobre el terreno, tiene la mayor importancia política y simbólica. En caso contrario no movilizaría tal cantidad de energía de las diferentes diplomacias.

Por el lado palestino, esta estrategia diplomática es la confirmación del fracaso de la intifada y del punto muerto de las negociaciones bilaterales con Israel. El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abas, ha elegido la vía diplomática, pero ha sabido dar muestras de firmeza resistiendo las presiones americanas que le pedían que no acudiera a las Naciones Unidas.

Por el lado israelí, sin poner abiertamente en cuestión la perspectiva de la creación de un Estado palestino, se oponen firmemente a la admisión de Palestina en la ONU. Israel afirma que ello pondría en peligro el proceso bilateral de negociaciones. Teme, sobre todo, que esta cuestión evidencie su aislamiento internacional. No en vano al menos 130 estados deberían votar a favor de la admisión de Palestina mientras que el número de países que, como Israel, se opondrían, será muy menor.

Estados Unidos utiliza el mismo argumento. Netanyahu recibió una triunfal acogida por parte del Congreso estadounidense este verano. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ya con problemas en la esfera política interna, no quiere tomar el riesgo de comprometer su reelección en 2012 por culpa del dossier de Oriente Medio. En su fuero interno, Obama sabe que la creación de un Estado palestino es una necesidad estratégica pero hará prevalecer la política interior sobre los asuntos estratégicos.

Afirmar que una votación de las Naciones Unidas va a poner en peligro las negociaciones bilaterales es un chiste, por usar un eufemismo. Las negociaciones no avanzan y parecen no ser más que una cortina de humo para ganar tiempo y confirmar la posición de hechos consumados a favor de Israel.

Los europeos están divididos. Todos están comprometidos con el concepto de dos estados. Pero Alemania sigue atenaza

da en relación con Israel –debido al genocidio nazi–, como los Países Bajos, y Polonia y Chequia continúan vinculando su posición a la de Washington. No tienen una posición definida respecto a Oriente Próximo pero no quieren votar distinto que Estados Unidos. Por tanto, es poco probable que se produzca una afirmación fuerte y común por parte de los europeos. No puede excluirse el riesgo de ver su voto repartido entre el sí, el no y la abstención. Todo ello sería poco glorioso para una Europa que quiere ser actor global y que, por otra parte, es el primer socio comercial de Israel y el primer contribuyente de ayuda a la Autoridad Palestina. Sería igualmente un retroceso histórico cuando uno recuerda que en 1980 la declaración de Venecia sobre Oriente Medio fue la primera posición común de los países europeos sobre un tema estratégico.

El voto mostrará sobre todo el aislamiento de Israel, e indirectamente de Estados Unidos, y el fuerte apoyo a la creación de un Estado palestino. Este apoyo no se reduciría únicamente a los países árabes o musulmanes. La inmensa mayoría de los países del Sur y las grandes democracias emergentes sostienen la misma posición.

Las relaciones internacionales de fuerza han cambiado debido a la pérdida del monopolio de la potencia del mundo occidental y por el creciente poder de los países emergentes. Esta modificación estructural de las relaciones de fuerza no juega a favor de Israel.

No ceder nada por contar con la protección estadounidense no es viable a medio plazo.

Por Pascal Boniface, director del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas de París.

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