«Elcano»: Identidad de España

«Un pueblo sin identidad está abocado a su desaparición en la Historia», afirmó Menéndez Pelayo. España es un gran país, plural en sus gentes, pero con una identidad compartida en la Historia. En su diversidad, hay una España de piel dorada, recio mirar y firme porte: la marinera. Sus costas albergan villas y puertos donde la llamada marina y el espíritu de aventura, además de la necesidad de sacar adelante familias y hogares, forjan hombres que hablan con la mar sin bajar sus ojos ante su glauca mirada de agua y sal. Nuestra Patria está ligada en su destino al trato con los océanos. Y si los imperios para determinar la Historia han tenido que dominar los mares, España, frente a leyendas negras de sus envidiosos, es madre de los más heroicos e ilustres navegantes que han conquistado mares, piélagos y océanos. Y, además, lo han hecho con el romanticismo del que en el combate con la Naturaleza se juega la vida con la confianza de que el Creador está de su parte.

Desde los inicios del «Nomos Nauticos», en los cuadernos de bitácora de los sucesivos barcos y dotaciones muchos marinos merecen inscribir su nombre en las páginas de la Historia naval. Empero, a pesar de las gestas antiguas de fenicios, griegos o vikingos, o modernas de portugueses y británicos, ninguna flota puede compararse con la gloria, idealismo y ciencia donados a la humanidad por nuestra Marina de Guerra. Baste recordar quién derrotó al turco y al pirata bereber del Mediterráneo, descubrió y hermanó América con España, Europa y tantos otros territorios, circunnavegó por primera vez la Tierra, unió los océanos Pacífico y Atlántico o metamorfoseó las corrientes ignotas y los desconocidos vientos en cartas geográficas como vías seguras de comercio marítimo internacional. Eximia Armada española, hoy representada con nuestra Patria en el buque escuela Juan Sebastián de Elcano, donde escribo estas líneas, cruzado el ecuador atlántico a vela, mar en calma y favorables alisios.

Los ejércitos los componen personas, incluidos sus héroes, que se educan personal, humanística y militarmente en sus Academias y Escuelas. Con esta meta, las Armadas de las potencias de la Historia poseen veleros para que sus alumnos aprendan a ser marinos. España tiene uno de los más bellos de estos buques escuela: el Juan Sebastián de Elcano. Bergantín-goleta del que Colón, Magallanes, Elcano, Núñez de Balboa, Juan de Austria o Churruca se sentirían orgullosos de guiar su caña con el velamen desplegado mientras su proa corta los mares que un día ellos domeñaron al servicio militar y comercial de España.

Con esta doble finalidad castrense y marina, cada año el Elcano realiza un crucero de instrucción militar y académico en el que los alumnos aprenden, entre otras materias, astronomía, ciencias del mar e ingeniería naval, derecho marítimo, inglés, diplomacia y normas y usos sociales. Y, además, se educan como marinos al mejorar individual y colectivamente sus caracteres y personalidades, compartir alegrías y tristezas, vencer tempestades y días de sol, superar la añoranza de los seres amados y el cansancio físico y mental, ser generosos con el escaso espacio compartido, y aprovechar vientos y corrientes con el diálogo del sextante y las estrellas al decidir la mejor derrota a puerto.

Formación militar, espiritual, intelectual, social, física y personal que en su cuarto curso de carrera militar e ingeniera afrontan los guardiamarinas, emulando en este crucero a nuestros antepasados de la Armada española. Militar, al servicio de España en nuestras Fuerzas Armadas. Espiritual, porque, si a diario los católicos rezan a Dios en la Santa Misa de la capilla, a su vez la dotación, cristianos y ateos, cada ocaso implora misericordia al Señor de la Calma y de la Tempestad. Intelectual, porque de la capacitación técnica depende el éxito de la singladura, y el militar colma el deseo del soldado Calderón de la Barca cuando glosa que lo humanista y la virtud hacen del militar español, al tiempo que guerrero, sabio. Social, porque el guardiamarina ha de representar a España con dignidad, educación y orgullo en actos y recepciones internacionales donde el idioma, la simpatía y la cortesía son las armas de la diplomacia. Física, porque lo intelectual se perfecciona en cada maniobra general al bregar con la traicionera y hermosa mar, cuando dotación y alumnos escalan la cofa y la galleta de los mástiles y con su esfuerzo manual despliegan las velas para cazar el viento favorable o las recogen cuando la tormenta acosa. Y personal, porque lo estudiado es sólo letra muerta si cada alumno no aprende lo esencial: ser hombre de honor, marino de ciencia y militar ejemplar.

Este LXXXVI crucero de instrucción del Juan Sebastián de Elcano surca los océanos de Europa a África, de África a Sudamérica y, por el estrecho de Magallanes y el Canal de Panamá, circunvala Hispanoamérica hasta Norteamérica, hasta regresar a España, donde esperan nuestras familias. Y aseguro al lector que quienes al zarpar de Cádiz eran sólo alumnos, en el Elcano se hacen marinos de nuestra Armada y, Dios lo quiera, herederos de los héroes que en mares y océanos honran y honraron España. En ellos, la identidad de España.

Alberto Gatón Lasheras, capellán del Juan Sebastián de Elcano.

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