Elecciones y economía en EE.UU.

Es comúnmente aceptado que los resultados de las elecciones estadounidenses dependen en buena medida de la situación de la economía. Si ello es así, debería ser fácil hacer pronósticos. Pero no es el caso. No sabemos en qué situación estará la economía en noviembre. Según algunos pronósticos, crecerá este año un 2,5%-2,8%, bastante más que en Europa o Japón. Pero no es seguro pues podrían interponerse todo tipo de factores y circunstancias.

¿Quién debería llevar las riendas del país en tal coyuntura? Según la mayoría de sondeos de opinión, el presidente Obama le lleva de 4 a 6 puntos porcentuales de ventaja a Romney. Cabe añadir que cuando la pregunta se refiere a quién de los dos es más apto para dirigir la economía, se adelanta Romney con dos puntos porcentuales. Cuando se pregunta a la gente sobre su lista de prioridades, la economía y el puesto de trabajo ocupan los primeros puestos, con un 86% y un 84% respectivamente, aunque también ocupan lugares preferentes la sanidad y la educación en comparación con el control de natalidad y el aborto. Estas últimas cuestiones interesan en mayor medida a las mujeres que a los hombres y Romney es notablemente impopular entre las mujeres, aspecto que podría constituir un factor de suma importancia en las elecciones. En pocas palabras, por importante que sea la economía, hay otras cuestiones susceptibles de ejercer su impacto en la decisión de voto del electorado.

Siguiente cuestión: ¿Qué cabe entender con la expresión “situación económica”? Si alude a la bolsa, la situación no es mala en absoluto. El índice Dow Jones está de nuevo muy alto, por encima de 13.000 puntos, tan alto como antes de la crisis iniciada en el 2008. En cuanto al paro, la situación es menos alentadora. Ha habido una cierta recuperación, pero reducida.

La situación varía según los estados. Es mala en California, Illinois y Georgia donde el paro supera el 12%. Es mucho mejor en Washington DC, Maryland y estados del norte, además de Iowa en el Medio Oeste, que muestran un nivel de paro de un 6% o incluso menos. Las mismas grandes diferencias que puede haber entre regiones de España, Francia o Italia pueden observarse asimismo en Estados Unidos.

¿Cuáles son los puntos de fricción en política económica entre los dos partidos? Ante todo, la fiscalidad y la cuestión “Keynes versus Hayek”; es decir, si la situación económica debería mejorarse preferentemente mediante una política de ahorro y recorte del gasto o si debería ponerse el acento en el crecimiento de la economía. Obama y los demócratas quieren aplicar impuestos más elevados a quienes ganan por encima de 250.000 dólares al año. Es una idea que repugna a los republicanos tanto por motivos ideológicos como prácticos. Además, estos no quieren acabar con las numerosas lagunas legales existentes para eludir el pago de impuestos que, en caso de eliminarse, supondrían bastantes millardos de dólares. Razonan que siempre que se suben los impuestos sale perjudicada la economía.

El crecimiento económico estadounidense fue muy elevado tras la Segunda Guerra Mundial y en los años cincuenta, cuando los tipos impositivos más altos para los muy ricos alcanzaron un 80% o más. El crecimiento fue bajo durante la pasada década, cuando bajo la presidencia de Bush hijo el tipo impositivo más alto fue del 35%. Aunque los fondos resultantes para las arcas gubernamentales en el caso de aplicar la “regla Buffet” (nombre del ciudadano estadounidense muy rico que sugirió que los ricos deberían pagar impuestos mayores que los pobres) no bastaría en absoluto para solucionar los problemas económicos, la cuestión no es de poca monta y reviste gran importancia.

Según los resultados de un reciente sondeo de opinión de The New York Times, Obama y Romney están prácticamente empatados. Sin embargo, tres de cada cuatro estadounidenses apoyan la regla Buffet mientras que los republicanos han prometido que nunca la aceptarán, aunque en última instancia habrán de hacer concesiones. Cuando hace poco los estadounidenses hubieron de presentar sus declaraciones de renta, Romney pidió un prolongamiento del plazo, lo cual es totalmente legítimo pero no causó buena impresión.

Cabe aplicar lo propio a la promesa de los republicanos de eliminar parte de la burocracia administrativa de Washington; han aludido al respecto a los departamentos de Sanidad y tal vez de Educación. Una de las armas más frágiles del arsenal de Obama es su idea de reforma sanitaria, el proyecto de ampliar la cobertura de la atención sanitaria a ciudadanos actualmente sin cobertura. Quizá se equivocó al plantearlo, aunque es un proyecto deseable y conveniente en época de crisis. Cuando Romney fue gobernador de Massachusetts fue aproximadamente por el mismo camino y desde entonces se ha visto en apuros para explicar a sus colegas republicanos que su enfoque es totalmente distinto.

La frase “¡Lo que cuenta es la economía, estúpido!” es cierta pero sólo hasta un punto. Romney tiene el apoyo de las áreas rurales más pobres, pero las áreas residenciales de Filadelfia y Pittsburgh, donde viven familias de clase media y alta y población de mayor formación, son contrarias a su candidatura. La gente no vota únicamente de acuerdo con sus intereses materiales, existen también otros valores e inquietudes y tal circunstancia dificulta notablemente el pronóstico político.

Walter Laqueur.

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