Elecciones y estado de ánimo

Cuando los europeos y los norteamericanos sensibles a la cuestión de Oriente Medio tratan de analizar los resultados de las últimas elecciones en Israel según parámetros de izquierda o derecha, de palomas o halcones o de un mayor o menor apoyo al proceso de paz con los palestinos, pierden la oportunidad de entender de verdad la realidad israelí tal como se ha mostrado en estas últimas elecciones.

Más que en otro país, en Israel las luchas políticas no son sólo fruto de conflictos entre ideologías, sino que se ven influidas en gran parte por las actitudes y acciones de los árabes y, en particular, de los palestinos. Por lo que, en realidad, se puede afirmar que el ascenso del bloque de la derecha que se ha producido en estas elecciones se debe a los ataques y la violencia por parte de Hamas en Gaza y por parte de Hizbulah en el sur de Líbano tras la retirada unilateral que gobiernos de centroizquierda emprendieron tanto de Gaza como del sur de Líbano. Y esto ha influido tanto, que irónicamente se podría decir que estas dos organizaciones terroristas merecerían tener un puesto en la futura coalición dirigida por Netanyahu como premio por la "labor" que han llevado a cabo en su favor últimamente; por ello, sería un error pensar que ha habido un vuelco a la derecha en la sociedad israelí. Es más fruto de un estado de ánimo que de una conciencia política de derecha radical.

Como alguien que lleva más de cuarenta y dos años en el sector de la izquierda israelí, apoyando desde la guerra de 1967 el derecho de los palestinos a tener su propio Estado y que pidió ya a mediados de los setenta que se reconociera a la OLP como representante del pueblo palestino y que se negociara con ella a condición de que reconociera al Estado de Israel, puedo afirmar que se está produciendo lenta pero inequívocamente un giro de todo el estamento político israelí hacia las posturas pacifistas de la izquierda. No olvidemos que Tzipi Livni y muchos otros políticos de Kadima eran hasta hace diez años miembros importantes del Likud y partidarios de la ideología del gran Israel; en cambio, ahora han moderado mucho su postura. También, y más allá de las ideas racistas y nacionalistas del partido Israel Beitenu, de Avigdor Lieberman, que es un partido laico en sus fundamentos, hay que decir que desde un punto de vista operativo este partido apoya que se hagan concesiones territoriales a los palestinos, si bien lo hace no porque considere que les corresponde por derecho, sino para reducir su número dentro del Estado de Israel.

Por tanto, a pesar de la tristeza y el dolor que se pueden sentir por el ascenso de la derecha en las últimas elecciones, hay que entender que en las elecciones los israelíes se ven influidos también por impulsos o estados de ánimo pasajeros y no tanto por convicciones arraigadas. Esto se vio, por ejemplo, en las dos elecciones anteriores cuando un nuevo partido llamado Shinui, que tenía un discurso antirreligioso radical, recibió un gran apoyo en las urnas, ya que en esa época los israelíes estaban rabiosos por los casos de corrupción en los partidos religiosos. En cambio, ahora este partido ha desaparecido de la escena política y, en su lugar, ha surgido un partido extremista como el de Lieberman, que aúna de forma audaz laicismo y nacionalismo y cuenta con el apoyo del gran sector de israelíes de origen ruso. En las pasadas elecciones, por ejemplo, también obtuvo escaños un partido curioso que defendía los derechos de los pensionistas y, en cambio, en estas no ha obtenido ninguno.

No conviene olvidar que Israel no es autónomo en sus decisiones, ya que se ve influido constantemente por su entorno hostil y reacciona movido por miedos, a veces reales, a veces exagerados, pero sobre todo llevado por una desconfianza de raíz. Es un país que también depende mucho de la postura del gobierno de Estados Unidos y de las promesas que hace la Unión Europea para garantizar su seguridad. Por ello, y pese al temor justificado por el reforzamiento de la derecha en Israel, hay que recordar que el nuevo gobierno de Estados Unidos y la Unión Europea pueden y tienen el derecho de obligar a Israel a hacer grandes concesiones para llegar a un acuerdo de paz con Siria y posibilitar la creación de un Estado palestino, y tal vez sea mejor que, igual que fue un líder de la derecha, Menahem Begin, el que logró firmar la paz con Egipto en 1979, sea ahora un gobierno de derechas con el apoyo de la izquierda el que también haga esas concesiones.

Abraham B. Yehoshúa, escritor israelí, inspirador del movimiento Paz Ahora.