Eliminar las barreras internas de la India

Entre las numerosas reformas que requieren implementación inmediata en la India, la más obvia es la relativa al impuesto sobre bienes y servicios (GST, por sus siglas en inglés). Entonces, ¿por qué los responsables de la aplicación de políticas en la India no lograron aprobarla?

La falta de un GST es casi indiscutible. Como señaló recientemente  el billonario Steve Forbes en su revista epónima “los observadores fuera de la India están sorprendidos por el gran parecido que tiene gran parte de la India con la Francia pre revolucionaria, pues hay muchas barreras que obstaculizan el curso de la eficiencia económica y el crecimiento”. Asimismo, señaló que el GST es crucial para permitir a la India, igual que en los Estados Unidos, obtener los beneficios de su mercado interno de tamaño continental, pues sustituiría “la mezcla sofocante de impuestos” que representan los “aranceles internos al movimiento de bienes”.

En efecto, la India tiene una serie de impuestos subnacionales abrumadores. Por ejemplo, los impuestos al comercio entre los estados indios requieren de puestos de control en sus fronteras, que generan largas filas de camiones esperando autorización para pasar. En consecuencia, los costos de entrega en todo el país son una pesadilla en términos logísticos. Los impuestos de las ventas al menudeo varían, y aumentan por impuestos de “arbitrio” en los envíos transfronterizos de bienes destinados al consumo local. Mientras que la Unión Europea se traduce en 28 Estados soberanos con un mercado común, la Unión india se traduce en un país soberano con 29 mercados separados.

Peor, los múltiples impuestos y autoridades fiscales en la India crean más oportunidades para la corrupción y evasión fiscal. Un GSM nacional eliminaría estos problemas. En el sector empresarial, sobre todo, en especial aquellos que tienen que transportar bienes en todo el país, el GST sería de gran ayuda. Se estima que la aplicación de un GST incrementaría entre 1 y 2%  instantáneamente el PIB indio.

Así pues, ¿qué es lo que impide la aplicación del GST? En resumen, cuestiones políticas.

El GST se introdujo por primera vez hace siete años por el gobierno en el poder en ese tiempo encabezado por el Partido del Congreso. Sin embargo, su aplicación se pospuso debido a la intensa oposición de Narendra Modi, entonces  ministro jefe del estado occidental de Gujarat.

Cuando Modi se convirtió en primer ministro el año pasado, él y su Partido Bharatiya Janata (BJP, por sus siglas en inglés) repentinamente empezaron a reconocer las virtudes de un GST, y adoptaron el proyecto de ley con gran alarde, pero también le hicieron enmiendas importantes. Doblegándose a los gobiernos encabezados por el BJP en Gujarat y Maharashtra, que decían que como estados “productores”, tendrían pérdidas con la aplicación de un GST, Modi revisó la ley para garantizar a los estados la autoridad de aplicar un impuesto de 1% adicional sobre bienes salientes. Y con todo, la ley ya dispone compensaciones para los estados durante cinco años por toda pérdida de ingresos resultante de la aplicación del GSM.

La enmienda –impresionante medida de mezquindad política– contradice el espíritu y propósito del GST. Si los estados aplican impuestos individuales adicionales al GST, el mercado nacional estaría de nuevo dividido y distorsionado, y los puestos de control volverían a operar en los estados fronterizos para evaluar el valor de los bienes salientes. En suma, la India regresaría al problema inicial.

Y empeora. En otro acto apaciguamiento político, el gobierno encabezado por el BJP ha introducido algunas exenciones. Al omitir del proyecto de ley el alcohol, el tabaco, los productos petroleros y la electricidad –que en conjunto representan más de una cuarta parte del total de la recaudación fiscal– el gobierno está diluyendo significativamente el impacto potencial del GST en la economía nacional.

Además, el gobierno del BJP ha subido tantos otros impuestos (que sencillamente debió haber eliminado) que el Instituto Nacional de Políticas y Finanzas Públicas estima que el GST tendría que haber sido de al menos 27% como para evitar pérdidas de ingresos. Lejos de reactivar la economía, una tasa así la paralizaría. En conjunto, la versión osada del GST del gobierno actual, no tendría, de acuerdo con algunas estimaciones, efecto cuantificable alguno en el PIB.

El Partido del Congreso, ahora en la oposición, niega su respaldo a la adopción de la ley del GST hasta que se restablezca una versión más efectiva. Quiere abolir el impuesto de 1% adicional de los estados e incluir todo tipo de bienes en la esfera del GST. A fin de desincentivar la evasión fiscal y por ende aumentar los ingresos, el Partido del Congreso también quiere establecer un tope de 18% al GST. Además, para garantizar equidad, está intentando restablecer el Organismo de solución de diferencias establecido en el proyecto de ley original, de modo que el consejo gestor del GST no tenga que dictaminar en el ámbito de sus propias decisiones. Hay algunas otras objeciones menores, que en cambio son asuntos centrales que postergan la adopción del GST.

En lugar de abordar estos problemas legítimos, Modi está culpando al Partido del Congreso de ser una oposición no constructiva por obstaculizar reformas que alguna vez promovió. Sin embargo, el Partido del Congreso no cederá, e insiste en que no permitirá que el proyecto de ley se apruebe en la cámara alta del Parlamento, donde el BJP no tiene mayoría, hasta que el gobierno acepte las enmiendas centrales. El estancamiento resultante se traduce en que el plan de Modi de aplicar el nuevo impuesto a principios del próximo año fiscal, 1 de abril de 2016, probablemente se frustre.

Algunos perciben estos contratiempos como prueba del viejo argumento que señala que la democracia india es un obstáculo al desarrollo. Después de todo, fue la democracia –en específico, la presión para mantener un apoyo adecuado–  que condujo al gobierno de Modi a vaciar el concepto del GST. Y es la democracia –es decir, la necesidad de asegurar un respaldo adecuado del Parlamento al proyecto de ley–  la que está permitiendo al Partido del Congreso bloquear mayores avances hasta que Modi ceda. Este tipo de problemas no surgen en autocracias verticales como China o Singapur.

No obstante, la India hace bien en crearse un camino. Su sistema de gobernanza radica en la creencia de que un proceso integral de negociación, desacuerdo, reflexión y compromiso –no toma de decisiones vertical incuestionables–  es la ruta más efectiva hacia un diseño de políticas sabio, justo y exitoso.

El proyecto de ley del GST que en última instancia surja de la parálisis, será mejor por haber pasado sido objeto de estos debates detallados y largos. Cuando finalmente se adopte, las posibilidades de transformación positiva para la economía india serán altas.

Shashi Tharoor, a former UN under-secretary-general and former Indian Minister of State for Human Resource Development and Minister of State for External Affairs, is currently an MP for the Indian National Congress and Chairman of the Parliamentary Standing Committee on External Affairs. His most recent book is Pax Indica: India and the World of the 21st Century. Traducción de Kena Nequiz

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