Ellacuría y la Justicia Universal

«Entre los años 1980 y 1991 la República de El Salvador, estuvo sumida en una guerra que hundió a la sociedad salvadoreña en la violencia, dejó millares de muertos y la marcó con formas delincuenciales de espanto. El 16 de Enero de 1992 las voluntades reconciliadas firmaron la paz e hicieron brillar de nuevo la luz, para pasar de la locura a la esperanza. La Comisión de la Verdad brota del reconocimiento de las partes sobre el desplome del comunismo que alentaba a una de ellas y acaso de la desilusión de la potencia que alentaba la otra». (1)

A instancia de dos ONG a finales de este año se celebrará en nuestra Audiencia Nacional la vista oral contra el coronel salvadoreño Inocente Montano que ocupaba el cargo de Viceministro de Defensa, cuando en la madrugada de un 16 de noviembre de 1989 un comando del ejército salvadoreño asesinó en la sede de la Universidad Centroamericana (UCA) al jesuita español Ignacio Ellacuría y a otras siete personas. La capital de la República estaba practicamente asediada por el FMLN, en una «ofensiva final» iniciada seis días antes. Declarado el estado de sitio, el Gobierno dividió la amplia geografía de la capital en sectores de defensa a cargo de responsables militares, autorizando el uso de artillería y aviación en núcleos urbanos. La UCA quedaba dentro del sector del Colegio Militar al mando del Coronel Benavides que además englobaba las sedes del Ministerio de Defensa, de la Dirección Nacional de Inteligencia y la residencia del Embajador USA.

Por supuesto no pasa por mi cabeza el menor intento de justificar el asesinato. Pero no me parecen justas ciertas afirmaciones como la de que los culpables «nunca fueron juzgados en su país» cuando algunos fueron condenados a 30 años o cuando se quiere descalificar una amnistía general decretada tras la firma de los Acuerdos de Paz de 1992. Incluso la propia Compañía de Jesús solicitó el indulto, algo que le honra. «Un pueblo nuevo se levanta de las cenizas de una guerra en la que todos fueron injustos. Los miran, desde el infinito los que sucumbieron; los están mirando, desde la esperanza, los que esperan». (2)

Viví dos años cruciales (1992-1994) en El Salvador sirviendo bajo bandera de Naciones Unidas (ONUSAL). Un año mandando la oficina regional de San Salvador a las órdenes del general español Victor Suanzes, el segundo relevándole al frente de la División Militar. La Comisión de la Verdad formada por tres miembros de prestigio –Belisario Betancur, Reinaldo Figueredo y Thomas Buergenthal– estaba apoyada por un amplio equipo internacional y por la propia ONUSAL. Comenzó su delicado trabajo tras la firma de los Acuerdos de Paz y entregó su informe final al entonces Secretario General de NN.UU Boutros- Ghali el 15 de Marzo de 1993.

Se que adentrarme en los territorios de la Justicia Universal es delicado. Y en el caso de El Salvador que vivió uno de los últimos flecos de la guerra fría, mucho más. Tiempos marcados por una extrema crueldad que solo vi repetida, años después, en Bosnia.

En el caso de los asesinatos de la UCA convergen dos factores importantes: el primero, el hecho de que los jesuitas fueran extranjeros, aunque de facto eran más salvadoreños que españoles, comprometidos socialmente con una sociedad que consideraban injusta . El segundo, un mal consejero en estas situaciones: el miedo. No lo cita la Comisión de la Verdad pero di por buena una frase atribuida a Benavides. Viendo perdido su sector de defensa dijo a uno de sus inmediatos: «a mí me van a matar, pero antes me llevo puestos a estos curas extranjeros». Reacción negativa, pero frecuente en estas situaciones.

Personalmente añado una duda. La acusación actual contra Montano se apoya en parte en un documento de prensa publicado por «El Mundo» el 22 de noviembre del 2009. Le tengo enorme respeto a las investigaciones de este diario y a su propia línea editorial. Pero si algo resalta la Comisión de la Verdad es la exhaustiva minuciosidad con que se destruyeron pruebas del asesinato. ¿Y, dejaron intacta el acta acusatoria de su intervención? Un ejemplo apoya mis dudas. En 1993 en Managua (3) aparecieron junto a misiles y armamento que el FMLN había ocultado maliciosamente a NN.UU, pasaportes de varios países: españoles robados en Cuba; otros norteamericanos perfectamente falsificados en Alemania del Este ¡Tuvieron que tocarlos para creerlo, las gentes de la CIA!

Solo pediría que el tribunal español lea con detenimiento el informe de aquella Comisión de la Verdad. No creo positiva una espiral de juicios sobre hechos ocurridos hace 30 años.

El propio Ellacuría aconsejaría: «Déjenme; ya contribuí a la paz; apoyen hoy al nuevo presidente Nayib Bukele en su difícil guerra contra las maras».

Luis Alejandre


(1) Pag. 1. Introducción.
(2) Pag.7. La idea fuerza.
(3) Barrio de Santa Rosa. 23 mayo.

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