Elogio de la moderación y radicalidad

En estos momentos convulsos es difícil hablar de ciencia, pero la ciencia también ha aparecido en los conflictos que se han presentado estos días en Catalunya. Los centros de investigación han tenido sus fondos bloqueados y las grandes revistas científicas han hablado de las dudas que tienen muchos científicos de nuestro país. La ciencia es, desgraciadamente, una actividad marginal aquí, pero puede ser un reflejo de las incertidumbres que tiene mucha gente.

La actividad científica es una actividad abierta y universal, y por lo tanto es necesario que se lleve a cabo en un entorno lo más amplio posible. También es una actividad costosa y que hoy en día se financia mediante fondos competitivos a los que acuden los investigadores. Por lo tanto, ayuda a la calidad de la investigación pertenecer a una comunidad científica lo más grande posible, por las posibilidades de contrastar lo que hacen los investigadores y de tener una diversidad de fuentes de financiación. Los cambios de que disfrutamos en nuestra ciencia después de entrar en 1986 en las Comunidades Europeas son la prueba de eso. Aquí la investigación ha tenido un buen éxito al conseguir fondos competitivos españoles y europeos, y en este momento su actividad depende de ellos. Cualquier posibilidad de aislarnos del entorno europeo sería un desastre para la ciencia y probablemente para toda la sociedad. Por lo tanto, una buena dosis de moderación a la hora de proponer cómo serán nuestras relaciones con el entorno parece esencial si queremos mantener una ciencia de calidad.

Al mismo tiempo, hay que analizar la situación intentando llegar a las raíces del problema. Los últimos años han sido de regresión para la ciencia española. Han disminuido los fondos de investigación y las plazas y contratos para profesores e investigadores, haciendo que nuestras universidades y centros de investigación envejecieran y se empobrecieran. Al mismo tiempo, han aumentado los controles burocráticos que impiden una gestión eficiente de la investigación. Disposiciones legales de la ley de la ciencia del 2011, votada por el PP, no se aplican o se aplican de manera restrictiva. En la mayor de las instituciones de investigación españolas, el CSIC, se llega a sugerir pasar a la excedencia cuando se ha ganado un gran proyecto europeo y gestionar contratos con empresas y administraciones se ha convertido en imposible. Por lo tanto, habría que hacer reformas radicales en universidades e investigación que en parte se han hecho en Catalunya. Acciones como los programas de contratación ICREA y Serra Hunter o el sistema CERCA de centros de investigación son ejemplos de iniciativas que demuestran que desde Catalunya se hacen propuestas posibles en la dirección de estructuras de investigación más eficientes. Pero desde el Estado siguen llegando noticias regresivas. El último incidente ha sido la imposición de nuevos controles económicos en universidades y centros de investigación catalanes para impedir que se hicieran gastos por el referéndum.

Es, por tanto, difícil enviar mensajes de moderación en los tiempos que corren. Debido a la forma en que se ha gestionado la política de investigación estos años por parte del Estado, dar argumentos en contra de la independencia a los jóvenes profesionales de la investigación de nuestro país es una misión complicada. Hay que insistir en que nuestra sociedad se ha formado por integración con los entornos estatal y europeo que son difíciles de deshacer sin efectos traumáticos. Y una sociedad compleja como la nuestra necesita integración y apertura al mundo. En una situación menos convulsa debería ser posible establecer puntos de acuerdo entre todos los investigadores del Estado que sufren la situación en una medida igual o peor.

Quizá se podrían recordar principios que en teoría están vigentes en nuestro país. Por ejemplo, el principio de subsidiariedad, que implica que de forma prioritaria debe ser la Administración más cercana al ciudadano la que debe asumir cualquier competencia. Y eso querría decir respetar las competencias de aquellos que las quieren ejercer. O el principio de eficiencia, que debería tratar de maximizar todo lo que permite gestionar mejor los recursos. Cuando sucede que otro de nuestros principios esenciales, el de legalidad, se contradice con los otros principios, habría que deducir que la ley no es adecuada, y por eso las leyes se cambian y se repiensan de forma continuada. Que se puedan proponer las reformas radicales que se necesitan en la investigación científica y las universidades no debería estar en contradicción con tratar de resolverlas desde la inteligencia y la perseverancia, que son elementos esenciales de la moderación.

Pere Puigdomènech, investigador.

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