Elogio del PP de Basagoiti

En las elecciones autonómicas vascas del 13 de mayo de 2001 el PP obtuvo diecinueve escaños para el Parlamento de Vitoria. Ha habido quien lo ha recordado estos días para comparar aquellos resultados con los que ese mismo partido ha obtenido en las autonómicas del 21 de octubre. Y ya que se ha hecho esa comparación tomando solo una parte –la de los frutos recogidos–, a mí me parece oportuno hacerla con todas las consecuencias y de forma completa. Es verdad que Mayor Oreja consiguió ese apreciable número de escaños que, sin embargo, no fue suficiente para derrotar a los nacionalistas. Pero también es cierto que en aquella campaña se volcaron, de un modo inédito, excepcional e irrepetible, todos los medios de comunicación nacionales –periódicos, televisiones, radios…– para ayudar al exministro del Interior. El mismo hecho de que este y Nicolás Redondo Terreros mostraran públicamente un entendimiento que nunca se había producido entre los candidatos de ambos partidos, y que nunca más se volvería a producir, convirtió a uno y otro en intocables para esos mismos medios, los blindó de cualquier distinción partidista y mezquina. O sea que la emisora, el canal televisivo o el diario que apostaban por cada uno de ellos, según su cercanía ideológica, no solo se guardaban muy bien de atacar al otro, sino que lo piropeaban en virtud de ese frente democrático que formaban los dos. Hay que recordar que tal entendimiento y complicidad entre los dos candidatos no era solo un fruto del carácter de estos, sino del Movimiento Cívico creado a raíz de Ermua y la ideología constitucionalista que había generado este, de la que tanto Mayor Oreja como Redondo Terreros se mostraban fieles exponentes. Hay que recordar, sí, que otro de los factores que componen el presente marco político y lo diferencian de aquel es el desmantelamiento interesado de dicho Movimiento Cívico y la reconversión del Basta Ya en el partido de Rosa Díez. De este modo, lo que ayer era unidad constitucionalista hoy es legítima pero pura y dura lid partidista, lucha de UPyD por arrancar todos los votos posibles al PP y al PSOE. No es que estos dos últimos partidos estén más desunidos que nunca después de la ruptura del pacto que propició la generosidad de Basagoiti, tratando precisamente de recuperar la unidad rota por la negociación de Zapatero, sino que hay un tercer partido en pugna con los dos en el cual milita Savater, el hombre que unió las manos de Oreja y Redondo en la campaña electoral de aquel 2001 ensangrentado por los atentados.

Hasta la cadena de televisión más descomprometida y aideológica se embriagó de aquel espíritu y se comprometió en aquellas históricas fechas con la ideología de la libertad. El insólito fenómeno tuvo exactamente la duración de un mes y, mientras asistíamos perplejos al milagro, algunos fundadores de aquel Movimiento Cívico nos preguntábamos por qué no se había hecho eso durante años y no únicamente en aquel último momento, conscientes de que cuatro semanas de improvisada publicidad solidaria no serían quizá suficientes para borrar una inercia de décadas de desistimiento. A todos aquellos factores favorables que rodearon la aventura vasca de Mayor Oreja se añade el de un momento en el que Aznar gozaba de una mayoría absoluta, en el que la economía española iba como un tiro y en el que los populares eran más populares que nunca.

Comparemos aquellas circunstancias con las que han rodeado las recientes elecciones vascas y observaremos que no podían ser más opuestas. El PP de Basagoiti no solo no ha podido contar con una economía nacional boyante y atribuible al Gobierno de su color político ni con un acto como el del Basta Ya en el Kursal donostiarra, ni con unos apoyos mediáticos semejantes a aquellos de hace once años, sino que se ha encontrado exactamente con lo contrario: con un Basta Ya convertido en partido rival en medio de una desactivadora paz; con el Ejecutivo de los recortes impopulares y la España de la crisis, así como con un montón de televisiones, radios y diarios volcados en la increíble tarea de denigrarlo y de desmovilizar a su electorado. La paradoja es que dichos medios pertenecen a la misma derecha española y que muchos de ellos han sido subvencionados y protegidos por instituciones que están en manos de miembros del propio PP. No estoy exagerando. Hablo de teles, radios y periódicos tanto de papel como digitales empeñados en la delirante tarea de acusar al Gobierno y al PP vasco de haber heredado «El País Vasco y el partido de Basagoiti han sido el escenario de una vendetta cuyos actores se encuentran muy lejos de él; el campo de experimentación de una lucha de poder, en la que tras los personalismos asoma las garras un viejo integrismo nacional que intenta hacer fracasar la tarea que Aznar inició, y que hoy prosigue Rajoy, de crear una derecha liberal y moderna» la política socialista de la negociación con ETA y de haber traicionado a las víctimas.

No voy a señalar a ningún de ellos, pero el lector puede hacer mentalmente la cuenta de cuántos y cuáles han sido esos medios entregados sistemáticamente a la desmovilización, a la siembra infundada de bulos y sospechas, a la insidia y al insulto directo desde que Rajoy tomara, tras las generales del 2008, la decisión de renovar la cúpula de su partido, y por esa misma razón que nada tiene que ver –esto es lo inmoral y lo grave– con el drama terrorista del País Vasco. A los aznaristas agraviados por esa decisión se sumaba, paradójicamente, el Mayor Oreja agraviado a su vez con el propio Aznar por no haberlo elegido como sucesor, para socavar unos y otros, más paradójicamente todavía, al hombre en el que Aznar confió la dirección del partido y para perder todos ellos un Congreso de Valencia en el que está el origen de esa guerra que hemos perdido todos los españoles en el País Vasco. Bolinaga no existía hace cuatro años y cuando ya se acusaba al actual PP, sin ninguna base, de «unas claras connivencias con el PNV» que su desalojo de Ajuria Enea en el 2009, gracias a Basagoiti, desmintió. ejos de rectificar, la campaña para castigar al PP vasco por los supuestos pecados de Rajoy ha ido en aumento. Las cosas que se han dicho desde el 2008 y especialmente en estos últimos tiempos de ciudadanos intachables como Iñaki Oyarzábal, cuyo único delito fue afiliarse con solo 18 años en pleno territorio comanche a un todavía embrionario Partido Popular y quemar toda su juventud escoltado, son cosas que no se han dicho –y que nadie habría permitido que se dijeran– del peor y más siniestro nacionalista. Y hay que ser realmente inmoral para dar lecciones de ética, de principios y valores a distancia, desde Madrid o desde Bruselas, a un hombre como Basagoiti, que, pudiendo aprovechar los contactos empresariales y financieros de su familia para vivir como un duque, no solo vive en esa realidad terrorífica con su mujer y sus tres hijas pequeñas, sino que ha intentado cambiarla durante toda su vida en una indescriptible soledad.

En un momento en el que se insiste hasta la saciedad en el desprestigio de nuestra clase política, resulta de una ceguera imperdonable y atroz no reconocer lo que esos hombres del PP vasco, hoy maltratados por las urnas, tienen de modelo moral para la regeneración democrática por la que clamamos. No es justo que la mayor oposición la hayan encontrado en la propia derecha, cuando son ellos quienes representan lo mejor de esta en esa tierra. El País Vasco y el partido de Basagoiti han sido simplemente el escenario de una vendetta cuyos actores se encuentran muy lejos de él; el campo de experimentación de una lucha de poder, en la que tras los personalismos asoma las garras un viejo integrismo nacional que intenta hacer fracasar la tarea que Aznar inició, y que hoy prosigue Rajoy, de crear una derecha liberal y moderna.

Iñaki Ezquerra, escritor.

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