Empeñados en faltar al respeto a los católicos

Por Carlos Floriano, senador y presidente del Partido Popular de Extremadura (EL MUNDO, 20/03/07):

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, tiene pendiente un artículo por escribir similar al que redactó, hace algunos meses, contra las caricaturas burlescas de Mahoma. La razón está en las publicaciones con montajes fotográficos atentatorios contra los símbolos cristianos, financiadas por la Junta de Extremadura. En ellos, Jesucristo, la Virgen María, ángeles, sacerdotes, santos, apóstoles, evangelistas y demás iconos del catolicismo son presentados con poses denigrantes y en actitudes pornográficas, e incluso sustituidos por heces y cerdos. Las aberrantes fotografías ocupan dos publicaciones, una en edición de lujo y la otra refrendada con el prólogo del propio consejero de Cultura extremeño.

El pasado año, el periódico International Herald Tribune publicó unas reflexiones del presidente del Gobierno en las que se mostraba rotundo en la defensa de los símbolos sagrados a raíz de la publicación en el periódico danés Jyllands Posten, y posteriormente en el noruego Magacinet, de varias caricaturas de Mahoma. Zapatero escribía en los siguientes términos:

«La libertad de expresión es una de las piedras angulares de nuestros sistemas democráticos y nunca vamos a renunciar a ella. Ahora bien, no existen derechos sin responsabilidad y sin respeto por las sensibilidades diferentes. La publicación de estas caricaturas puede ser perfectamente legal, pero no es indiferente y, por tanto, debería ser rechazada desde un punto de vista moral y político».

Las fotografías prologadas en términos laudatorios por el responsable de Cultura extremeño, frente a las caricaturas de Mahoma, quedan muy descolgadas en el capítulo de las ofensas y los agravios. Sin embargo, estas esmeradas ediciones, publicadas por la Junta de Extremadura, pese a la polvareda que han ocasionado, no han merecido una repulsa pública del presidente del Gobierno, como la que hizo tras el episodio descrito de las caricaturas del profeta islámico publicadas en Dinamarca.

¿Estará, acaso, más cerca Dinamarca que Extremadura? ¿Tiene Zapatero más predicamento sobre el primer ministro danés que sobre el presidente de la Junta de Extremadura? ¿Le afectan más las ofensas a Mahoma que las representaciones lascivas y pederastas sobre la figura de Jesucristo? ¿Hay ofensas religiosas válidas porque afectan a los cristianos y ofensas religiosas no válidas porque afectan a otras confesiones? ¿Qué pensará, en definitiva, el presidente del Gobierno?

Si en el caso de las caricaturas de Mahoma, Zapatero decía esperar que «la expresión en el debate público siempre sea con el máximo respeto a todo, a las ideas, a las ideologías, a las religiones y a las personas, y muy especialmente cuando pueda afectar de manera sensible a una religión», ¿pensará lo mismo ahora?, ¿acaso no cabe esperar una reacción pública por su parte?

A la espera de su pronunciamiento sobre estas publicaciones, que para cualquier persona, con independencia de credos y afinidades religiosas, suponen un atentado sin paliativos hacia la fe cristiana y hacia la Iglesia católica, no pueden olvidarse los términos del citado prólogo en una de las publicaciones, escrito por el consejero de Cultura, Francisco Muñoz. Es breve, pero determinante, dando marchamo de cultura oficial a lo que no es más que un insulto a los sentimientos de millones de españoles y que nada tiene que ver ni con la cultura ni con los movimientos culturales extremeños más vanguardistas:

«La Junta de Extremadura, a través de la Consejería de Cultura y Patrimonio, toma como iniciativa apoyar las expresiones mas novedosas de la actividad plástica contemporánea para ampliar la visión de las diversas tendencias y actitudes dentro de nuestro panorama artístico. Desde este planteamiento, la gestión institucional desempeña un papel decisivo, ya sea para profundizar en nuevas propuestas, o bien para mostrar los trabajos más recientes de autores ya consolidados.

Este nuevo trabajo de singular contenido, supone un paso más en esa expresión inequívoca que habitualmente le define dentro del ámbito fotográfico. Así, en nuestro compromiso de divulgación, y sin entrar en otras cuestiones siempre subjetivas, ofrecemos la obra comprometida y seria de este autor extremeño que es, sin lugar a dudas, uno de los representantes de mayor trayectoria y credibilidad artística dentro y fuera de nuestros límites geográficos».

La torpeza del responsable directo no se queda aquí, sino que la respuesta a la denuncia de lo sucedido demuestra que es crónica. No en vano, lo atribuyó al acoso de la extrema derecha, tratando de presentar el uso del dinero público en la edición de una ofensa a miles de personas como el resultado de una lucha partidista entre fascistas y él.

Rodríguez Ibarra ha pedido perdón y reconoce el error de esas publicaciones, pero, como siempre, todo lo fía a la fuerza de las palabras y no obra en consecuencia, porque la forma más palmaria de ese perdón que solicita es cesar de inmediato al consejero y no lo ha hecho. El reconocimiento de un error de este calibre sólo es creíble si lleva aparejado el cese de su responsable, porque ha faltado al respeto a millones de personas utilizando dinero de todos para publicar fotografías pornográficas que de ninguna manera representan la realidad sociocultural extremeña. Además, el consejero mintió al decir que no había prologado ningún libro del autor de las fotografías y al decir que no había puesto dinero en esas publicaciones. La cultura extremeña vale demasiado para que siga ni un minuto más en manos de tanta incompetencia, dañando la imagen de Extremadura y de una institución como la Junta.

Estando así las cosas debe ser el secretario general del Partido Socialista Obrero Español y actual presidente del Gobierno el que, de acuerdo con las mismas tesis por él expuestas en International Herald Tribune, reedite en favor de la fe católica y de sus símbolos la agotadora energía que gastó en aquella ocasión. Ahora que la falta de respeto a las creencias procede de sus compañeros de partido, de un miembro de un Gobierno autonómico socialista, lo tiene más fácil.

Tal vez podría enviar a Rodríguez Ibarra y a su consejero de Cultura una copia plastificada del aquel artículo para que éstos sepan que su secretario general opina que la libertad de expresión «es una de las piedras angulares de nuestros sistemas democráticos, aunque no existen derechos sin responsabilidad y sin respeto por las diferentes sensibilidades». Y no olvidemos que escribió estas palabras, aunque la edición de aquellas caricaturas no estaba sufragadas por fondos públicos, mientras que estas fotografías aberrantes contra la Iglesia católica sí.

De manera que sería muy conveniente que Zapatero se dirigiera a Rodríguez Ibarra y a su consejero de Cultura para decirles, según sus palabras, que «la publicación de estas fotografías puede ser perfectamente legal, pero no es indiferente, y por tanto, debería ser rechazada desde el punto de vista moral y político».

Esta imagen de Extremadura que algunos están exportando no se corresponde con la realidad de la comunidad, y lo lamentable es que se propague la idea de que en una tierra como la nuestra, con uno de los patrimonios más ricos de Europa y con creadores punteros en casi todas las modalidades del arte, necesitemos recurrir a lo zafio, grotesco y nauseabundo para sobresalir a base de escandalizar.

Sostener en la consejería de Cultura de la Junta de Extremadura a su actual consejero es demostrar de forma muy evidente que cada vez se está más lejos de los sentimientos de los ciudadanos a los que se gobierna.