En Belén y sin pastores (II)

Belén, para quien no lo sepa, es una población a siete kilómetros de Jerusalén, habitada por palestinos y donde lo primero que llama la atención no es la evocación de reyes magos y pastores piadosos sino un muro de hormigón de muchos metros de alto y un grosor de central hidráulica que los separa de todo, incluido el mundo. Para entrar en Belén - ¡no digamos ya para salir!- hay que pasar un control fronterizo israelí con toda la parafernalia que requieren estos lugares; salir del coche, dejar que los perros adiestrados busquen explosivos, y tomárselo todo con mucha calma si es usted palestino, aguantarlo todo sin rechistar porque puede tener las consecuencias evidentes de enfrentarse a un ejército de ocupación. Belén es una especie de gueto inmenso donde sobreviven muchos miles de palestinos que atiborran sus calles pero que no pueden salir libremente hacia ninguna parte sin un salvoconducto israelí.

El sarcasmo está presente en la vida israelípalestina de manera tan permanente que no es fácil separarlo de lo cotidiano. Es tan abundante que ya ni siquiera les llama la atención y se sorprenden ante tal o cual símbolo convertido en objeto común y sobre el que nosotros ironizamos. A mí me ha ocurrido en alguna ocasión, cuando viajo por una carretera española y veo un toro de esos negros, estilizado en el horizonte, que antaño fue anuncio de un coñac y que ahora se ha convertido en icono. No oculto que me parece una estupidez y que me quedo de un pasmo ante la consideración de un anuncio publicitario poco menos que como seña de identidad; cosa que ya no me sorprende cuando algunos rastacueros consideran un equipo de fútbol, donde todos menos el limpiabotas son foráneos, como parte de la identidad nacional. Y me da en cavilar cuando veo ese toro de cartón gigante, horrendo en su simplicidad de anuncio cutre, qué demonios pensará un holandés o un finlandés o un coreano, cuando atisbe en el horizonte ese monstruo estepario, el trampantojo zafio.

Pues bien, eso mismo me vino a mientes al encontrarme un inmenso letrero en inglés y hebreo colocado sobre el siniestro muro de hormigón que configura la entrada de Belén: "La paz sea contigo". No menos sarcástico que el mensaje que usted recibe en su móvil como saludo de Jawwal, telefonía móvil: "Huela nuestros jazmines y saboree nuestras aceitunas. Jawwal le da la bienvenida a Palestina".

Hay quien asegura que en el llamado Oriente Medio nada es lo que parece y es imposible separar lo real de la ficción y la verdad de la mentira. Seguro que existen argumentos suficientes como para demostrarlo y para ayudar a entenderlo aporto algún dato. La Universidad de Belén es católica pero es raro encontrar a algún estudiante que no sea musulmán. La Universidad católica de Belén es un feudo del islamismo donde la inmensa mayoría de los alumnos, son alumnas y van veladas, pero con unos niveles de sofisticación en los velos que me evocan lo que eran las mantillas religiosas en la España de los años cincuenta. Por si alguien no lo ha vivido y como la memoria es frágil mientras se acerca el alzheimer, se lo recuerdo: hasta bien entrados los años sesenta en España toda mujer estaba obligada a ir cubierta con una mantilla para entrar en las iglesias. Estas mantillas alcanzaban formas y dibujos geométricos muy curiosos - lo mismo que ocurre con los velos en el mundo musulmán-, y los colores se mantenían en una gama que iba desde el blanco hueso hasta el negro pluma de cuervo. Confieso que en mi vida había visto tal variedad de velos de colores y tal competencia en la sofisticación y lujo en una prenda que para mí constituye un antídoto contra la belleza y una atávica costumbre impuesta por hombres puritanos. Pero eso no obsta para que un hábito arcaico se haya convertido en símbolo y ese símbolo pueda ser desarmado a partir de una libertad de formas que alcanza una belleza erótica indiscutible, que añadido a la pintura de los ojos y los labios - no creo haber visto mayor insistencia en exhibir los ojos y los labios pintados que en la Universidad de Belén- convierten el velo en algo tan banal como usar faldas en vez de pantalones. Porque hay que añadir, para insistir en la diferencia entre apariencia y realidad, que la aplastante mayoría de estudiantes de la Universidad de Belén son mujeres.

Si hay algo en lo que se aprecia diferencia con nuestras universidades es en la separación de sexos. Los chicos con los chicos y las chicas con las chicas. El atavismo de las costumbres llega a tanto en la ofensiva islámica que las organizaciones estudiantiles exigen la censura antes de proyectar películas. Así por ejemplo Mar LA SOFISTICACIÓN EN los velos de las universitarias de Belén es tal que me evocan las mantillas religiosas en la España de los años cincuenta ´MAR ADENTRO´, el filme de Amenábar sobre el gallego parapléjico, fue tan recortada que se quedó en un cortometraje adentro,el filme de Amenábar sobre el gallego parapléjico, que interpretaba Javier Bardem, fue tan recortada que se quedó en un cortometraje y los responsables de la proyección decidieron no emitirla. Los organizadores del cineclub universitario tenían dificultades para encontrar películas sin escenas de sexo. Es una anécdota con aspiración de trascendencia.

Y si esto sucede en la universidad qué no será en la calle y en la vida cotidiana. La consolidación de Hamas como movimiento hegemónico entre la población palestina joven es una evidencia ratificada en las urnas. Y como todo, tiene dos rostros, el benévolo y el inquietante. Hamas, que nació como Movimiento de Resistencia Islámico en diciembre de 1987, consiguió en las elecciones legislativas palestinas del pasado año la mayoría absoluta. Pero cuando decimos que los islamista de Hamas barrieron a la veterana, incompetente y corrupta Al Fatah, dominando el radicalismo islámico a la opción menos fundamentalista de Al Fatah, debemos añadir que lo sorprendente es haber llevado a las urnas a un número de votantes inusitado, porque en las presidenciales de 2005 sólo había participado el 48 por ciento del electorado y en esas legislativas del año siguiente se alcanzó un 77 por ciento, cifra insólita entre nosotros mismos.

En un contexto como ése, de rigorismo religioso y exaltación patriótica, ¿qué podía significar la pretensión de exponer la transición democrática española a un público de jóvenes universitarios palestinos? Lo menos importante es lo que yo pude explicar ante aquel público atento, fuera de algunas imposibilidades de traducción y comprensión. ¿Cómo se encuentra un término en árabe que designe lo que en la España de la transición fue el consenso?¿Cómo demonios puede comprender un palestino, sea fundamentalista, sea católico o sea laico absoluto, que el partido de la derecha española, el partido conservador, se llame Popular? Ahí chocaba con una resistencia ontológica, esencial. ¿Cómo va a ser popular un partido conservador? Nadie estaba interesado en cosas de Catalunya, ni siquiera del País Vasco y ETA, y es de agradecer porque no me hubiera visto capaz ir explicando a mi paciente traductora palestina qué es Esquerra Republicana hoy, por ejemplo, o el valor simbólico del viaje del president Maragall y sus amigos por aquellas tierras, del que hay anécdotas inenarrables que los prudentes periodistas españoles autocensuraron.

A los universitarios palestinos de Belén les interesaban otras cosas. ¿Por qué la Unión Europea les ha abandonado? ¿Por qué Israel puede tener gobiernos que niegan todos los derechos a los palestinos sin que nadie les boicotee y la convulsa Autoridad Palestina no puede tener un Gobierno que se niegue a aceptar el Estado de Israel? Ahí está el dilema. Estamos abriendo una fosa que alguien acabará rellenando de cadáveres. Es imposible ser palestino y no rebelarse contra el actual estado de cosas. Cada día que pasa la desesperación y la falta de perspectivas es mayor. La fosa se hace más grande y el muro más inmenso. Los palestinos sostienen que el nuevo muro de la vergüenza que lleva construyendo Israel desde 2002 no es para separar palestinos de israelíes, sino palestinos entre sí. Nadie puede admitir mucho tiempo esta situación. Para viajar entre la Cisjordania estrangulada y la Gaza exhausta y a punto de ignición, una mercancía, no digamos ya una persona, cuesta tanto - aseguran- como enviarla ida y vuelta a Australia. El gallego Miguel-Anxo Murado cuenta con todo lujo de detalles la insólita vida de los palestinos en un libro vivido y documentado, La segunda Intifada (Ediciones del Oriente).

La asistencia social, la educación y la honradez han convertido a los islamistas radicales de Hamas en la fuerza hegemónica en la sociedad palestina que vive en los territorios ocupados por Israel desde 1967. Lo cuenta y con rigor la profesora Carmen López Alonso en Hamas. La marcha hacia el poder (Ediciones Catarata). Y en esa historia se hace patente cómo la exigencia de democracia real en determinados países oprimidos es interpretada cuando se cumple como una provocación antioccidental, de donde cabría deducir que la Unión Europea y EE. UU. exigen democracia para que ganen los suyos, y si no es así prefieren la dictadura. Estamos pues ante una cuestión de mayor fuste sobre la que tengo la intención de insistir en otra ocasión. La diferencia entre democracia y libertad; o lo que es lo mismo, a mayores dosis de democracia le pueden corresponder menos cotas de libertad. Algo que cuestiona una tradición occidental que procede de 1789 y la revolución francesa. Si hubiera que resumir en una idea el bloqueo de la actual situación en Israel habría que partir de aquella frase que expresó el escritor sionista David Grossman hace tan sólo tres años: "Ser fuerte y sentirse débil es una inmensa tentación".

Gregorio Morán

:: Primera parte: Volver a Israel, para sufrir. :: Tercera parte: Los muros mentales de Israel ::