¿En brazos de Al Qaeda?

Con apenas excepciones, el Gobierno y los medios de comunicación de Israel - y los de una mayoría de países- han reaccionado ante los últimos acontecimientos en Gaza con una ingenuidad o una hipocresía verdaderamente pasmosas.

La brutalidad y trato humillante que Hamas dispensó a los partidarios de Al Fatah y sus instituciones en Gaza a lo largo de cinco días fueron horrorosos, comparables a la brutalidad y las humillaciones infligidas por la ocupación israelí a la población palestina durante cuarenta años, y en especial durante los últimos cinco años.

Hago esta comparación no para justificar las humillaciones de Hamas - que por cierto deshonran y desacreditan a la organización como también a la causa que defienden (y sus atentados suicidas contra civiles, que interrumpieron) en no menor medida que la ocupación y brutalidades israelíes deshonran al pueblo judío y a sus valores-, sino para subrayar la hipocresía de los políticos y la actitud moralizante de los columnistas de los medios de comunicación.

Igualmente hipócrita resulta la reacción escandalizada ante lo que se considera un golpe de Hamas contra su socio en el Gobierno de unidad de la Autoridad Palestina. Sobre todo, teniendo en cuenta que procede de diplomáticos israelíes, estadounidenses y europeos que financiaron, armaron y respaldaron abiertamente a Al Fatah - el partido que perdió las elecciones- para echar al partido que ganó los primeros comicios verdaderamente democráticos en el mundo árabe.

Cabe no obstante descubrir una excepción entre esta catarata de manifestaciones hipócritas en el análisis del más veterano y ecuánime columnista israelí sobre los asuntos palestinos, Danny Rubinstein, que reconoció que "la razón principal de la ruptura en Gaza estriba en que Al Fatah, liderado por el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abas, ha rehusado compartir plenamente los mecanismos de poder con su rival Hamas, pese a la decisiva victoria electoral de Hamas en la convocatoria de enero del 2006".

Jaled Mishal y otras figuras destacadas de Hamas han declarado que no cuestionan la legitimidad o autoridad de la presidencia de Abas ni pretenden fracturar el Gobierno de unidad, pero tampoco renunciarán a su propia legitimidad y autoridad logradas en las elecciones del 2006. Tal circunstancia les obligó a tomar medidas para acabar con el caos y la anarquía, los secuestros y la violencia desenfrenada de distintos grupos y milicias, así como de bandas criminales que estaban convirtiendo a Gaza en Mogadiscio. Y esta operación era inviable si no se ponía fin al desafío sedicioso del peor señor de la guerra de Gaza, Mohamed Dahlan - de Al Fatah, que asimismo es consejero de seguridad de Abas-, a la legitimidad y autoridad de Hamas.

Rubinstein también aludió al hecho de que Hamas necesitaba lidiar con el desafío representado por Dahlan. En una de sus columnas anteriores, apuntó agudamente que los musulmanes extremistas de Fatah al Islam, vinculados a Al Qaeda, situaron su grupo en un campo de refugiados libanés porque en este país no hay gobierno ni rige el imperio de la ley (al Gobierno libanés no se le permitió la entrada al campo de refugiados). "Tal es precisamente - dijo Rubinstein- el rumbo que está tomando Gaza", porque el boicot internacional y los desafíos internos contra el Gobierno de Hamas por parte de las fuerzas de Dahlan están debilitando a Hamas y "alentando la aparición de grupos afines a Fatah al Islam en Gaza". Rubinstein advirtió que "quienes no quieran a Hamas amanecerán un día en brazos de Al Qaeda".

A ello obedece que Hamas, en todos sus pronunciamientos, haya puesto buen cuidado en condenar a "ciertas facciones en el seno de Al Fatah" que actuaban como milicias rebeldes en Gaza y no a Al Fatah o Abas. Por esta razón, asimismo, Jaled Mishal ofreció al primer ministro libanés, Fuad Siniora, la colaboración de Hamas para liquidar a Fatah al Islam. Y cabe añadir que por el mismo motivo Hamas puede hallarse en condiciones de coronar lo que las fuerzas de defensa de Israel (IDF) no han logrado terminar en todos estos años: poner fin a la lluvia de cohetes Qasam lanzados desde Gaza contra Sderot, en Israel. Por supuesto, si Israel le da oportunidad para ello...

El restablecimiento por parte de Hamas de algo que se parezca al imperio de la ley y el orden en Gaza brinda a Israel, Estados Unidos y Occidente una segunda oportunidad para dar un respiro a esta organización a fin de que acomode paulatinamente su ideología a las responsabilidades de gobierno. El boicot a Hamas constituyó una política desastrosamente equivocada. Lejos de persuadir a Hamas para que moderara su ideología radical, debilitó a los elementos moderados y dio alas a los extremistas en el seno de la organización, no precisamente para bien. Como ha afirmado Efraim Halevi, ex jefe del Mosad israelí y asesor de Ariel Sharon, lo que Israel precisa obtener de Hamas es un término a su violencia, no el reconocimiento diplomático. Por otra parte, Hamas ofreció a Israel una tregua a largo plazo - en el supuesto de la misma actitud en el caso de Israel- que Israel rechazó (y que Hamas mantiene si la tregua se extiende también a Cisjordania).

La respuesta de Olmert ha consistido en reciclar un puñado de promesas hechas a Abas - nunca cumplidas- para emplearlas como pretexto para cercenar a Gaza de Cisjordania (y para que Hamas no se apodere de Cisjordania). La auténtica razón (Haaretz,5/ VI/ 2007) es "el tácito empeño de Israel de dividir la Autoridad Palestina en dos estados (...) y como Israel no puede decirlo en voz alta ante los estadounidenses, Olmert debe hablar en clave".

En fin, si el código cifrado de Olmert convence a Bush, echará el mismo cable a Al Qaeda en los territorios palestinos - y, en su día, en el propio Israel- que su buen amigo Bush ha echado a la propia Al Qaeda en Iraq.

Henry Siegman, director del proyecto Estados Unidos-Oriente Medio e investigador temporal de Fride, Madrid. Traducción: José María Puig de la Bellacasa.