En busca del equilibrio europeo

Por Jack Straw, ministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido (EL PERIÓDICO, 09/09/05):

1. Al rechazar el Tratado Constitucional de la UE, los votantes franceses y holandeses plantearon una serie de preguntas a los líderes europeos. ¿Qué hace la Unión Europea? ¿Qué beneficios me aporta ser miembro? ¿Qué me ofrece la Unión Europea que no me ofrezca mi propio país?

2. Existen buenas respuestas. La cercana cooperación europea ha aportado a cada Estado miembro grandes beneficios tanto económicos como sociales. Además, les ha otorgado una influencia más allá de las fronteras de la Unión Europea que no hubiesen alcanzado como naciones individuales. Esta es la razón por la que el Reino Unido se unió a la que era, en 1973, la Comunidad Económica Europea y por la que sigue siendo miembro de la UE hoy en día. Sin embargo, millones de ciudadanos europeos siguen sin estar convencidos. Hacer una pausa para escuchar y reconsiderar no significa traicionar el Proyecto Europeo, es cerciorarse de que, los ciudadanos europeos, aquellos cuyas vidas debe mejorar son sus más fervientes seguidores.

3. Si queremos convencer a los europeos de que la Unión funciona, debemos demostrarles que las instituciones europeas son eficientes y responsables y que no duplican el trabajo de los parlamentos nacionales. El principio de subsidiariedad de la UE se ha creado para lograr este objetivo. El principio establece que en el ámbito político donde la competencia se comparte entre la Unión Europea y los Estados miembros, la Unión Europea sólo podrá emprender acciones legislativas cuando “los objetivos de la acción pretendida no puedan ser alcanzados de manera suficiente por los Estados miembros” solos, “y, por consiguiente, puedan lograrse mejor, debido a la dimensión o a los efectos de la acción que se contempla, a nivel comunitario”. En otras palabras, la Unión Europea sólo podrá participar cuando exista un valor añadido en la acción conjunta.

4. La normalización y la armonización no añaden un valor por si mismas. El futuro de la Unión Europea no reside en la conformidad sino en celebrar la diversidad de los Estados miembros y utilizar sus diferentes fuerzas para el bien común. Un buen ejemplo de esta diversidad es la prensa europea. En su mayor parte, cada Estado miembro regula su prensa interna y, la mayoría, apenas lo hace, lo normal es la autorregulación. Lo que fomenta una prensa libre y diversa, lo que es importante no sólo para proteger la democracia sino también porque crea un ambiente en el que florecen la innovación y las ideas, esenciales para el éxito económico. Por el contrario, regular la prensa desde Europa o hacer que los periódicos estén sujetos a múltiples jurisdicciones impondría una burocracia innecesaria para una prensa libre y limitaría la diversidad.

5. Legislar “desde el nivel más bajo” es además la forma más fácil de gobierno. Emprender una acción desde una Unión de 25 Estados miembros es, a menudo, un proceso costoso e interminable, los 25 Estados deben ser consultados y sus opiniones deben considerarse. Normalmente, lo que conlleva largas negociaciones que aspiran alcanzar un compromiso mutuo aceptable. En la mayoría de los casos, el esfuerzo merece la pena. La actual Directiva de la UE relativa a los servicios en el Mercado Interior, por ejemplo, ofrece la posibilidad de generar cientos de miles de trabajos y billones de euros en los Estados miembros de la UE. Sin embargo, no todos los problemas de Europa son un cometido para la Unión Europea. Las instituciones europeas no deberían llevar a cabo una tarea que podría desempeñar con mayor eficacia un parlamento nacional.

6. Finalmente, la subsidiariedad aumenta la responsabilidad. La Declaración Laeken relativa al Futuro de Unión Europea puso en conocimiento en 2001 que la gente de Europa: “siente que los retos, a menudo, se apartan de la vista y quiere un mayor escrutinio democrático”. Una puesta en marcha exitosa del principio de subsidiariedad significa una toma de decisión lo más cerca posible del ciudadano.

7. El principio de subsidiariedad se articuló por primera vez en el Tratado de Maastricht de 1992. Las instituciones de la UE y los parlamentos nacionales ya habían negociado el desarrollo de este principio. Toda la reforma de la Agenda económica de Lisboa con el balance de las acciones llevadas a cabo desde la UE en ciertos ámbitos pero, en su mayor parte, con medidas dejadas para que las desempeñen los Estados miembros, es un buen ejemplo del funcionamiento de la subsidiariedad.

8. Sin embargo, aún queda mucho campo por mejorar. Actualmente, las instituciones europeas no tienen la obligación de informar a los parlamentos nacionales de los proyectos de ley de la UE y, mucho menos, que éstos tengan alguna influencia sobre ellos. El Tratado Constitucional quiere cambiar esto proponiendo “un mecanismo de alerta temprana”. Este mecanismo pone de manifiesto un marco de trabajo más claro por el que los parlamentos nacionales y las instituciones de la UE podrán decidir la escala más adecuada para pasar la legislación. Según este mecanismo, todos los parlamentos nacionales deberán ser notificados individualmente de los proyectos de ley y se les otorgará seis semanas para responder. Si un parlamento nacional creyese que le propuesta legislativa infringe el principio de subsidiariedad, podria mandar su opinión argumentada al Parlamento Europeo, al Consejo y a la Comisión. En caso de que un tercio del parlamento estuviese de acuerdo con que el principio ha sido violado las instituciones estarián obligadas a revisar la propuesta legislativa. Para definir mejor el papel que desempeñan los parlamentos nacionales, este mecanismo permite un acercamiento y una consideración más sistemática en materia de subsidiariedad.

9. Independientemente de si un Tratado Constitucional entra en vigor, la UE debe mantener esta agenda de subsidiariedad. Lo que, en ningún caso, debilita o margina a las instituciones europeas. Por el contrario, representa una oportunidad para convencer a la gente de Europa de que estas instituciones negocian para conseguir los resultados que se proponen de la mejor y más eficaz manera.