En cueros

Por Joan B. Culla i Clarà, historiador (EL PAÍS, 29/09/06):

Tras dos meses de misterio, el enigma se ha resuelto al fin. Cuando, a principios de julio, tuvo lugar el alumbramiento de Ciutadans-Partit de la Ciutadania, causó general extrañeza que el presidente y cabeza de lista de la nueva formación política no fuese ninguno de los conspicuos intelectuales o artistas que la habían engendrado, sino un joven y desconocido abogado de nombre Alberto Carlos Rivera Díaz. Ahora, después de que el partido haya publicado ya sus primeros y rompedores anuncios de prensa, se entiende a la perfección el porqué: ¿imaginan ustedes que, en vez del envidiable físico del señor Rivera -de 27 años, y ex campeón de natación por añadidura- la que apareciera desnuda a toda plana fuese la anatomía de alguno de los sexagenarios o casi septuagenarios ideólogos del grupo? El efecto sobre el electorado podía haber sido francamente desmovilizador…

Pero el strip-tease del Partit de la Ciutadania no ha sido, en este comienzo de curso, solamente metafórico y publicitario, sino también doctrinal y estratégico. El primer atisbo de lo que va a constituir, de cara al 1 de noviembre, la “propuesta fresca y renovadora” -así se autodefine- de Ciutadans, la tuvimos en el reciente mitin del Palau de la Música, donde el dramaturgo Albert Boadella describió la política catalana como “un conglomerado de cursis y capullos, con la justa proporción de mangantes y estafadores”, mientras que el catedrático Iván Tubau proclamó que, a él “la nación catalana le suda la polla”. Por debajo de estos grandes principios teóricos, el programa detallado del neonato partido no se hallaba aún disponible en su web el pasado martes, y los mensajes que circulan a tal propósito son más bien vagos y confusos: “una alternativa cívica, cercana y de progreso que recupere la dignidad de la política” (declaración del comité ejecutivo con fecha 7 de septiembre), “un partido socialdemócrata que busca la regeneración política” (declaraciones de Antonio Robles), “recogemos la tradición socialdemócrata y liberal” (entrevista con Albert Rivera), etcétera.

Sin embargo, y a la espera de conocer sus “100 ideas para mejorar Cataluña”, no faltan indicios ni señales acerca del posicionamiento, el perfil y el target electoral del Partit de la Ciutadania. “Dime con quién andas y te diré quién eres”, sentencia la sabiduría popular, y, en efecto, las amistades, las simpatías y los apoyos que Ciutadans está recibiendo en estas últimas semanas dicen mucho sobre su naturaleza política. Es de ver, por ejemplo, con qué mimo el presidente del partido, Albert Rivera, y su secretario general, Antonio Robles, son entrevistados en la COPE, y glosados por Libertad Digital, y jaleados desde El Mundo; cómo se han convertido -resumiendo- en objeto de los amorosos desvelos de la peña del ácido bórico. El otro día, en el mismo chat en el que acababa de afirmar que “Cataluña es protectorado de ETA desde Perpiñán”, Federico Jiménez Losantos recomendó a sus seguidores “unirse a Ciudadanos de Cataluña, porque con Piquerdón (sic) hay poco que hacer”.

Las complicidades significativas no terminan ahí. El pasado 21 de septiembre, el todavía máximo inspirador y mascarón de proa mediático de Ciutadans, Albert Boadella, fue invitado a intervenir en la clausura de los cursos de verano que organiza la Unión del Pueblo Navarro (UPN), la marca del Partido Popular en aquella comunidad foral. El presidente navarro, Miguel Sanz, la plana mayor de UPN y cientos de militantes aplaudieron con entusiasmo -cito de una crónica del acto- “las iniciativas que lleva acabo el artista en Cataluña”, “su descarada defensa de la identidad española”, “su firme oposición al nacionalismo catalán”. O sea: Boadella el ácrata, el anticlerical (no sé si recuerdan su espectáculo Columbi lapsus, sobre la misteriosa muerte de Juan Pablo I), el iconoclasta, el crítico mordaz y vitriólico de la Cataluña trabucaire y montserratina… ¡aclamado por los herederos sociológicos del carlismo más reaccionario, por los descendientes biológicos y morales del requeté de 1936, por los nietos de aquellos que inspiraron a Unamuno la famosa ironía sobre El Pensamiento… Navarro! Cosas veredes…

En estas circunstancias, algunos analistas creen observar últimamente en el Partit de la Ciutadania indicios de “moderación”. Según eso, el presidenciable Albert Rivera ya no se proclama “antinacionalista ni antinada”, aunque lo cierto es que quiere “eliminar el nacionalismo del ámbito público”, que su secretario general, Antonio Robles, sigue hablando de “la omertá política catalana” y que ambos han aprobado con fervor las penosas razones del Defensor del Pueblo para recurrir el Estatuto. Dentro de su nueva fase “moderada”, el señor Rivera advierte: “que nadie se sorprenda si Ciutadans propone en el Parlament que en TV-3 se hable también en castellano…”. Sí, seguramente una cadena generalista y potente en catalán frente a seis o siete en castellano constituye un exceso provocador… Además, ¿cómo vamos a sorprendernos si el señor Iván Tubau ya tiene denunciado (en El Mundo del pasado 25 de abril) “el totalitarismo de Radio Nacional de España, que en la década de 1970 optó por el uso exclusivo del catalán en Ràdio 4, y de TVE, que hizo lo mismo en el Circuit Català”? Admitámoslo: a la salida de cuatro décadas de franquismo, destinar al catalán minorizado una frecuencia de radio y algunas horas de la única televisión existente eran, en efecto, un abuso fascistizante. ¡Lúcido Tubau!

Hace aproximadamente un año, cuando el proyecto de Ciutadans empezó a dar sus primeros pasos, hubo quien temió -o esperó- ver un remake de las antiguas gestas de Alejandro Lerroux. Pues no. El modelo inspirador del nuevo partido parece más bien Michel Gérard Joseph Colucci (1944-1986), conocido como Coluche, el payaso francés que también gustaba de aparecer desnudo y que anunció su candidatura a la elección presidencial de 1981 en su país. Es preciso añadir, en favor de Coluche, que éste, al menos, era ingenioso.