En defensa de la vida desde el primer instante

Escribo pensando en la ley de plazos que propone la ministra de Igualdad y que desemboca en el aborto libre, con una serie de argumentos que muy pocos leen, hasta enterarse a fondo de la manipulación y las mentiras que encierra un tema de importancia extrema para todos.

Esgrimiendo como bandera el falso objetivo de defender la libertad de la mujer, a base de argumentos demagógicos o sentimentales, apoyan una postura que conduce a dar vía libre para cometer ese acto inhumano de matar a su propio hijo, incluso a niñas a partir de los 16 años.

¿Igualdad? ¿Libertad? ¿De qué estamos hablando? ¿Dónde están, señora ministra, los niños de esa misma edad o los hombres que engendraron a ese ser humano? ¿A qué igualdad se refiere cuando la mayoría de las veces el compañero que ha concebido esa nueva vida desaparece de la escena y jamás tendrá el mínimo remordimiento por haber destruido a un nuevo ser como le ocurre siempre a su pareja? ¿Y qué decir de tantos que, movidos por un machismo repugnante, obligan bajo amenazas a las víctimas de su instinto sexual a deshacerse del hijo engendrado por uno y por otro? ¿A eso le llama alguien libertad?

No invento nada. Tengo un testimonio reciente, publicado en un diario europeo el 12 de marzo, con las palabras de una actriz, Jennifer O’Neill, que a los 19 años se sometió «confusa y abandonada» -sus palabras- a un aborto contra su voluntad, forzada por su novio que le amenazó con quitarle su bebé si lo llegaba a tener.«Después de abortar me odié profundamente y pensé que me odiaría toda mi vida», repite. Así fue. Pasó muchos años destruida como persona. Aquel acto le llevó a refugiarse en la droga, en el alcohol, en una existencia sin sentido, hasta que gracias a la fe en Dios decidió volver a empezar una nueva vida. Desde entonces es una activista de una campaña post aborto que se llama «No más silencio». Los testimonios que escucha son terribles, porque detrás de cada aborto, cuenta, hay una mayoría de mujeres derrotadas y sin ningún horizonte, hasta que encuentran un rayo de esperanza que les anima a seguir viviendo, después de su drama personal por el remordimiento, incurable casi siempre, que les acarrea el haber abortado.

No sigo con lo que ocurre a nivel mundial. Pretendo ser una más de las muchísimas personas que me rodean que, al margen de lo que hacen y dicen algunos políticos, nos unimos en un clamor que no puede pasar inadvertido para reclamar que nos escuchen: estamos hartos de ese juego disparatado y absolutamente alejado de la verdad científica, por una parte, y de la realidad social de cada día, que supone dar vía libre al aborto. La defensa de la vida, por suerte, va ganando posiciones importantes.

En los últimos días de marzo se ha recogido en un Manifiesto la firma de más de 300 intelectuales y científicos de distintas ramas de la Biomedicina, Humanidades y Ciencias Sociales, todos de mucha categoría profesional, que se plantan con argumentos sólidos, científicos, éticos y legales, en defensa de la vida desde el primer instante de la concepción y en contra de la reforma de la ley del aborto de la ministra Aído. Con la ley de plazos que se propone este Gobierno y desde un punto de vista científico aseguran que «se intenta otorgar a la mujer el poder para acabar con la vida de un ser vivo, que es su propio hijo.». Que quede claro que somos muchos los que no soportamos más mentiras y manipulaciones. ¡Vamos a hablar en castellano!

Covadonga O’Shea, presidenta de ISEM Fashion Business School.