En el centenario de Giner de los Ríos

Se cumplen ahora cien años del fallecimiento de don Francisco Giner de los Ríos (1839-1915). Impresiona contemplar la energía transformadora que el ilustre rondeño logró proyectar en la vida intelectual española. Admira ver como la genuina reacción en pro de la libertad de la ciencia, tan presente a la sazón en el panorama intelectual la teoría del evolucionismo, que tanto horror produjo en los biempensantes, ocasionó la decidida respuesta frente al Real Decreto y a la Circular del ministro Orovio que publicaba la «Gaceta de Madrid» el 26 de febrero de 1875, decreto que amordazaba la «libertad de cátedra» y que daría lugar a la «segunda cuestión universitaria», con su secuela de actuaciones represivas. El propio Giner sería confinado en Cádiz de la noche a la mañana, y encerrado en el Castillo de Santa Catalina, que era una prisión militar llena de reclusos. A partir de ahí, hay que contar con la ingente movilización que la posterior creación de la Institución Libre de Enseñanza iría produciendo, y que conduciría a un desarrollo cultural y científico de los más serios que haya conocido la historia española. Paso a paso y sin alharacas. Desdoblándose poco a poco pero sin pausa en ingentes creaciones y actividades, como el «Boletín de la Institución Libre de Enseñanza» –el famoso «BILE»–, la Residencia de Estudiantes, o la Residencia de Señoritas, el Instituto-Escuela, no olvidemos la influencia que tuvo para que se creara en 1900 un ministerio para la «instrucción pública», o, algo después, en 1907, la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, que permitió que se acercaran a los centros consagrados de todo el mundo centenares de jóvenes investigadores, que luego aportarían sus saberes a las instituciones españolas. En todas las especialidades, ya fueran humanísticas ya científicas. De la impresionante lista de quienes acompañaron a Giner en las diversas secuelas de su inmensa aventura –Gumersindo de Azcárate, Nicolás Salmerón, Segismundo Moret, Augusto González de Linares, Joaquín Costa, Manuel Bartolomé de Cossío, etc.–, destacaría ahora el nombre de don Santiago Ramón y Cajal –quien con toda modestia se había acercado a oír a Giner en sus clases–, que presidiría luego –gratuitamente, por supuesto–, desde su creación en 1907 y prácticamente hasta su muerte, la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, auténtico astro Cajal en la investigación del sistema nervioso, apegado toda su vida a sus clases y al laboratorio, que hizo brillar el nombre de España por todos los confines y que –la forma de proceder de los institucionistas–, crearía una esplendorosa escuela de especialistas.

NIETO
NIETO

De destacar, entre los logros derivados de la proyección de la Institución Libre de Enseñanza, la promoción y efectiva incorporación de la mujer, la revitalización del arte popular y de nuestras tradiciones, el aprecio de nuestros artistas –recordando, por ejemplo, como el libro de Manuel Bartolomé Cossío sobre El Greco fue elemento decisivo entre los que contribuyeron a redescubrir al cretense–, o el afán por la pedagogía. De lo que es excelente testimonio la radical interpretación llevada a cabo por María de Maeztu del famoso dicho que regía entonces los senderos de la enseñanza, «la letra con sangre entra»: sí, nos dirá, la letra entra con la sangre que tiene que hacerse el profesor para preparar y trasmitir sus enseñanzas. Ningún encantamiento, sino el trabajo constante, esforzado y periódico. Incluso, los más pequeños gestos y detalles. Recuerdo la fruición con que contaba don Ramón Carande haber visto a Giner agachándose a recoger el papel que había arrojado al suelo un alumno displicente. ¡Y es que hay muchas maneras de enseñar!

Nuestra reflexión no debe olvidar que, en la atormentada historia española, los miembros de la Institución serían perseguidos, y no pocos hubieron de emigrar, generosamente acogidos en los países hermanos allende el océano, donde dejaron cumplido testimonio de sus saberes. Especialmente patética me parece al respecto la dispersión de la rica escuela de Cajal, que repartiría por el mundo muy acreditados científicos.

Hoy, al evocar a Giner, al contemplar agradecidos el acierto y la implantación de su obra, es oportuno recordar alguno de los valores que auspiciaba: la primacía de la educación y de la preparación para la educación desde el gusto por esta profesión; la importancia de la investigación, generosa y paciente, el aprecio de la cultura y la revalorización de nuestros testimonios histórico-artísticos, el cuidado y atención a los maestros y a todo tipo de profesores, la autoexigencia de éstos y la dedicación sincera, el mérito y la capacidad como único criterio de selección, la educación de los alumnos en el convencimiento y la responsabilidad, sin mengua del respeto efectivo a la disciplina, en un universo en el que el juego y el deporte ocupaban lugar destacado. No olvidemos su aprecio por los paisajes españoles y, en concreto, el gozo por el descubrimiento de las bellezas del Guadarrama.

Hay un poema impresionante en la historia de la literatura española, muy breve además, que creo deberían aprender de memoria todos nuestros estudiantes, en que se enlazan dos de los grandes valores de nuestra historia cultural, Antonio Machado y Giner, al evocar aquel la muerte de éste. No es un poema luctuoso, en cuanto el mensaje del maestro sería, según señalaba don Antonio, «Hacedme un duelo de labores y esperanzas. / Sed buenos y no más…». Y esa impresionante constatación, con tan enérgico y hermoso remate: «Lleva quien deja y vive el que ha vivido. / ¡Yunques, sonad; enmudeced campanas!». Sin olvidar la hermosa lección, reto para todos nosotros todavía, cuando tras su referencia al Guadarrama, concluye el poema: «Allí el maestro un día / soñaba un nuevo florecer de España». En suma, un aniversario para recordar y evocar, para reflexionar, y para cobrar fuerzas e ilusión, sabiendo que «la vida sigue, /los muertos mueren y las sombras pasan».

Lorenzo Martín-Retortillo Baquer, miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación y del Colegio Libre de Eméritos.

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