En el nombre de Dios

Aunque las páginas de la historia son el reflejo de las experiencias de la Humanidad, extrañamente no aprendemos la lección. El mundo entero fue testigo de cómo se crearon los talibanes y que las ayudas militares, monetarias y también las asesorías terminaron con la propagación de las redes del terror de Al Qaeda en cualquier rincón del mundo, algo que alcanzó, con el derrumbe de las torres gemelas, el corazón de Nueva York. Todos vimos cómo culminaron las invasiones militares de Afganistán e Irak, con la pérdida de vidas inocentes, la destrucción de casas, colegios y la pérdida económica de miles de millones de dólares. Todos nos enteramos que se consiguió el efecto contrario que se pretendía con aquellas invasiones con las que se buscaba destruir las redes del terrorismo y del tráfico de estupefacientes en Afganistán y el establecimiento de la paz y estabilidad en Irak. Pero los señores de la guerra alzaron muy triunfantes sus voces dando por terminada la misión. Después de aquello, Occidente, sin poder comprender el ciclo de las evoluciones, agravó muchas de las situaciones. Para la consecución de los objetivos políticos y de la seguridad de Occidente en Oriente Medio ha creado, como si fueran el Dr. Frankenstein, una criatura que en tres años se ha convertido en El Estado Islámico de Irak y el Levante (DAESH, en sus siglas en árabe), algo que se ha transformado en un grave problema no sólo para ellos mismos sino para toda la región y también para el mundo. Las ayudas de los gobiernos autocráticos y el apoyo de los opositores no han sido planteados con una perspectiva a largo plazo. Ahora deben apagar el mismo fuego que habían encendido. Pero si se actúa de la misma manera que las invasiones de Irak y Afganistán, no podrá haber ninguna victoria.

En 2011 y a través de la aparición del Ejercito Libre, Frente Al Nusra, Ahraralsham y demás grupos armados terroristas se inició la crisis de Siria y acto seguido se formó DAESH a causa de la integración de los grupos ya mencionados. Desde los primeros días de la crisis advertimos que los problemas de Siria son tan complejos que ninguna solución militar lo puede solucionar. Por esto, las ayudas financieras y armamentísticas de alguna potencia mundial y la de sus seguidores regionales, a los grupos llamados moderados de Siria no sólo no dio solución al problema, sino que además provocó matanzas, obligó al desplazamiento de inocentes y causó la destrucción de viviendas e infraestructuras. Todo culminó finalmente con la creación de DAESH. Si se hubiera atendido aquella buena recomendación, la situación de la región no se habría complicado tanto.

Al final, tres años después, se ha creado -tarde, con condiciones previas y de forma selectiva- una coalición para combatir al terrorismo baasista de DAESH. Aunque al principio ayudaron y fortalecieron a DAESH como si fueran opositores armados moderados, después les permitieron disponer de territorios en los dos países de Siria e Irak. Ante los crímenes y genocidios de DAESH en Siria e Irak, durante mucho tiempo se miró para otro lado. Sólo se movieron después de los ataques a las minorías cristianas e yazidies, ejecuciones de súbditos occidentales y su avance hacia el Kurdistán.

La gravedad de las atrocidades de los terroristas de DAESH y su alarde del Mal Absoluto conmocionó al mundo y ahora parece que todos han visto la gravedad de dicha amenaza y se preparan para asumir su papel. Nadie puede creer que todas las modernas y sofisticadas armas que utiliza DAESH en Siria e Irak hayan sido obtenidas como botín de los almacenes armamentísticos de Mosul. En especial porque algunas de estas armas no existían en los silos de Irak. ¿De dónde han sacado los vehículos y blindados? ¿Qué países compran su petróleo? ¿Desde qué frontera entran los terroristas a Siria e Irak? ¿A través de cuales bancos acreditados de Europa o América se realizan las transacciones monetarias de los terroristas? ¿Dónde se adiestran los terroristas? ¿Cómo actúan los europeos con los elementos ya identificados que vuelven del campo de batalla?

¿Cómo se puede combatir codo con codo con aquellos países que son a la vez amigos de los bandoleros por un lado mientras que por el otro se juntan con los caminantes? La República Islámica de Irán no está dispuesta a colaborar con la Coalición, teniendo en cuenta esta ambigüedad y el serio interrogante que plantea en su forma y contenido en su actuación contra el terrorismo, además de su irracional y poca realista visión de sus actos y la participación de los actores opuestos y en conflicto dentro de la misma coalición. Por su parte, Irán continúa con su firme y buena voluntad y el alto objetivo de luchar contra el salvaje extremismo del terrorismo takfiri y ha trabajado por devolver la estabilidad y seguridad a la región. Irán no ha escatimado su ayuda a los países que combaten el terrorismo de DAESH y permanece en primera línea del frente. Muchos analistas y conocedores de la región creen que los últimos triunfos contra DAESH se deben a las recomendaciones y colaboraciones multilaterales de Irán.

Los ataques de aviones de combate, misiles crucero y drones a los pilares y destacamentos de DAESH no son suficientes. Para combatir ante una fuerza de 30.000 personas dispersas en permanente tránsito (que al parecer, algunos miles son europeos), se necesita una forma específica de lucha. Necesitan que los bombardeos aéreos se completen con eslabones de cadenas terrestres por fuerzas de elite, preferiblemente comandos expertos en las guerras irregulares mediante armamento sofisticado y fuego de artillería pesada. Toda medida militar será en vano si no se opta por un contexto político adecuado proclive a solucionar los problemas de la región sobre la base de la democracia, el derecho a decidir en las urnas, y respetando la integridad territorial y la soberanía de los países de la región, además de desarmar a aquellos infames locos.

Actualmente, este grupo, que se llama a sí mismo como Estado Islámico está perdiendo una tras otra todas sus posiciones. Cuando las fuerzas de la Coalición temen estar presentes en el campo de batalla contra DAESH y se limitan a los bombardeos aéreos, el peso principal de la batalla lo soportan las espaldas de los hombres y mujeres valientes que miran cara a cara al enemigo y luchan contra ellos con los mínimos recursos. Algunos consideran ingenuamente que DAESH es una amenaza menor y la bajan de escalafón a lo que pueda ser la de una banda terrorista de menor importancia. Pero esto es un craso error estratégico: DAESH es una seria amenaza contra todos los logros y valores dignos de respeto de la comunidad internacional y de cualquier religión o civilización.

Los terroristas de DAESH derraman sangre en nombre de la religión y cortan cabezas en nombre del Islam. Pero el Islam es la religión de la compasión, el amor y la bondad. Ellos no son ni Estado ni Islámico, y es por eso que el mundo islámico se ha levantado contra ellos. Las amenazas de los takfiries de DAESH han hecho que la unidad y la cohesión de los pueblos de Irak se hayan fortalecido. La atención de los gobiernos de la región hacia sus fuerzas populares se han duplicado. Chiíes, suníes, kurdos y turcomanos de Irak y Siria se han movilizado para la eliminación del enemigo común, y los países con antiguas diferencias y amenazas han optado por el interés común como la base de las nuevas colaboraciones.

Hay signos alentadores que al parecer muestran que el realismo va a regresar a los centros de decisión políticas que se hallan en las dos orillas del Atlántico. Ejemplo de esto es la ayuda militar al Gobierno central y a los kurdos así como la revisión de una solución política para la crisis de Siria, todo lo cual son buena muestra de una recuperación de la lógica y la sensatez.

¿Puede una amenaza común convertirse en una oportunidad para resolver una serie importantes de desafíos internacionales y regionales? Esto compete al arte de los políticos quienes podrían conseguir a través de una estrategia a largo plazo y absteniéndose de planes enfocados sobre una política del poder hallar formas de interacción y cooperación mutuas que beneficien a ambas partes. Las centrifugadoras de Irán no han supuesto el más mínimo peligro para ningún país. Se debe de dejar de lado el engaño y la hipocresía y extender las manos con sinceridad y honestidad y buena fe para colaborar en la construcción de un mundo más seguro, próspero y libre. Mañana será demasiado tarde.

Mohamad Hasan Fadaei Fard es el embajador de Irán en España.

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