Enciclopedia de Extremadura

Alabarda. Nadie se pone de acuerdo. ¿Su etimología es italiana o francesa? Aunque el arma es nórdica, según casi todas las fuentes. ¿Cómo llegó a las casas fuertes de Extremadura? ¿Llegó antes que la “albarda”? Esta es de origen árabe y parte más real del imaginario extremeño. Sobre una era, donde alguien descansa del día de sol a sol y toca un acordeón diminuto. En las profundidades de las bodegas frías, más allá del llamado “patio de casa”. ¿Es significativo que una albarda esté llena de paja? En una posible teoría sobre la albarda nos referiríamos también al nacimiento del regionalismo, en especial el extremeño, hace ya muchos siglos: cuando el desastre crecía fuera, nos volvíamos hacia nosotros mismos, como hoy. Pero es también la albarda un apero digno de Sancho Panza: no solo pone en marcha el recuerdo, es decir, el corazón, sino que ayuda a decir, con llaneza, las cosas más importantes.

Alemanes. 1. Además del nombre de los ciudadanos de un país “para” la abundante emigración extremeña (véase Arroyomolinos), es el lugar de nacimiento de dos figuras que explican a la perfección un pasado reciente y un futuro posible de y para la cultura extremeña del presente: Wolf Vostell y Helga de Alvear. O, dicho de otro modo, la necesaria suma de lo privado y lo público. Suma necesaria en una comunidad donde el 90% de las iniciativas culturales de calidad tiene sello, y presupuesto, público. El Museo Vostell Malpartida de Cáceres y el Centro de Artes Visuales Fundación Helga de Alvear hubieran sido inviables para cualquier Gobierno extremeño: existen hoy por la generosidad de sus promotores: un artista y una coleccionista llegados hasta Extremadura en una emigración “a la inversa”: el atraso ha conservado la atrayente naturaleza de grandes horizontes. 2. Cerca del Monasterio de Yuste, donde se retirara a morir el emperador Carlos V, entre los olivos, se alzan las simbólicas (tanto como una frase de Hannah Arendt) cruces del Cementerio Alemán.

Antaño. Durante mucho tiempo quisieron los extremeños ser portugueses. ¿Cabeza de ratón en vez de cola de león? Quisimos que el mítico rey de Portugal don Sebastián, a su paso por Extremadura, camino del encuentro con su tío Felipe II, nos sumara a su reino o pidiera esta región como “regalo”. Preferíamos Lisboa a Madrid. Y que el extremeño (según Rodríguez Moñino) Francisco de Aldana, el gran poeta, loara la anexión. Luego, en los tiempos difíciles, hubiéramos tenido el melancólico consuelo del sebastianismo… Paradójicamente, hace pocos años, a. C. (antes de la Crisis), eran los portugueses de más allá de La Raya (que une, y no separa, según creemos muchos) quienes deseaban ser extremeños, incluso en medio de la polémica y las encuestas. Al margen de ellas, a partir de junio de 2006 muchos niños portugueses han nacido en el hospital Materno-Infantil de Badajoz gracias a los acuerdos entre Extremadura y el Alentejo, que también contemplaban la prestación de servicios de radioterapia, hemodinámica, radiografías, cateterismo y cirugía infantil.

Arquitectura. El nombre de quien mejor ha explicado la arquitectura extremeña actual, y de quien más la ha popularizado quizá, también comienza por A: Anatxu Zabalbeascoa. “Llegar tarde tiene sus ventajas. Perder trenes, también. Mientras contemplas cómo se alejan los vagones, puedes sentarte a observar lo que sucede con el tren. La arquitectura extremeña reciente ha llegado tarde. Y ha salido ganando”. Son declaraciones suyas. Como estas otras: “Lejos de tratar de levantar un Guggenheim local, la arquitectura contemporánea extremeña ha apostado por construir a la manera del lugar: con materiales nobles y sólidos, más cercanos a la cantera que a la industria”. La lista de nombres propios es saludablemente diversa, combinando nombres ya clásicos y firmas muy jóvenes: Rafael Moneo, Navarro Baldeweg, Nieto y Sobejano, Tuñón y Mansilla, Selgas y Cano, Justo García Rubio, José María Sánchez García… Convivencia pacífica: puentes de Calatrava y puente de Alcántara. “La armonía, más que el contraste, es la clave en la nueva arquitectura extremeña. Y el mensaje, rotundo: ni se necesita romper nada para hablar claro ni sería lógico no aprender de aquello que deseas conservar”.

Arroyomolinos. El monje y cronista Claude de Bronseval pasó por aquí. No le disgustó Extremadura. Incluso las posadas, dice Juan Gil, “le parecieron buenas o aceptables, aunque hubiera que buscar comida en otro lugar, según la costumbre española”, y los campesinos, hospitalarios. Salvo en Arroyomolinos, donde labradores y vendimiadores, como si hubieran leído a Horacio, recibieron a su comitiva con el antigabacho grito de: “Cucú, Cucú”. A cambio, los franceses les enseñaron el dedo. Tiempo después, Francia se convertiría en la primera patria de muchos extremeños. La emigración vació la región de parte de su mejor mano de obra. La más inconformista al menos. Aunque algunos dirán: la más pobre.

Atonía. Falta de energía, vigor, fuerza, según los diccionarios, pero también “debilidad de los tejidos orgánicos” (atención al ¿adjetivo?). Es junto a “atraso” otro de los términos que, según los tópicos, define a Extremadura. Se habla de represión en algunas regiones españolas, pero no de la represión de distinto signo sufrida aquí durante siglos (y no solo a partir de Floridablanca). ¿Y si hubieran prosperado las decisiones más lúcidas del desamortizador Mendizábal? Por desgracia, algunas de sus peores directrices acabaron con parte del patrimonio cultural de esta región (digámoslo de otro modo: objetos artísticos y literarios). Por suerte, algunas de las mejores dieron lugar a las primeras bibliotecas públicas extremeñas.

Audiencia. Meléndez Valdés dejó apuntadas en el Discurso de apertura de la Real Audiencia de Extremadura de 1791 “algunas medidas que podrían redimir a su querida Extremadura”, como recuerda Fernando Pérez en un texto póstumo y ejemplar, de título revelador: La Ilustración pasa en berlina. Las medidas eran estas: “Rompimiento y reparto de los terrenos baldíos susceptibles de ser labrados con provecho; coto y límite a los privilegios de la Mesta; obras de infraestructura para la circulación de viajeros y mercancías; amén de una enseñanza práctica y sencilla de las nuevas técnicas agronómicas dirigida especialmente al esforzado labrador”.

Autócrata. Para algunos, dentro de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra. Todo giraba en torno a él. Un Rey Sol, un zar, según unos; el Liberador, un superhéroe ante los villanos, según los demás. Su teoría (romper cristales para que te hagan caso) dio más de un fruto, pero en ocasiones envenenado: muchos lo recordarán para siempre como El Hombre Que No Se Callaba Nunca, un agitador de telediarios, tertulias y congresos. Fue, ha sido, mucho más, incluso cuando no hemos podido dar crédito a sus maneras… Más allá de los tópicos (otros de los que signan esta región) y de las políticas más desafortunadas (originadas, como en otros casos, por el rodillo de Los Demasiados Años, y de ahí el voto reciente de la IU extremeña), cuando pase el tiempo suficiente (o necesario) su Gobierno será recordado como fructífero o muy fructífero, sobre todo en lo que respecta a medidas de corte “social”. Por citar solo algunas: los pisos tutelados para ancianos en el medio rural, la calidad de las guarderías, las políticas de protección ambiental y del patrimonio, las ayudas a la creación de empresas jóvenes o promovidas por mujeres, el desarrollo del software libre…

Ave. Especie en vías de extinción en el campo extremeño, reza un chiste reciente. El Gobierno portugués (ahora un “ay”) se niega a su construcción. La crisis obliga. Quizá haya una señal en la nueva “pérdida” de este tren… En estos días, el único que llega desde Madrid a Lisboa, atravesando de este a oeste Extremadura, tarda una noche entera pero sigue llamándose, a lo don Sebastián, Lusitania Exprés.

Julián Rodríguez, escritor, director literario de la editorial Periférica y director artístico de la galería Casa sin Fin, ambas con sede en Cáceres.

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