Encuesta, que algo queda

Muchos ciudadanos de la comunidad vasca suponen, por lo que les han contado, que en la vecina Navarra rige una política lingüística que atenta contra los derechos de los navarros. No hace falta ser nacionalista para creer semejante cosa, ni siquiera tenerse por progresista. Basta con saber que allí manda un Gobierno de derechas, no hay más que hablar, como si hasta ahora los gobiernos nacionalistas de Euskadi o su política lingüística fueran de izquierda. Así que se supone que la navarra es una política vejatoria del euskera por dos razones principales: porque aplica sobre el territorio un injusto criterio de zonificación, que establece derechos lingüísticos según la presencia de vascohablantes en una u otra zona; y, en consecuencia, porque hay muchos euskaldunes navarros que ven frustrados sus deseos de comunicarse en la ‘lingua navarrorum’.

Pero ya va siendo hora de entender que el criterio de zonificación es precisamente el que plasma el principio de adecuación a la realidad sociolingüística, a fin de cuentas, lo que exige la justicia lingüística. Lo recoge también la ley vasca, aunque a modo de papel mojado, y es de esperar que pronto lo invoque como fundamento para su política el nuevo Gobierno vasco. Y, en cuanto a los presuntamente numerosos vascohablantes de la comunidad foral, sería bueno que los reticentes comparen sus prejuicios con la terca realidad que dibujan los estudios empíricos.

Pues se acaban de publicar los resultados de la enésima encuesta sobre el euskera en Navarra (2008). Uno piensa que nos habremos muerto y el Gobierno de turno seguirá encargando estudios sobre el euskera en Navarra. Tal vez no quede entonces ningún euskaldun ni siquiera en la zona vascófona, pero aquí seguirán a la espera de que algún día la realidad se aproxime a las insensatas aspiraciones de algunos. El firmante de este artículo ya advirtió varias veces el año pasado y los anteriores en este y otros periódicos de los requisitos sin los cuales esta encuesta, ‘como todas las demás’ hechas en esta tierra sobre la materia, sería ‘deficiente, cuando no tramposa’. Nadie quiso tomar nota, y la encuesta ha salido deficiente y tramposa. Algún otro denunció hace unos días que el tenor de las preguntas y la selección de las muestras probablemente han desfigurado los resultados, y nadie replica. Ni el señor consejero del ramo, ni la acreditada empresa encuestadora, ni los sociólogos de ambas universidades ni los grupos parlamentarios favorables o contrarios. A partir de semejantes resultados, los de siempre darán la tabarra un año más, y habrá más subvenciones un año más, y se repetirán las mismas falsedades o amenazas otro año más. Pero ésta es la ciudadanía navarra y no se ponga usted así, con lo cerca que están las fiestas…

De manera que vuelve a recurrirse a las preguntas telefónicas, que no informan de cuánto entienden, hablan, leen o escriben los navarros el euskera, sino de lo que éstos creen o quieren decir acerca de ello. Ya sólo por eso todo el tinglado se viene abajo y nada es lo que parece. Figúrense: que en la zona no vascófona dicen entenderlo entre un poco y bastante bien ¡un 10%!; o que en Pamplona la suma de esos presuntos entendidos ¡asciende al 20%!… Pese a su evidente exageración al alza, las cifras muestran un panorama desolador: verbigracia, en la única zona vascófona -poblada por la décima parte de los navarros- dos tercios dicen comprender la lengua, pero sólo la mitad de sus habitantes confiesa hablarlo (no de ordinario, según se verá), y leerlo o escribirlo, bastantes menos.

Pero es que además los resultados más reiterados son puras obviedades que nadie ignoraba sin consultar a expertos. Así nos enteramos de que el euskera se conoce mejor en la zona vascófona y que en la zona mixta es mayor el porcentaje de euskaldunes que en la no vascófona. Aprendemos asimismo que entre los nacidos en Navarra la lengua vasca se cultiva más que entre los foráneos. Incluso, qué cosas, en los pueblos hoy deseosos de ser incluidos en la zona mixta los vecinos más favorables están entre la población euskaldun y los menos, entre los castellanohablantes.

Claro que esto último ya es algo misterioso, porque en esos pueblos donde esa opción es la mayoritaria los euskaldunes se cuentan con los dedos de una mano y sobran cuatro. Lo que tampoco es tan extraño, si partimos de que la lengua materna del 92,7% de los navarros es el castellano y sólo del 7,3% el euskera; que de los mismos ciudadanos vascófonos sólo la mitad tienen el vascuence como su primera lengua, mientras que los ‘mixtos’ la tenemos en un 3,6% y prácticamente nadie entre los no vascófonos. Pero, para misterio, ahí están los ciudadanos cuasi-euskaldunes (¿), una categoría que los autores del estudio ni siquiera se dignan definir, pero que representan una proporción nada despreciable en todas las mediciones.

Si venimos al uso habitual del euskera (el que se confiesa, repito) los datos no parecen avalar el contumaz desafuero de Nafarroa Bai de proponer declararlo lengua cooficial en todo el territorio foral. El castellano es la lengua usual por lo menos del 94,1% de nosotros y el euskera, del 5,2% por lo más. Éste es el dato más relevante, contra el que nada pueden la historia pasada, unos pretendidos derechos o reivindicaciones injustas. No hay un derecho lingüístico previo a ese uso, sino que este uso funda aquel derecho. Pero es que en la zona vascófona tal uso no pasa de un tercio de sus hablantes y en la mixta… del 2,6% y, por cierto, ese empleo habitual disminuye conforme aumenta el nivel de instrucción. ¿Por qué seguir, pues, llamando zona vascófona de Navarra a lo que es más bien mixta y zona mixta a la habitada por sólo un 2,6% de población que se califica vascohablante? ¿Y por qué se escucha siquiera la pretensión de esos pueblos que quieren pasarse a la zona mixta, cuando en cada uno de ellos es una realidad clamorosa que «en este municipio no se habla euskera»? Porque sólo una minoría de vecinos en esos pueblos se atreve a declararlo. Y es que eso, sin lugar a dudas, cuesta mucho más que condenar los atentados de ETA.

Resulta que tres cuartas partes de la población castellanohablante navarra, o sea, de casi todos, reconoce ser indiferente ante el euskera. Pero incomprensiblemente más de la mitad de ellos demanda mayor promoción del euskera; y en la zona mixta y no vascófona casi el 70% manifiesta querer para esa lengua -que no es la suya ni le interesa- más subvenciones, más enseñanza, más rotulaciones viarias y más presencia en las ofertas de empleo público. ¿Locura o cobardía ante la presión ambiental? Sabemos la respuesta, pero volveremos a ocultarla en la próxima encuesta.

La realidad lingüística de Navarra no es como la de Euskadi, ya lo sabemos. Pero queda a su cargo, lector, ponderar cuánto de lo que vale para la primera comunidad vale también para la otra.

Aurelio Arteta, catedrático de Filosofía Moral y Política de la UPV-EHU.