Enigma, misterio y acertijo

Se atribuye a Churchill la frase de que la Unión Soviética era un “enigma dentro de un misterio envuelto en un acertijo”. Las noticias sobre Corea del Norte, oficialmente denominada República Popular Democrática de Corea (RPDC), han sido constantes en los últimos meses, pero la opacidad del régimen hace dudar de la veracidad de muchas de aquellas y nos recuerdan la frase del líder inglés.

La RPDC, fundada en 1948, ocupa 120.000 km2de la península coreana y su población se sitúa alrededor de 23-25 millones. Al sur, la República de Corea (Corea del Sur), de menor extensión (98.000 km2)pero con el doble de población. Dos países que comparten una ancestral historia, lengua y cultura común, pero separados por una diferencia ideológica y económica total: un Norte estalinista y un Sur democrático y de libre mercado.

En primer lugar, Corea del Norte podría ser definida como un país comunista ortodoxo que defiende una versión propia, basada en la doctrina Juche, una formula ideológica adaptada a un profundo nacionalismo, que exalta la cultura y los símbolos nacionales y tradicionales, celosa de la independencia política y económica yque da absolutamente preponderancia al desarrollo militar. El Partido de los Trabajadores y el Ejército (con más de un millón de efectivos) son ejes claves del sistema, si bien a mi juicio el auténtico centro de poder se sustenta en la figura de su máximo líder político. Un régimen autárquico casi vedado al acceso de los extranjeros, donde los occidentales deben depositar el móvil en el aeropuerto y donde internet está prohibido; un país hermético a cualquier noticia, influencia o veleidad occidental. Cualquier valoración de la realidad norcoreana no puede olvidar estos parámetros.

En segundo término, su situación económica y social tampoco pueden ser obviadas. Las autoridades reconocen las enormes dificultades económicas del país, en el pasado y el presente. El salario medio mensual se sitúa en los 40 euros aunque el Estado asume a su cargo otras prestaciones. A finales del siglo XX esa crisis fue especialmente cruenta, en el llamado periodo de la “ardua marcha”: una cifra realista situaría en un millón los ciudadanos muertos por hambruna. Las razones de ese colapso – superado sólo en parte-son diversas, pero destacaría una cadena de desastres naturales, el hundimiento del bloque de países comunistas y un sistema económico ineficiente. La ayuda humanitaria de comida por parte de la ONU es elevadísima y China facilita el 75% del suministro energético. Ello ha configurado una sociedad de vida muy modesta y de ciudadanos espartanos que contrasta con Corea del Sur.

Un tercer elemento – imprescindible para la comprensión de su política-es el referido al liderazgo del país y su posible sucesión. En 61 años de historia, sólo ha habido dos máximos dirigentes: el fundador, Kim Il Sung (fallecido en 1994), y su hijo, Kim Jong Il. En reciente estancia en el país no vislumbré muestras de inestabilidad y cabe remarcar un factor añadido que no debe desconocerse: a mi juicio, el sistema se sustenta más que en la ideología Juche en la figura de su dirigente Kim Jong Il y, especialmente, en el fallecido Kim Il Sung, omnipresente en la vida oficial y cotidiana. Datos anecdóticos pueden ser relevantes: todos los ciudadanos llevan un pin en la solapa – a la altura del corazón-con la foto de alguno de los dirigentes; se rigen por el calendario Juche (actualmente se está en el año 98, computado a partir del año de nacimiento de Kim Il Sung) y constitucionalmente este último ostenta la presidencia eterna del país. Hay otros datos relevantes: aunque la situación de los derechos humanos desde nuestra perspectiva occidental es muy grave, ninguna opinión interna crítica o disidente se refleja en Occidente y tampoco parece que sea significativa en el exilio. De ahí la importancia de aclarar si Kim Jong Un, de 25 años, políglota y educado en Suiza e hijo de Kim Jong Il, es realmente o no el sucesor in pectore que garantice la continuidad. Imposible de determinar qué rumbo puede dar al país.

¿Y el futuro? Creo que el órdago atómico de la RPDC debe leerse en clave estrictamente interna, como refuerzo del régimen ante una posible sucesión. Es difícil creer que Corea del Norte pretenda atacar el Sur, que dispone de 670.000 soldados y tropas estadounidenses en su territorio. El hundimiento del régimen no conviene ni a Corea del Sur – que debería absorber a 23 millones de nuevos ciudadanos-ni a China, único país con real capacidad de influencia. Podría vaticinarse que el futuro líder desempeñará un papel reformista, que debería iniciarse en el ámbito económico, a fin de evitar un hundimiento del régimen con resultados desastrosos para sus vecinos y, en especial, para Corea del Sur, que se vería sumida a una repentina unificación insensata pese a que formalmente las dos Coreas abogan por tal reunificación.

Xavier Boltaina, profesor de la facultad de Derecho. Universitat de Barcelona.