Enrique Zuleta Álvarez

Graduado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo (Mendoza, Argentina), cursó estudios de perfeccionamiento en la Universidad Central de Madrid. En la de Cuyo fue titular de «Historia de las Ideas Políticas y Sociales Americanas», que impartió en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Fue Rector de dicha institución entre 1981 y 1983 y desempeñó su cátedra hasta alcanzar la condición suprema de Emérito, sin perder nunca el principio intelectual de amistad profunda con profesores de la Universidad Complutense de Madrid, donde fue alumno de Dámaso Alonso, entre otros filósofos, poetas e historiadores. Bibliotecario entusiasta, asesor del Ministerio de Educación durante el gobierno de Arturo Frondizi y miembro de número de la Academia Nacional de la Historia.

Importante especialista en historia, literatura y pensamiento de América, escribió numerosos estudios sobre los grandes intelectuales como Andrés Bello, Alfonso Reyes, Leopoldo Lugones, Rubén Darío, y muy profundamente vinculado con la ingente figura intelectual de Pedro Henríquez Ureña, que ensalzó en la genial investigación de su obra, «Pedro Henríquez Ureña (1884-1946). Vida de un hispanoamericano universal» (Buenos Aires, 1997). Dominicano por nacimiento, Henríquez Ureña estuvo muy unido a la Argentina, La Plata y Buenos Aires principalmente, consagrado al estudio de las relaciones de la literatura con la sociedad, el carácter de los pueblos hispanoamericanos y la vigencia entitativa de los lazos, desde la unidad de la lengua a la unidad de la cultura.

Destaco de Enrique Zuleta un pequeño pero decisivo libro, publicado en Buenos Aires en 1999 y titulado «Literatura y sociedad. Estudios sobre Pedro Henríquez Ureña», en el cual, el gran intelectual, humanista y maestro dominicano adquiere una dimensión universal que ha marcado, en profunda medida, las inquietudes intelectuales del Catedrático de Mendoza, que ha sido quien con mayor profundidad en ámbitos universitarios de España, Francia, Reino Unido, Alemania, y desde luego Hispanoamérica y Estados Unidos, ha llevado al más inteligente conocimiento la figura de Henríquez Ureña. Igualmente, la memorable edición crítica llevada a cabo por el profesor Zuleta, con el título de «Pedro Henríquez Ureña, Memorias, Diario» del distinguido dominicano, publicado en Buenos Aires en 1989 por la Academia Argentina de Letras (2a ed., México, FCE, 2000). Digno de todo encomio el enfoque integral que Zuleta dio a su investigación y que le permitió continuar como tema fundamental de pensamiento, alcanzando un máximo en el exhaustivo análisis del citado libro «Pedro Henríquez Ureña y su tiempo. Vida de un hispanoamericano universal».

La obra del catedrático Zuleta Álvarez de la Universidad de Cuyo, al pie de los gigantescos Andes, tiene un especial sentido por la idea que fundamenta en su libro «Literatura y sociedad. Estudios sobre Pedro Henríquez Ureña», donde reúne seis ensayos de síntesis intelectuales relativos a la base humanística del estilo, al valor intelectual histórico y literario y, en fin, a las grandes valoraciones eruditas de Henríquez Ureña sobre la tradición, la teoría del mestizaje y, de modo fundamental, el análisis que sitúan al autor en la historia de la crítica literaria y el puesto del intelectual dominicano. Pedro Henríquez Ureña se formó en los clásicos españoles y en la robusta corriente española e hispanoamericana del modernismo, como puede apreciarse en su tesis doctoral «La versificación irregular en la poesía castellana» (1920), con prólogo de don Ramón Menéndez Pidal. Continuó buceando en las corrientes estéticas y literarias de don Marcelino Menéndez y Pelayo, y con una penetración muy profunda y brillante de la literatura como testimonio social y, en el caso iberoamericano, todavía con mayor importancia, en la literatura como formulación de una mentalidad hispánica que señala, aunque semejante, es de distinta riqueza expresiva en ambas vertientes del océano Atlántico. De nuevo, vuelve a señalarse el valor inicial como modelo permanente en la literatura hispanoamericana del gran tesoro de literatura española que fue «La tragicomedia de Calixto y Melibea», de la que dijo Menéndez Pelayo: «Obra a mi entender divina si encubriese más lo humano». Hay que pensar que don Marcelino escribió este juicio en un momento de defensa del pensamiento de lo católico en la modernidad, su mayor valor consiste precisamente en lo humano antes que en lo divino, como caracterización de lo que se expresa intelectivamente en el mundo social de la gran obra literaria publicada en Burgos en 1499.

En 2015 murió este apasionado de la historia, testigo de los vaivenes políticos de su tiempo, hombre de cultura condecorado con la Cruz Oficial de la Orden de Isabel la Católica de España.

Mario Hernández Sánchez-Barba, Catedrático de Historia de América. Universidad Francisco de Vitoria

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