Ensayo de un encuadre histórico

Soy helenista en mi raíz, pero no sólo: los griegos me han empujado siempre a salirme de los griegos. A buscar para la vida política y para muchas otras cosas su encaje y sus precedentes históricos. En artículos de periódico, en libros. No he actuado en política. Sí en temas conexos, la enseñanza, por ejemplo, muchas veces, pero siempre buscando precedentes, raíces, contrastes. Y ahora ahí está Pedro Sánchez. Ya escribí cosas sobre él. ¿Qué significa en realidad?

Dos cosas principales. Primero, su novedad, no tan completa. Segunda: con él el socialismo pierde elecciones, en parte por su culpa, asusta. Muchos socialistas, incluso en los órganos del partido, reaccionan en contra, le dejan pocas posibilidades. Ya habrán leído. ¿Qué ven en él? Más que mostrar el camino, asusta.

Un líder peligroso: pide la unidad de la izquierda, o sea, que se convierta en su vasalla, aspira al mando sobre todos. No se sabe en qué consistiría: le echan y no se va. Da la impresión de buscar una cierta igualdad, más bien forzada, dentro de la izquierda, y una gran presión sobre la derecha. Algo un tanto ajeno a Europa, a su juego de partidos: la democracia, aunque tenga lagunas (no tantas), está en la conciencia europea.

Sánchez se limita a insultar a los demás: son corruptos todos o casi, Rajoy es el corrupto máximo. Pocos se lo creen, más bien le critican una cierta flojedad frente al motín catalán, desprestigio de España. Sánchez pide la unidad (más bien la sumisión) de la izquierda. Así empezó Stalin su carrera: de secretario de un partido pasó a

emperador de Rusia. Bueno, aquí no parece que haya para tanto. Y mirando hacia atrás, esa misma unidad que pedía ya nuestra República a la izquierda saben bien en qué acabó: esa unidad creó otra unidad y, entre las dos, la guerra. La gente recela de los predicadores de unidades.

En este mismo periódico escribí ya que Sánchez no llevaba detrás de sí, pegada, a la izquierda española, sólo a un cierto sector, lo que llevaba a un conflicto. Pienso, por ejemplo, en la enseñanza: durante decenios luché (desde la Sociedad Española de Estudios Clásicos) contra los políticos que querían quitar o reducir enseñanzas tradicionales como las lenguas clásicas o la visión tradicional de nuestra Historia: la guerra contra el moro, el descubrimiento y conquista y europeización de América, la visión de nuestro papel en la historia de Europa.

Éste es sólo un ejemplo. Queda mucha incertidumbre pendiente, la enseñanza está siempre amenazada por cualquier negativa, cualquier ocurrencia. Es un ejemplo mínimo, pero sobre él yo encontraba en varios Gobiernos gente con la que se podía hablar. ¿Cuál sería el futuro de estos temas dentro del gobierno y las ideas, que desconocemos, de este Secretario socialista (para poco, parece)? Por cierto, en algún momento, sobre la enseñanza encontré un cierto asentimiento en varios ministros, así al final en Rajoy y Wert. Otros no te dejaban ni hablar.

Mucho queda encubierto en la duda, pero el que un secretario se haga un gran tirano, como Stalin, es algo posible siempre, y le da a uno muchas dudas sobre qué pensar. En esto y muchas cosas más, dudamos ahora: ¿cuál es el verdadero propósito de Sánchez, si lo tiene, aparte del mandar? Y la enseñanza es importante, pero sólo un tema en el panorama nacional.

Pues bien, el propio Partido Socialista se remueve y más de la mitad de él rechaza a Sánchez, convierte en dimitido al hombre que, por propia decisión, no quiere dimitir. No quieren los del talante de Sánchez esas imposiciones, prefieren movimientos sólo controlados por una persona. Sus enemigos poseen, según ellos, una máquina de autopropaganda – y ellos son una máquina de insultar. El Rajoy de Sánchez (y de tantos otros) no es, simplemente, creíble. Es, como todas las derechas, un monstruo de película -y Rajoy y el PP son mucho más que una película (aunque momentos de película tampoco faltan en la política española y quizá en el juego político en general).

No somos capaces de imaginar cómo sería esa nueva e improbable España del nuevo e improbable socialismo -combatido por tantos socialistas y, sobre todo (se ha visto estos días en las elecciones), por tantos españoles- que incluso votan a los rivales de Sánchez, tremenda audacia.

En fin, espero que este «oleaje Sánchez», aunque él se resista, resulte pasajero. Y que siga, entre otros partidos, un socialismo que ha pasado ya por muchas experiencias: fracasos, éxitos y verdadera acción política en beneficio de España. Solos o junto a otras fuerzas, y al servicio del país, no de imaginarias fantasías ni de intentos revolucionarios ya se ve que fracasados (aunque haberlos, los ha habido).

Francisco Rodríguez Adrados, de la Real Academia Española.

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